17. Intermedio

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NECESITO UNA PAUSA. Necesito desacelerar todo y calmar mi pulso. Debería haber un botón para rebobinar, detener el tiempo. Esta es mi realidad y no se me permite nada de eso. Todo recae sobre mí: la realización de mis actos, de mis elecciones. Todo se concentra en este momento, en este encuentro, en la mirada férrea de un chico de ojos verdes dispuesto a atravesar el mar de hombres armados hasta los dientes.

Como una especie de atracción magnética, mi cuerpo no puede evitar moverse por sí solo, ignorando la escena mayor que se desarrolla: el encuentro de dos enemigos, el comienzo del fin o del principio. Karl Carmine y Lucien Wolff están frente a frente, y ¿qué hago yo? Descarto todo mientras mis piernas toman vida propia, alejándome del raciocinio. Me aparto de mi escondite y el farol de una de las camionetas es lo suficientemente potente y directo en nuestra posición como para que no tarden en advertirme. Sobresalgo entre todos, y creo que mi rostro es un retrato de aturdimiento.

Gracias a Dios, Spencer está ahí, el buen y recto hermano mayor; es rápido en atrapar el brazo de Reiner. Lo retiene contra su voluntad, algo bastante obvio para todos. Gerald llega a él al mismo tiempo, hablándole rápido y conciso a su hijo. Los ojos de Reiner se clavan en mí, y su ferocidad me sepulta aún más en el limbo.

―Nikolai ―Travis ya está a mi lado. Me aprieta el hombro con su mano.

Parpadeo. En mi mente recae de nuevo el peso de la realidad. Me obligo a volver a mí, a rectificar mi camino, pues si doy un paso en falso, desataré la ferocidad de Reiner y, antes de que lo entendamos, esto será un baño de sangre. Travis, al notar mi flaqueza, toma la oportunidad de regresarme con él. Esto no tranquiliza a Reiner, que se aferra al saco de su padre. Con las pocas fuerzas que me quedan, me obligo a apartar la mirada. Al instante, siento el nerviosismo de Adam a mi lado, y eso es suficiente para empezar a controlar mi respiración. Pronto, el sonido exterior vuelve a mí, liberando mis sentidos. Carmine y Lucien tienen la atención en Gerald y los chicos. Gerald actúa rápido y se apresura a posicionarse junto a su padre.

―¿Deberíamos aterrizar en lo que importa? ―gestiona Gerald con un tono parcialmente tranquilo y a la vez firme.

Carmine sonríe de oreja a oreja. Nos da un vistazo rápido a Travis y a mí.

―Por supuesto ―Carmine examina a Spencer y a Reiner, probablemente descifrando el porqué de la pequeña conmoción.

El tiempo se detiene por otro segundo cuando Gerald se gira hacia donde estoy. Espero encontrarme con su mirada, pero esta cae a mi lado. Ahora yo me pongo tenso porque Travis parece estar más duro que una roca cuando sus ojos se encuentran por primera vez con los de su padre. Si no estuviera a su lado, su apariencia pétrea me engañaría, pero ahora lo conozco lo suficiente para descubrir su artimaña. Se ha puesto una máscara firme y no permite que nada lo perturbe. Carmine lo descubre al mismo instante que yo, y así logra descifrar cómo se toma su tiempo para que todos los Wolff pongan su atención en Travis, analizando al chico perdido, que ahora está lejos de parecer un Wolff. Reiner es el único que no cae en ello; sus ojos siguen sobre mí. Lo sé porque puedo sentirlo, a pesar de que hago todo lo posible por mantenerme concentrado en otro punto de este escenario.

―Acompáñenme por aquí, por favor ―Carmine corta la tensión señalando con un brazo extendido el interior del gran almacén.

El abuelo Lucien, a diferencia de los demás Wolff, no parece afectado en lo más mínimo, y estoy seguro de que eso está empezando a irritar a Carmine. Sigue a Carmine con tranquilidad, mientras Gerald sigue a su padre, aunque titubea un poco antes de regresar con sus hijos. Observo cómo les dice algo a Spencer y a Reiner, lo cual hace que Spencer apriete los puños y contenga su enojo. Finalmente, asiente y deja que su padre se reúna con los demás dentro del almacén. La puerta se cierra detrás de ellos, y pronto, en el aire exterior, se instala la tensión.

La Manada de los WolffHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora