Es una hermosa tarde.
En la cocina de casa, Eleanor y Fátima trabajan en un proyecto para la universidad.
—¿No crees que deberíamos agregar algunas diapositivas más? —preguntó Fátima.
Eleanor no respondió.
Estaba completamente perdida en sus pensamientos.
—¡Eleanor!
—¿Eh? Sí.
—¿Qué te pasa? Llevas toda la tarde en otro mundo.
—Lo siento. ¿Qué me decías?
—Olvídalo. Mejor dime qué te tiene tan distraída.
Eleanor soltó un suspiro.
—Ya sabes. No puedo sacarme de la cabeza lo del profesor.
—¿Todavía sigues con eso?
—Sí.
—Ha pasado una semana.
—Lo sé, pero sigo pensando en aquella bolsa.
Fátima apoyó la cabeza sobre una mano.
—Deberías escuchar a tu madre.
—No puedo. Algo me dice que dentro de esa bolsa había un cadáver.
—Y a mí algo me dice que ves demasiadas películas.
Eleanor abrió los ojos de golpe.
—Exacto.
—¿Exacto qué?
—No tengo pruebas.
—Porque no existen.
—O porque todavía no las encuentro.
Fátima palideció.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—Eleanor...
—Voy a conseguir pruebas.
—¿Cómo?
—Entrando a su casa.
—¿Estás loca?
Justo en ese momento Eleanor miró por la ventana.
El profesor salía de su vivienda.
Sus ojos brillaron.
—Mira. Mi oportunidad.
Fátima se volvió hacia la ventana.
—Ni se te ocurra.
—Voy a entrar.
—No.
—Sí.
—No.
—Sí.
—¡Eleanor!
Ella tomó a su amiga por los hombros.
—Escucha. Solo echaré un vistazo rápido. Tú vigila desde aquí. Si lo ves regresar, me llamas.
—Esto es una pésima idea.
—¿Cuentas conmigo?
—No.
—Perfecto. Sabía que podía confiar en ti.
—¡Eso no fue lo que dije!
Pero Eleanor ya había salido.
La puerta trasera estaba abierta.
Entró a la cocina y comenzó a revisar discretamente.
Abrió cajones.
Revisó armarios.
Observó el suelo.
Nada.
Todo estaba impecablemente limpio.
Subió las escaleras.
La habitación tampoco mostraba nada extraño.
Revisó el clóset.
Los cajones.
El baño.
Nada.
Absolutamente nada.
—Piensa, Eleanor. Piensa.
Se cruzó de brazos.
—Si fuera un psicópata, ¿dónde escondería sus secretos?
En ese momento vibró su teléfono.
Era Fátima.
—¿Sí?
—Regresa.
—Ya voy.
—No, en serio. Ya regresó.
El corazón de Eleanor se detuvo.
Escuchó la puerta principal abrirse.
Miró alrededor desesperadamente.
No tenía tiempo.
Lo único que se le ocurrió fue esconderse debajo de la cama.
Contuvo la respiración.
Los pasos se acercaron.
Entraron en la habitación.
Ella se quedó inmóvil.
Escuchó movimientos.
El profesor parecía prepararse para cambiarse de ropa después de la jornada.
Eleanor cerró los ojos con fuerza.
De pronto se sintió ridícula.
Había entrado ilegalmente en una casa ajena.
Y ahora estaba escondida debajo de una cama.
—Esto es una pésima idea —se dijo mentalmente.
Los minutos parecieron eternos.
Finalmente escuchó la puerta del baño cerrarse.
Aprovechó la oportunidad.
Salió de su escondite.
Bajó las escaleras tan silenciosamente como pudo.
Y escapó por la puerta trasera.
Solo cuando cruzó el jardín vecino volvió a respirar.
Fátima la esperaba en la cocina.
—¡Me tenías el alma en un hilo!
—Estoy bien.
—¿Encontraste algo?
—No.
—¿Nada?
—Nada.
—Entonces ya puedes olvidar esa teoría absurda.
Eleanor negó con la cabeza.
—No.
—¿Cómo que no?
—Todo estaba demasiado limpio.
—Porque la gente limpia sus casas.
—O porque alguien eliminó todas las pruebas.
Fátima la miró sin palabras.
—A ti cualquier cosa te parece sospechosa.
—Precisamente por eso descubriré la verdad.
—Yo creo que él debería tenerte miedo a ti.
—¿Por qué?
—Porque eres una acosadora.
—No soy una acosadora.
Fátima arqueó una ceja.
Eleanor cruzó los brazos.
Por dentro, sin embargo, recordó la escena de hacía unos minutos.
Y una parte de ella comenzó a cuestionarse si Fátima no tendría un poco de razón «Acosadora no pero tal vez pervertida si».
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Mi Maestro Es Mi Vecino
Storie d'amoreEleanor se esfuerza en sus estudios, cursa su cuarto semestre en la universidad. Hace unas semanas ha llegado un nuevo maestro a impartir clases, quien le desconcierta, sus actitudes misteriosas han despertado su interés sobre él. Y por si fuera poc...
