¿Un adiós, para siempre?

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Eleanor

Los rayos de la luz del sol se están esclareciendo, pronto caerá la oscura noche. Estoy en casa con mi madré, ella está a punto de irse.

—Hija, ya me voy.

Miro a mi madre con sombras debajo de sus ojos, en su rostro se ve el enorme cansancio.

—Mamá ya no quiero que trabajes tanto, yo puedo buscar algún trabajo de medio tiempo y aportar en los gastos que tenemos.

—No, no, ya sabes que me niego... Yo quiero que te concentres en tus estudios y disfrutes de tu juventud.

—Pero mamá, tengo miedo de que sigas con ese ritmo de vida y termine por acabar contigo.

—No digas burradas, falta mucho para que la huesuda venga por mí... Tienes madre para rato.

Mi madre siempre logra pulir una sonrisa en mi rostro. Lo de aquel día de la cachetada ha quedado en el pasado, es mucho más fuerte nuestro lazo de amor de madre e hija. Ciertamente necesitaba esa cachetada para que me reiniciará mis neuronas.

—Mamá por favor, aunque sea déjame ayudarte en el empleo de limpieza.

—Eres terca como tú madré... Hablaremos de eso otro día.

—Esta bien, te espero mañana.

Mi madre camina hacia la puerta pero antes de marcharse se gira a verme.

—Hija ¿Hoy no es la inauguración de la feria? ¿No irán tus amigos?

—Si eso creo, de hecho ellos me invitaron.

—Entonces sal, diviértete, no quiero que te quedes aquí sola y entristecida.

Creo que mamá ha notado mi deplorable estado de ánimo estos últimos días (claro está depresión tiene nombre, Caleb).

—Mamá yooo, me siento bien estando aquí.

—Pero yo no, es una orden sal y distrae a ese corazoncito, toma —mi madre mete su mano en el bolsillo de mi chaqueta—, no es mucho dinero, pero si es lo suficiente para que vayas, ¿Ok?

Mis ojos se humedecen, siento un nudo en la garganta y el estómago me pesa tanto.

—Mamá —se me quiebra la voz.

Me da tanto sentimiento su gesto. Un gesto de amor puro.

—Hasta mañana hija, te amo.

Termina por marcharse.

Salgo a la entrada para observarla. Cuando pierdo de vista su silueta a lo lejos al final de la calle, me siento en las escaleras y descanso mi cara en las rodillas.

Mis sentimientos están a flor de piel, sentimientos que no puedo definir, como yo digo "Sentimientos no encontrados", ahora además de ese amor reprimido que tengo por mi profesor, se le suma una especie de angustia por mi madre, un mal presentimiento que me invade, desde hace semanas he tenido la sensación que me oculta algo, su comportamiento no es normal, últimamente ha estado apagada, siempre ha sido una mujer fuerte de carácter, pero ahora parece muy débil sin esa chispa que la caracteriza, palida, esto me tiene preocupada. No sé si sea por sus trabajos o se deba a otra cosa, de lo que estoy segura es que ya no quiero que siga teniendo ese mismo ritmo de vida. Lo peor es que ella se niega a dejarme trabajar, alguna vez trabaje a escondidas de ella, cuando se enteró casi se le revienta la bilis del coraje, por eso me temo que si lo hago de nuevo, muera del coraje. Francamente no me deja opción, pero algo se me ocurrirá, no puedo seguir mirando como acaba con su salud.

—Eleanor. —Esa voz me hace levantar la vista.

—Profesor. —Digo esbozando una sonrisa, la emoción en mis ojos no se puede ocultar, tienen un brillo especial.

Él arquea una leve sonrisa, una sonrisa dulce y agradable, termina por sentarse a un lado mío.

—¿Todo bien? —Me pregunta con una voz suave.

—Si —me limito a contestar.

—Entiendo si no quieres contarme... Solo quiero que sepas, que estoy aquí para lo que necesites. —Tiene una mirada profunda, sus ojos brillan con la luz nocturna que emite la luna y las estrellas.

Ese tono gris azulado brillante que tiene en sus ojos, lo hace ver tan...

—Hermoso...

—¿Hermoso?

Demonios lo pensé en voz alta, un defecto grave en mí.

—Es hermoso la luz resplandeciente lunar. —Aplico sus enseñanzas, dando su mismo toque de doble sentido.

—Claro. —Rie, debió darse cuenta.

Bajo la cabeza al recordar de nuevo a mi madre, tengo muchas ganas de contárselo, él transmite esa paz y confianza que necesito para abrirme.

—Caleb... —Me mira atento, creo que es porque es la primera vez que lo llamo por su nombre—. Solamente estoy preocupada por mi madre, últimamente ha estado rara, no es ella, la siento apagada, desmotivada... No sé si se deba a su duro trabajo o a otra cosa, lo que realmente me da miedo es que vaya a enfermar.

Se queda pensativo por un instante.

—No te preocupes por ello, tu madre estará bien. —Suena tan seguro.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque me aseguraré de ello...

Dirigimos nuestras miradas hacia el cielo estrellado, creo que este es momento para aclarar mis sentimientos con él.

—Profesor, yo ya lo he pensado mucho y no puedo ser su novia. —Digo apenada.

—Esta bien. —Él lo acepta así sin más.

Que lo diga tan tranquilo me afecta, no pensé que fuera a tomarlo tan pacíficamente.

—Solo dime el por qué. —Vuelve a hablarme.

No sé que contestarle, una parte de mí siente que al aceptar seria por alimentar la curiosidad de saber que oculta, lo cual me haría sentir como una basura de persona y la otra razón es...

—Tengo miedo de ser lastimada... Usted durante este tiempo ha logrado desestabilizarme por completo, mi mundo ya no parece normal desde que lo conozco... Me temo que de seguir tan cerca de usted termine por ser tan codependiente a su compañía... Me da miedo  lo que me hace sentir, mi corazón es muy frágil, fácil de romper... Esto que siento es más fuerte que yo, es por eso que no quiero ser su novia, sería como otorgarle el poder sobre mí... Por eso le pido por favor que respete lo que he decidido.

Bajo la cabeza para evitar que vea las lágrimas que quieren brotar de mis ojos, pero el calor de su mano tomando la mía, me hace verlo a la cara, y sin quererlo al conectar con su mirada mis lágrimas caen.

Él estrecha con más fuerza mi mano.

—Esta bien Eleanor, respetaré lo que has decidido... Entiendo lo que sientes porque alguna vez yo también lo sentí, no te obligaré a hacer algo de lo que no te sientas segura...

Se levanta, pero aún sosteniendo mi mano.

—Adios Eleanor. —Me da un beso en los nudillos de mi mano, se queda así algunos segundos. Sus labios tersos y su tacto hacen que se me erice la piel, este beso se siente tan reconfortante, pero a la vez duele tanto porque se que es el último.

Termina por marcharse.

Rompo en llanto.

Mi Maestro Es Mi VecinoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora