Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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¿QUÉPODRÍA SER PEOR que quedarte encerrado con una persona en un espacio reducido?
Bueno de algo estoy seguro es que nada bueno sale de eso.
Y menos si Reiner Wolff es esa persona.
Contemplo a Reiner unos segundos, esperando que esto sea una alucinación mía y que justo ahora esté durmiendo en mi cama, teniendo una pesadilla.
Pero mientas más lo veo me doy cuenta que no estoy durmiendo en mi cama y que esto no es una alucinación.
Reiner está enfrente de mí, con los brazos cruzados y la mandíbula tensa.
—¿De qué se trata esto? —Fallo en mi voz haciéndome sonar temeroso.
Perfecto, sólo falta que suplique por mi vida.
Reiner deja soltar un resoplido aburrido dirigiéndose a un sillón cama que se encuentra cerca de una de las ventanas.
—No sé, dime tu. ¿Por dónde comenzamos?
Reiner se deja caer en el sillón, llevando una pierna arriba y la otra al ras del suelo. No estoy seguro si él tiene tantas ganas de conversar conmigo. Aun así su mirada sigue sobre mí y puedo ver un plan trazado en sus ojos salvajes.
—¿Esto se trata de otra amenaza tuya? Porque ya me están quedando claras. No es necesaria otra más. —Estoy cansado, esa es la verdad, pero no puedo rendirme, no cuando ellos siguen tratando de ponerme un cuchillo en la garganta.
—Está en tus manos recibir o no amenazas. —Reiner mantiene el semblante serio, incluso aburrido—. Tienes el poder, pero eres lo bastante idiota para no darte cuenta.
—Yo no he hecho nada, no los he provocado o mentido. Lo único que hago es sobrevivir.
Una risa burlona sale de los labios de Reiner, ahora parece entretenido por mis palabras.
—Lo único que has hecho es llegar a joder nuestra vida, eso es suficiente para nosotros.
No puedo evitar que el rostro me queme de rabia. Él lo sabe, él sabe por qué hago esto. Él me vio en los condominios. Él vio mi manera de vivir y estoy seguro que sabe mucho más que sus hermanos.
Su perro de pelea. Así lo llamó Sebastian.
—Sabes porque lo hago. —No tardo en responderle—. Tu padre me está dando una opción.
—Gerald te está dando limosna. —La voz de Reiner baja una octava—, y tú la tomaste, desesperado. No sabes en lo que te metiste.
—Si hubieras pasado por lo que pasé...
—¿Qué? —Me silencia bruscamente, incluso hago todo lo posible para no dar pasos hacia atrás—. Tu padre nunca te cuidó, y sabiendo que terminarían los dos muertos no hizo nada para impedirlo. Me suena esa historia.