Scott y Leo se sentaron a la mesa con el resto, la mesa estaba llena de platos de comida.
- Servíos, comed cuanto queráis - dijo el Rey Dios con los brazos abiertos, invitando a sus huéspedes a iniciar la comida.
En cuanto acabó la frase, cogió uno de los platos y dijo:
- Son manjares de dioses, no comeréis nada igual.
Ante ese comentario, lo único que recibió fue una mirada de desaprobación por parte del grupo, después de eso, comenzaron a cenar. Durante la cena, nadie habló, hubo un silencio incómodo constante. Leo miraba, de vez en cuando, con odio al Rey Dios y este respondía a su mirada con una sonrisa. Después de cenar, el grupo se levantó y se fue a sus respectivas habitaciones. Antes de abandonar la sala, Zarut se acercó al Rey Dios y dijo con expresión muy seria:
- Tenemos que hablar.
El Rey Dios le miró y asintió.
- En una hora, en la sala del trono - dijo el Rey Dios.
Scott, mientras salía de la estancia con Leo y Laya, vio como los dos reyes mantenían aquella conversación tan corta. Más tarde, cuando Leo y Scott llegaron a la habitación, Leo se tiró en la cama y dijo:
- Perdóname, estoy cansado, me voy a ir ya a acostar.
Dicho eso, se giró hacia un lado de la cama y puso la mano debajo de la almohada. Scott se quedó unos segundos mirándole, sabía que estaba molesto y no se encontraba cómodo en aquél lugar, pero no sabía cómo animarle. Se sintió levemente frustrado por no poder hacer nada por su amigo.
- Voy a dar una vuelta, no puedo conciliar el sueño - dijo Scott agarrando el pomo de la puerta.
Leo miró, algo extrañado, como Scott salía de la habitación. Si su amigo apenas se conocía el lugar, no entendía por qué iba a darse una vuelta. Scott salió al pasillo y se encontró con Laya.
- ¿A dónde vas? - preguntó Laya.
- Voy a darme una vuelta, no puedo dormir - respondió Scott.
- Te acompaño, yo tampoco puedo dormir.
- Os acompaño - dijo una voz detrás de ellos. - Os habéis juntado los únicos que no os conocéis el lugar.
Los chicos se giraron un poco asustados y vieron a Zarut sonriendo.
- Nos has asustado, idiota - dijo Laya poniéndose la mano en el pecho.
- Avisa que estás aquí. No hagas el numerito de "aparezco detrás de las personas" - dijo Scott.
Zarut se echó a reír y dijo:
- Vamos a dar la vuelta ¿no?
Laya y Scott asintieron un poco molestos y los tres salieron del templo. Caminaban por las calles iluminadas por la luz de la luna. Scott miró al cielo y se quedó sin palabras, el cielo estaba iluminado por las estrellas, parecía un río que atravesaba el cielo. Zarut se colocó detrás de él, puso las manos en sus hombros y dijo:
- Es precioso, ¿verdad?
Scott asintió. Laya se acercó hasta ellos, Zarut quitó una mano del hombro de Scott y se la puso en el hombro a Laya. Los tres se quedaron mirando durante un buen rato, aquel maravilloso cielo estrellado. Antes de que se marcharan, Zarut bajo un poco la cabeza hasta colocarse entre las cabezas de los dos guardianes.
- Jóvenes Guardianes, estáis destinados a hacer grandes cosas, sed los guías de las estrellas que brillan en el cielo. Gritad, caeros, cometed errores, pero siempre levantaros, afrontad vuestros miedos y debilidades y corregid los errores. Siempre que os tengáis los unos a los otros, seréis las estrellas que guíen a la luz en la oscuridad - dijo Zarut en voz baja.
Sabía que los chicos no le habían prestado atención debido a que seguían maravillados con aquél cielo, pero no lo importó, simplemente sonrió y comenzó a caminar mientras decía.
- Chicos, ya es muy tarde, va siendo hora de volver.
Los dos jóvenes miraron cómo se iba alejando cada vez más y corrieron hasta él para alcanzarle. Cuando llegaron al templo, los tres se despidieron y se fueron a sus respectivas habitaciones, pero Scott no entró, se quedó en frente de su puerta esperando a que Laya se metiese en su habitación para ver qué hacía Zarut, porque vio que él tampoco había entrado a su habitación. Cuando Laya cerró su puerta, Zarut empezó a caminar por el pasillo en dirección a la sala del trono, Scott le siguió rápidamente.
- Nos está esperando - dijo Zarut en voz alta.
- Creo que te dije que me avisases cuando fueses a hablar con él - le reprochó Scott en cuanto le alcanzó.
- Estás viniendo, al final el resultado ha sido el mismo - dijo Zarut encogiéndose de hombros.
Scott hizo una mueca de odio y siguió caminando al lado de Zarut. Cuando llegaron a la sala del trono, el Rey Dios les estaba esperando sentado en el trono, acompañado por una persona.
- Rey de las Criaturas Místicas; Guardián - dijo el Rey Dios inclinando un poco la cabeza. - Creo que si solo vosotros dos habéis venido, significa que el tema del que quereis hablar no es sobre el ataque a los demonios que me habéis dicho esta tarde.
Zarut negó con la cabeza. Scott se había quedado mirando a la persona que se encontraba al lado del Rey Dios. La persona vestía con una túnica azul con capucha, que llegaba hasta el suelo, tapándole los pies. Llevaba la capucha puesta, era imposible observar su rostro. El joven se dió cuenta de que si querían hablar sobre asuntos del consejo, debían de cuidar sus palabras al haber una persona ajena a él. El Rey Dios miró a Scott y solo con ver la expresión de su rostro supo lo que estaba pensando.
- Qué descortés por mi parte. Guardián, este es el mensajero de los dioses, Yehiba, mi mano derecha. Es la persona que me acompaña cuando hay reuniones - dijo el Rey Dios.
En cuando acabó la frase, la persona encapuchada, nombrada como Yehiba, hizo una mini reverencia con la cabeza. Scott recordó la primera reunión a la que asistió y se dió cuenta de que lo que acababa de decir seguramente era cierto, puesto que todos los integrantes del consejo tenían a una persona detrás de sus asientos cuando los vio por primera vez.
- Es un placer conocerle, Guardián - dijo Yehiba.
La estancia se quedó en silencio durante unos segundos.
- Necesito que me deje ver la tabla de escritura que posee, Rey Dios - dijo Zarut.
- Veo que otro más ha descubierto algo interesante escrito en las tablas - dijo el Rey Dios.
- Entonces es cierto - dijo Zarut. - ¿Y qué es lo que pone en la tabla que tienes?
- Ven a verlo por tí mismo - dijo el Rey Dios mientras se levantaba del trono.
El Rey Dios, seguido por Yehiba, abandonó la sala. Scott y Zarut les siguieron guardando las distancias, pero sin perderles de vista. Ninguno de los cuatro se dio cuenta de que estaban siendo seguidos por una persona. Llegaron a un pasillo, al final de este había una puerta grande de color rojo. En cuanto el Rey Dios y Yehiba llegaron a la puerta, el Rey Dios se giró y dijo:
- Apresadles.
Acto seguido, un gran número de ángeles, equipado con lanzas, arcos y espadas, aparecieron de detrás de las columnas del pasillo y rodearon a Zarut y Scott.
- Qué significa esto - dijo Zarut enfadado.
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El Libro Encantado
FantasyEsta es la historia de Scott, un chaval con una vida normal... O eso creía él hasta que descubrió un libro que lo cambiaría todo. Se dará cuenta de su potencial y del secreto que hay detrás de el libro... O ¿tal vez no? Una gran guerra, la cual él d...
