—Ademas las mujeres debemos cuidarnos unas a otras, no desgarrarnos... —Finaliza por decir Eleanor.
"No quiero una víctima más Marianne" Piensa Ele en su interior.
—¿Cuidarnos? —resopla con tristeza Marianne— no sé como se hace eso, lo único que se es como lastimar a los demás.
Eleanor se acerca a Marianne y pasa su brazo alrededor de ella.
—Nunca es tarde para empezar de nuevo...
—Yo solo quiero a mi papá, que él me cuide... Yo no quiero que el dinero sea su reemplazo. Ninguna ropa costosa me llena, me siento vacía. El único consuelo que encuentro es en esa droga. Pero ya no se como parar.
La voz de Marianne se quiebra y comienza a llorar. "Dios sin duda todos tenemos nuestras propias guerras internas, aunque nada justifica el que te desquites con otros. Sin embargo todos tenemos diferentes formas de procesar el dolor y de como enfrentar las cosas. Ele solo mira a una niña dañada. Una niña jugando a ser una perversa ¿Por qué busca que la odien?" Piensa Eleanor.
Sencillo, para Marianne es preferible que la odien al que la ignoren, para ella es la mejor forma de llamar la atención. Una atención que le ha sido negada por su propio padre.
La luz de un auto que se aproxima a ellas encandila la vista de las dos. "¿Quien es?" Se pregunta Ele. Se detiene aun lado de ellas. Él conductor baja del auto. Ele siente un nudo en el estómago. Ella se pone de pie y camina unos pasos adelante dejando atrás a Marianne y se encuentra con el rostro de Esteban. Él rostro de Ele se palidece. En cambio el rostro de Esteban la mira con una gran sonrisa que le eriza la piel a ella.
Están frente a frente.
—¿Que haces aquí? —pregunta Eleanor sería.
—¿Cómo que que? Es obvio, he venido por ustedes. Nuestro compañero me llamo. No pensé que estarías con Marianne.
—No sabía que tenías auto —"seguro es con el que secuestraba a las chicas", piensa Ele.
—No es mío, es prestado. Ya sube.
—No.
Marianne levanta la vista y al ver a Esteban se para de inmediato. Se alegra de verlo, está apunto de entrar al auto pero Ele la detiene de su brazo.
—¿Que haces? Vamos, es Esteban. —Le dice Marianne.
Esteban sonrie de una forma siniestra.
—Como te dije no pensé que estarías aquí, pero ya que lo estás, matare a dos pájaros de un tiro.
—¿Que? —se queda pasmada Marianne, se pregunta si escucho bien.
En el ambiente se siente un miedo palpable. Terror, pareciera que el sonido del viento fueran chillidos de lamentos. En frente de ellas están los ojos de un asesino, de un ser sin escrúpulos. Sin ningún tipo de empatía por el dolor ajeno. La verdadera cara de Esteban se ha expuesto, su cabello negro oscuro y la profundidad de sus ojos azules cristalizados y sobre todo esa sonrisa retorcida lo hacen lucir como un verdadero ser diabólico.
Esteban saca un arma y apunta a la frente de Marianne.
—¡¡Suban!! —grita con furia.
El cuerpo de Marianne se sacude ante el grito pero Ele ni se inmuta, ella solo sonríe.
—¿Que, ya te gustaron las armas desde que mataste a Fátima con una? —le dice Eleanor.
—No lo puedo negar, son muy útiles cuando trato como estúpidas como tú o como Fátima que se hacen las valientes. Así que cállate y sube o terminaré matandote al igual que a ella con una de estas.
Ele rechina los dientes de la rabia que siente al escuchar eso. Está apunto de subir atrás junto con Marianne.
—Ah, ah, no. Tu conduces. Y yo iré atrás con esta drogadicta. —Le ordena Esteban.
Los tres se adentran al auto, Ele conduce y Esteban va en los asientos traseros apuntándole con el arma a la cabeza de Marianne.
—Dime ¿Que dirás cuando te pregunten por nosotras? —le cuestiona Eleanor.
—Simplemente diré que no las encontré, todos pensaran que fue el asesino de California, pero ¿Quién sabrá que ese soy yo?
—Esteban ¿Por qué me haces esto? —le pregunta Marianne.
—Que bueno que lo preguntas, el idiota de tu padre me traicionó dejándome afuera del negocio. Algo que yo inicie.
—¿De que negocio hablas? —Le pregunta Marianne.
—Tu querido padre y yo somos los creadores de la droga que te encanta consumir. Si tan solo supiera que yo su devoto alumno y esclavo fue quien introdujo en el mundo de las drogas a su adorada hija quera morirse, será tan linda su reacción.
—Mi padre no pudo haber hecho eso. Él es un hombre intachable, él solo busca la cura de enfermedades. Ese es su principal objetivo.
—Tu padre es mucho peor que tú pero no peor que yo... Pagará las consecuencias de su traición con tu vida.
—No puedes matarme...
—Que más da si quieres o no, igual morirás. Ninguna persona que consume ese veneno ha sobrevivido. Uff he matado en masas con esa droga —su cara es de orgullo—. Tu no serás la excepción.
—Ya no lo escuches Marianne —Interrumpe Eleanor.
—Callate que tú seguirás después de ella. Jugaremos como cuando éramos niños. ¿Recuerdas cuando te encerraba en el sótano y te obligaba ver cómo extirpaba a esas ratas? Creo que volveremos a jugar a ese juego, solo que está vez no será una rata.
Eleanor lo mira por el retrovisor y por un momento se estremece de los nervios al recordar esas escenas, pero no deja que el miedo la domine.
—Claro, con gusto juego contigo. Solo que está vez la rata serás tú y yo seré quien extirpe... —Quiere jugar con mi mente, bien jugaré su juego, piensa Ele.
—Me das risa... Siempre tan imprudente, nunca has sabido cerrar la boca, pero no te preocupes, yo te ayudare arrancandote las cuerdas bocales, apagare esa vocesita.
Continuará...
ESTÁS LEYENDO
Mi Maestro Es Mi Vecino
RomanceEleanor se esfuerza en sus estudios, cursa su cuarto semestre en la universidad. Hace unas semanas ha llegado un nuevo maestro a impartir clases, quien le desconcierta, sus actitudes misteriosas han despertado su interés sobre él. Y por si fuera poc...
