Explicación

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Eleanor toca la puerta de la oficina de Caleb, no hay contestación. Revisa si la puerta no tiene seguro, lo cual no es así. Decide pasar, y allí está él sentado de espaldas detrás de su escritorio.

—Caleb —le habla con voz tenue Eleanor.

Él se gira brevemente y respira hondo.

—No quiero hablar ahora Eleanor —su voz no es fría y tampoco suave, es sin emoción. Más bien es cansada.

—Caleb, por favor déjame explicarte. Todo tiene una explicación.

—No quiero escucharte. Solo te digo que no quiero que vuelvas a acercarte a mi hermano.

—¿Tú realmente piensas que pasó algo con él? ¿Estás desconfiando de mí? —los ojos de Eleanor se quiebran.

—No pongas palabras en mi boca que no han salido de ella.

—Y tú no hagas que me haga ideas en la cabeza. Ya deja de evadirme y escucha lo que te tengo que decir. Ya es suficiente. Si hice eso fue para...

—Investigar... —termina por decir Caleb.

—Siiii.

—¡¡Carajo!! Te dije que dejaras de entrometerte. ¿Maldita sea que estabas investigando para que te fueras a meter a la oficina de Abner?

El aura de Eleanor pareció dar un paso hacia atrás con ese temple. Por poco el alma se le va del cuerpo.

—No puedo decírtelo si no dejas que te explique lo que averigüe con Esteban.

Eleanor se estaba empezando a sentir hecha polvo. El aura imponente de él la hacía sentir diminuta, hace tiempo no miraba a Caleb en ese grado. Ya recuerda el porque le parecía un Psicópata.

—Me importa un carajo Eleanor, no quiero que te entrometas más. —Le habla ahora con una voz más tenue al darse cuenta que se estaba excediendo.

Eleanor aprieta los dientes de la impotencia, no deja que se explique, es exasperante, mejor se queda en silencio.

—¿Ya no dirás nada? —pregunta Caleb— ¿Por qué estás así?

Eleanor pasa saliva.

—¿Que te ocurre? —pregunta Caleb desconcertado— puedes decírmelo.

Ella se cruza de brazos. "Ahora sí quiere que hable, ¿quién lo entiende?", pensó Eleanor. Y Caleb por su parte pensó: "En qué momento se intercambiaron los papeles, quien debe estar molesto soy yo".

Eleanor levanta el mentón y se llena de seguridad, le habla con voz dura.

—¿Por qué te niegas a escucharme? ¿Es porque tienes el presentimiento de que lo que te tengo que decir es sobre Karen? Dime, ¿te niegas por qué aún la quieres? —el corazón de Ele bombea con fuerza.

—¿Que? —pregunta aún más desconcertado Caleb.

—Lo que escuchaste.

Él arquea una media sonrisa.

—¿Estás celosa? —Eleanor rueda los ojos al escuchar la pregunta de él, en lugar de una respuesta ¿La está evadiendo?— quien debería estar celoso debería ser yo.

—Ya te dije que lo hice para investigar.

Los dos vuelven a ponerse tensos.

—Puedo entenderlo pero lo cierto es que sabes que soy un celoso y posesivo, nada quita que esté celoso. Me conoces bien, aunque trate de ser racional la verdad es que no puedo evitar reaccionar así.

Eleanor respira hondo, sabe que de seguir por ese rumbo no llegarán a ningún lado.

Ya más tranquila se acerca a él a pasos lentos.

—¿Puedo sentarme? —le señala el lugar de su regazo, él no responde, Eleanor no espera y se sienta en sus muslos y lo rodea con sus brazos por el cuello.

El pecho de Caleb se pacífica al sentir su contacto.

—Demonios Ele, no puedo estar enojado contigo.

—No tienes razones. Al único que yo podría besar es a mi perverso favorito, el que me envenena con su lengua hasta la garganta, a quien amó.

Caleb cierra los ojos con un poco de dolor en su pecho, le duele pensar que podría perder a Eleanor.

—Danilo, puedes intentar perdonarme... —Ella pocas veces le llama por su nombre real, cuando lo hace es porque habla con mucha seriedad, sus ojos están cristalizados, le habla con el corazón en la mano.

Él abre los ojos de golpe y la mira de esa forma...

—Eleanor, por favor no me pidas perdón. No lo tolero —"Yo solo te puedo pedir perdón a ti", dijo en sus adentros—. No has hecho nada malo, confío en ti. Pero solo por favor ya no te acerques a Abner.

—Está bien, ya no me acercaré a él, pero no únicamente te pido perdón por eso, sino también por ir a California y arriesgarme.

—Eleanor está bien —hizo una pausa breve—. Durante estos días he reflexionado sobre ese asunto y he pensado que he sido muy injusto contigo. Me he cerrado y tampoco he sabido como expresarme, eso es porque aún para mí sigue siendo difícil abrirme... La realidad es que no soy inmune al dolor, al miedo. Me da pánico pensar que podría perder a la persona que más amo, no soy tan fuerte como aparento —baja la cabeza abatido y ella se la levanta de nuevo.

—Eyy, está bien, no tienes que ser fuerte todo el tiempo... Cuando te sientas así recuerda que me tienes a mí ¿Ok? Y no te preocupes tanto por mí, se cuidarme. Tuve al mejor maestro —le guiña un ojo.

Caleb la rodea con sus brazos y la estrecha con fuerza, encaja su cara en el cuello de ella para respirar su aroma.

—¿Caleb en serio me perdonas? Tú, no sueles perdonar a nadie... ¿Por qué a mí sí?

—Tú antes me has perdonado cosas que yo mismo no se las perdonaría a nadie, además me has entendido y tratado sin resentimientos. Por mi parte he actuado como basura estos días contigo, cuando debí entenderte como tú lo has hecho conmigo, perdoname amor...

—Vaya, si que hemos progresado como esposos, nada más que estás peleas no me gustan para nada...

—Las peleas ayudan a evolucionar, es mejor que aguardarse las cosas. No todo el tiempo tenemos que estar bien, es valido molestarse. Es valido que me odies a veces.

—Entonces tú también puedes odiarme a veces...

—No, yo no podría odiarte, te amo en todas tus facetas aunque me esfuerce en demostrar lo contrario.

—Mmm, eso no suena justo. No podré odiarte con libertad...

Él resopla con gracia.

—Está bien que te enojes porque cuando estés así, te daré más amor. —Él arquea una sonrisa lasciva.

—Sigue siendo injusto, en una relación siempre se debe dar 50, 50 de todo.

Él se pone serio, deja la ironía de lado.

—Mm está vez no coincido. Creo con certeza que no siempre se puede dar un 50, 50. Algunas veces nos tocará compensar el resto de energía que el otro no puede dar, por ejemplo cuando te sientas triste solo podrás dar un 20 de ti y yo sin duda daré un 80 de mí para completar el 100 de nosotros. Teniendonos el uno al otro siempre estaremos completos.

Eleanor lo mira con una sonrisa en el rostro.

—Dime como puedo ser tan maduro como tú eh, ¿acaso se deben a los años?

"¿Me está diciendo viejo?", pensó Caleb mirándola con ojos entrecerrados.

—La madurez no te la dan los años, tampoco las experiencias, más bien la madurez tiene que ver con la forma de como aprendas a reaccionar o enfrentar ante las situaciones que se te presentan. Aprendes como actuar después de cometer errores, desde ahí será tu elección si vuelves a cometerlos. Hay personas que vuelven a caer en el mismo hoyo sin haber aprendido de las experiencias pasadas, es así que definitivamente es tu inteligencia emocional y analítica quien te hace maduro. No los años.

Mi Maestro Es Mi VecinoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora