Eleanor
Aún sin abrir los ojos tocó el otro lado de la cama, está vacío. Abro los ojos y me reincorporo en la cama. Miro alrededor, no hay rastro de Caleb, no ha regresado. Vuelvo a mirar al lado de la cama y me percató que las sábanas tienen manchas de sangre. Descartó que sea mía, pues mi herida solo es un pequeño corte (Rasguño), lo más seguro es que se trate de la sangre de Caleb ¿Habrá resultado herido en el operativo? Ayer por la oscuridad no pude verlo con claridad.
Ayer dijo que hoy hablaremos con mas calma, eso espero.
Salgo de la cama y me preparo para ir a desayunar al comedor. La angustia por saber si está bien me invadió.
Camino hacia el comedor y de espaldas miro la silueta de Caleb, está sentado en la cabecera de la mesa. Desayunando tranquilamente, con un tenedor sostiene un trozo de carne y con su otra mano con un cuchillo corta de forma delicada el trozo. Que exquisitez de hombre. (Exhaló) ¡¡Dios!! Con el ceño fruncido se mira aún más apetecible, quiero que él sea mi desayuno.
Escucho que exhala por la nariz (claro signo de que sigue molesto). Por lo visto está bien, así que es mejor girarme e irme.
—Siéntate —manifiesta el hombre con voz firme y gruesa.
Antes de darme media vuelta pare en seco al escuchar el tono grave de su voz. Tomo lugar al lado de él. Comienzo a degustar el desayuno con la misma tranquilidad. Lo observo con discreción: los movimientos de sus maxilares al masticar, marcando su mandíbula y su ceño fruncido, no, no, no, es de otro mundo. Definitivamente es un...
—Angel...
Dirige su mirada a mí. No pude evitar pensar en voz alta.
—Aun no estoy listo para hablar Eleanor, es mejor mantener el silencio. —¿Por qué me sigue hablando de una forma tan dura?
—¿Hablaste con Edwin? —Pienso que es eso, lo más seguro es que él ya le dio los detalles de los por menores que tuve con Esteban.
—No, no lo hizo —afirma una voz por detrás de Caleb, y claro es la de Edwin, está de pie. Se mira tenso y nervioso.
—No hablaré con ese perro traicionero —termina por decir Caleb. Ni siquiera se giro para mirarlo, solo siguió degustando su desayuno.
—Caleb, se que estás molesto. Pero no puedes llamarlo de esa forma. Él no te traiciono.
—Eleanor... Te dije que no estaba listo para hablar todavía contigo. No quiero elevar mi tono de voz, no quiero lastimarte. Por favor no interfieras en esto. Es un asunto entre Edwin y yo solamente.
—Imposible... Yo soy la culpable, yo le insistí mucho. Ya sabes cómo soy de persistente. —Trato de defender a Edwin.
—Eleanor, Danilo tiene razón. Esto es algo que debe resolver solamente conmigo. —Menciona de forma amable Edwin.
—Lo siento por los dos, pero esto me incumbe. Yo decidí hacerlo. No lo culpes a él por mi decisión —reafirmo.
Caleb agarra con fuerza el tenedor.
—Sere breve. Edwin me falló al cuidarte. No debió flaquear, debió permanecer como el soldado que es. Tu seguridad no es cualquier cosa.
—Pero...
—Pero nada. Se que es lo que dirás. No me importa si lo hizo creyendo que me ayudaría en revelar una verdad. Antes que yo, estás tú. Primero está tu seguridad, al último lo que yo necesite o quiera saber. Y él lo sabía.
—Es porque te estima Caleb.
—Si me estimara de verdad no te hubiera arriesgado. No le encargue tu seguridad a un amigo, sino a un soldado. Él te cuido como mi amigo, puso por delante lo que yo necesitaba. Y no debió de ser así.
ESTÁS LEYENDO
Mi Maestro Es Mi Vecino
RomanceEleanor se esfuerza en sus estudios, cursa su cuarto semestre en la universidad. Hace unas semanas ha llegado un nuevo maestro a impartir clases, quien le desconcierta, sus actitudes misteriosas han despertado su interés sobre él. Y por si fuera poc...
