Noah no ha dejado de correr desde el día en que unos hombres asesinaron a su padre a sangre fría enfrente de él.
Desde ahí siempre supo que se las vería por sí solo.
Pero todos sus planes se complican cuando un día, un hombre llamado Gerald Wolff...
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AVANZAMOS LOS CUATRO al auto de Sebastian, después de poner al tanto a Gerald. Él nos obsequia una mirada, y a pesar de que en sus ojos se puede ver el conflicto interno que está teniendo, asiente levemente volviendo a los invitados con una ensayada sonrisa. Yo busco a K.T con la mirada, pero la pierdo cuando Spencer me palmea el hombro avisándome que ya era hora de partir. Antes de irnos, los demás Wolff nos contemplan, pero no tenemos que decir nada, ellos saben que es algo importante.
Al llegar al auto Sebastian se detiene por un instante, mirándome al mismo tiempo que abre y cierra la boca.
―¿Debería despedirme...?
―Andando Shaw ―Reiner lo calla, contestando así su pregunta.
―Está bien ―le termino por responder. Probablemente a K.T le importe poco que su prometido se vaya en medio de su fiesta de compromiso.
Sin más que decir nos montamos los cuatro en el BMW de Sebastian. Tomo el asiento del acompañante mientras Shaw nos lleva hacia la pandilla de Maverick.
Sé que no debería preocuparme, sé que todo estará bien en la carrera. Confío en el buen equipo que somos Reiner y yo. Aun así, algo me inquieta y no puedo dejarlo pasar.
Alzo la vista sólo para encontrarme con la mirada de Reiner en el espejo retrovisor. Es penetrante, lo suficiente para hacerme tragar gordo. Pero es como si me estuviera tratando de decir dos cosas. Que aún recuerda lo que acabamos de hacer en mi habitación y que cree en nosotros esta noche. Que vamos a ganar.
Decido aguantarle la mirada unos segundos más, respondiéndole con mi silencio que confío en él.
El único problema es que no confío en Maverick, ni en sus amigos.
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CUANDO LLEGAMOS a la guarida de los matones, ellos y Maverick ya nos están esperando. Adentro de la casa hay mucho movimiento; unos cuantos chicos se pasean de lugar a lugar, como si estuvieran arreglando sus cosas. Maverick se encuentra ladrando ordenes, y sólo logra percatarse de nuestra presencia cuando Sebastian va directo hacia él, aclarando su garganta.