Eleanor
Tuve que alejarme de Caleb lo antes posible porque, de lo contrario, estoy segura de que terminaríamos haciendo el amor en esa aula. Voy caminando por los pasillos de la universidad.
—¡¡Eleanor!!
Escucho que me llaman, me detengo. Sé perfectamente quién es: Fátima. Han sido días desde que no he hablado con ella, no porque no haya querido, simplemente que ella no se me ha acercado. Sé que lo que dijo no fue con el afán de dañarme; debe sentirse avergonzada. ¿Quién es perfecto? ¿Quién no ha dañado a alguien sin quererlo? A veces, lastimamos a otras personas sin ser conscientes de ello. Yo he sido así y me arrepiento, me arrepiento de todas esas veces en las que he juzgado a otros en el silencio de mi cabeza, me arrepiento de haber creído cosas sin fundamentos de otros por bocas ajenas, me arrepiento especialmente de esas veces en las que me reí pensando que era gracioso, cuando en realidad estaba lastimando a alguien. "La diversión acaba cuando empieza a ser el tormento de otro". Bromear es algo con lo que se tiene que tener cuidado; nunca se sabe si esa pequeña broma que causa la diversión del momento provocará que enmarque la vida de esa persona de quien nos reímos. No sabemos si causaremos una inseguridad.
Yo no siempre he sido una buena amiga, he fallado como tal cientos de veces. En mis tontos desplantes por querer estar sola, no me di cuenta de que Fátima también pasaba por un dolor. Necesitaba a una amiga, pero dejé que creyera que estaba enojada con ella. No solo hablo del ahora, sino también del pasado, cuando ella pasó por una relación llena de violencia. No tuve responsabilidad afectiva. Sumida en mi propio mundo, porque no me sentía bien para hablar o convivir con otra persona que no fuera yo, esa barrera se confundió con un "No quiero ser tu amiga". Fui egoísta, solo pensando en mí y en lo que yo sentía. Nunca pensé en lo que la otra persona estaría sintiendo o pensando. Ahora no quiero ser más esa persona. Quiero ser alguien mejor cada día.
—Hola Fátima... ¿Cómo has estado? —le pregunto con una sonrisa en el rostro.
Las dos estamos de pie en medio del pasillo, alrededor está vacío.
—La verdad no muy bien —se encoge de hombros—. ¿Podemos ir a otro lugar a hablar?
—Claro.
Nos dirigimos al jardín con aquella fuente de agua. Nos sentamos en una banca al frente.
—Lamento lo que sucedió el otro día —me dice Fátima algo apagada.
—Lo sé... Descuida.
—Lo siento yo no quería dañarte.
—Descuida... Lo sé —le repito.
Ella suelta un suspiro.
—Creo que también debo disculparme con Caleb.
Frunzo el ceño extrañada.
—¿Y por qué con él?
—Por siempre haber tenido una idea equivocada de él. Pensé que solo estaba jugando contigo.
—¿Es por eso que te caía mal? —bueno, la verdad Caleb tampoco le agrada mucho ella, ya que sentía o siente que de cierta forma se entromete en nuestra relación.
—Sí, pero eso cambió desde que escuché cómo te defendió. Realmente parece conocerte. Él definitivamente tiene razón, tú eres más valiente y capaz de lo que crees. Yo no debí dudar y hacerte creer lo contrario. Qué equivocada estaba, quería evitar que él te hiciera daño y al final fui yo.
—Gracias Fátima... Tú eres una buena amiga, ¿olvidemos esto, sí? —sonrío levemente.
Ella ríe y asiente.
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Mi Maestro Es Mi Vecino
RomansaEleanor se esfuerza en sus estudios, cursa su cuarto semestre en la universidad. Hace unas semanas ha llegado un nuevo maestro a impartir clases, quien le desconcierta, sus actitudes misteriosas han despertado su interés sobre él. Y por si fuera poc...
