Después de meses, desperté en una cama de hospital. Por el fuerte golpe en la cabeza, había caído en coma. Richmond, que había sido un viejo amigo de mi padre, estaba a mi lado acompañándome. Sus ojos brillaron al verme despertar, pero yo tenía la mirada perdida. Para mí, parecía como si el accidente hubiera sucedido solo unos minutos atrás. Realmente, eso fue lo que pensé.
—¿Pudieron salvar a alguien? ¿Ya fue extinguido el fuego? —Aunque sentía la garganta rasposa, aún así quería hablar y saber, estaba desesperado.
—Por favor, no hables, hijo. Solo tú fuiste rescatado gracias a Edwin (su hijo, quien trabajaba como mi asistente personal). —Aunque ya sabía esto, por extraño que pareciera, aún guardaba la esperanza de lo contrario.
Mis ojos se cristalizaron, pero tan pronto como salieron las lágrimas las retuve, las guarde para mí mismo. Ahora tenía la mirada fría y el rostro sombrío, hundi ese dolor en mis entrañas, de mí no saldrían lágrimas, solo saldría furia y enojo, una sed de venganza.
—¿Cuántas horas he estado dormido? —Le pregunté a Richmond con voz seca.
Se tomó un momento para respirar.
—Danilo, no solo han sido horas, han sido meses... Nadie sabe que has sido salvado, todos te creen muerto. Edwin te rescató casi moribundo, unos segundos más y podrías haber sido consumido por el fuego. Él pudo manipular el sistema por un corto tiempo y entrar a rescatarte.
Suspiré.
De repente, recordé la llamada con Nathan y agrandé los ojos preocupado.
—Nathan, ¿dónde está Nathan? —Pregunté exaltado.
Richmond no decía nada, su silencio me perturbaba. No entendía por qué seguía en silencio.
—¿Dónde está? —Volvi a preguntar con una mirada de súplica.
Él cerró los ojos con fuerza y salió de la habitación. Unos momentos más tarde, regresó con el doctor. Le pidió que me revisara. Eso solo me frustró más. Estaban ignorando mis preguntas. Un tiempo después, llegó Edwin, quien se alegró de verme. Al verlo le pregunté lo mismo que a su padre, pero también se quedó en silencio.
—¡¡Díganme dónde está mi hermano, carajo!! —Grité enfurecido.
Los miré lleno de ira.
—Él desapareció en el mismo día del accidente. —Afirmo Richmond.
—¿Qué? —Pensé o quise creer que no había escuchado nada.
—Desaparecio en el día del accidente. —Repitió Edwin en un murmullo—. Nadie sabe nada de él.
Sentí un zumbido en el oído, por segundos perdí la noción del tiempo, traté de parpadear para entender lo que acababa de escuchar. Mil preguntas me hacía en la cabeza ¿Dónde carajos estaba mi hermano? ¿Estaría bien? ¿Quien lo tenía? La preocupación me empezó a invadir más que nada a carcormer la poca tranquilidad y cordura que quedaba de mí.
Pasé una semana más en aquel hospital, al salir me propuse investigar las causas del accidente del laboratorio. Lo que encontré en el peritaje hecho por parte de la policía me hizo arder en cólera, el dictamen decía que solo había sido una falla del sistema contra incendios, y que por una mala combinación de sustancias se produjo el incendio. Hice trizas ese estúpido documento que Edwin me entregó, sabía perfecto que manos poderosas estaban cubriendo el crimen. El sistema no falló por si solo alguien lo estropeó a propósito. Manipular el sistema no era sencillo, tuvo que ser una persona que lo conociera perfectamente para poder hackearlo y esa única persona era mi mano derecha, Benson. Estaba seguro de que ese perro me había traicionado, le vendió su alma al diablo solo por avaricia, él pudo lograr grandes cosas pero prefirió el camino fácil de la autodestrucción.
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Mi Maestro Es Mi Vecino
RomanceEleanor se esfuerza en sus estudios, cursa su cuarto semestre en la universidad. Hace unas semanas ha llegado un nuevo maestro a impartir clases, quien le desconcierta, sus actitudes misteriosas han despertado su interés sobre él. Y por si fuera poc...
