3. Funeral

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Era por la tarde, las clases habían acabado, los dos amigos estaban sentados en un banco contemplando los coches aparcados que tenían en frente. Estaban callados, nadie decía nada, cada uno estaba en su mundo analizando detenidamente lo que había sucedido por mañana.
- No entiendo nada - dijo Jack rompiendo el silencio.
Scott, sin parar de mirar al frente dijo:
- Yo tampoco logro comprender que está pasando, no tiene ningún sentido. ¿Cómo es posible que Picara escribiese esas letras en la pizarra?
- No lo sé - respondio Jack. - Esto es muy raro: primero la página web, luego lo que te sucedió a ti con la vieja esa y ahora lo de la profe. Todo esto me hace preguntarme una cosa¿solo nos está sucediendo a nosotros o es algo que está sucediendo en todo el mundo? Hay algo raro, una incógnita que se nos escapa.
Scott fue a añadir que en cuanto Luxus acabó la leyenda, le miró, como si la leyenda solo fuese contada para él, pero decidio callarselo, le parecía una teoría demasiado egocéntrica.
Hubo un silencio, ninguno de los dos dijo nada más hasta que llego Mike, un compañero de clase con el que salían de vez en cuando.
- ¡Hey! - dijo Mike. - ¿Qué hacéis aquí tan callados?
- Nada importante Mike, estamos filosofando un rato - respondió Scott con un tono irónico.
Mike se echó a reír.
- He quedado ahora, con unos compañeros de clase para dar una vuelta, veniros - dijo Mike invitandoles.
Scott y Jack se miraron como esperando la aprobación del otro.
- Vale - respondieron a la vez.
Acto seguido, se levantaron del banco y se fueron con Mike.

Era ya de noche cuando decidieron irse cada uno a su casa. Scott, Jack y Mike se despidieron de los compañeros de clase y comenzaron a caminar juntos hasta un cruce dónde se separaban. Durante el trayecto Mike preguntó:
- ¿ De qué estabais hablando cuando os he encontrado?
Scott y Jack se miraron.
- ¿Te acuerdas de las letras que ha escrito Picara antes de que saliera de clase? - dijo Jack
- Oh sí, eran unas letras preciosas, no sé lo que ponía pero me sorprendió verlas porque no es fácil encontrar esa escritura - respondió Mike.
Scott le miró como si acabase de ver un fantasma.
- ¿Cómo sabes eso? - le dijo Scott a Mike.
- Pues verás, mi padre es una persona muy culta e importante, tiene toda la casa llena de libros raros y, sin embargo, interesantes. Me pasaba el rato leyendo sus libros cuando estaba solo en casa - respondió Mike.
En cuanto acabó la frase, llegaron al cruce donde sus caminos se separaban. Mike se despidió y antes de que pudiese darse media vuelta Scott le paró los pies.
- Eso no es lo que te estaba preguntando - le dijo Scott.
Mike le miró a los ojos y sonrió.
- Todo a su debido tiempo - dijo.
Acto seguido se dio media vuelta y se fue. Scott se quedó mirando como se alejaba su amigo, sin poder decir nada. Cuando le perdió de vista, se giró, se despidió de Jack y se fue por su calle correspondiente. Jack, que no había tomado la palabra en ningún momento, se quedó solo, estaba muy confuso por lo que acababa de suceder.
- Yo sigo sin entender nada - dijo mientras se rascaba la parte de atrás de la cabeza.
Acto seguido se fue por su calle con paso rápido.
Jack caminaba con la cabeza agachada absorto del mundo exterior, estaba sumido en sus pensamientos, de repente se chocó con un señor, levantó rapidamente la cabeza mientras pedía disculpas.
- Per... - empezó a decir.
No le dio tiempo a acabar la frase cuando se dio cuenta del panorama que se le presentaba. El señor se había parado frente a él, vestía completamente de negro, llevaba un sombrero de copa y estaba sujetando en sus manos un papel en el que había algo escrito. Jack se quedó inmóvil, mirando sus profundos ojos marrón caramelo, no podía apartar la mirada, parecía hipnotizado. Seguidamente el hombre bajó la mirada al papel, Jack le siguió la mirada y en cuanto miró el papel se quedó pálido al reconocer aquella escritura tan rara escrita en aquel papel. Se le quedó mirando, inmóvil, quería salir corriendo pero le parecía que tenía los pies pegados al suelo. De repente empezó a suceder algo extraño, las letras del papel empezaron a cambiar de forma y de lugar hasta que pudo leer la palabra con total normalidad, "AYUDA" ponía. Jack se quedó ojiplático al poder leer lo que ponía y sobre todo por el mensaje que transmitía. Acto seguido el hombre agarró del brazo a Jack y comenzó a caminar hacía el final de la calle, Jack empezó a forcejear desesperado para que le soltase pero fue inútil.
- ¡Socorro! - gritaba Jack desesperado.
Desgraciadamente no había nadie más en la calle que pudiera escuchar sus gritos.
En cuanto llegaron al final de la calle, el hombre dobló la esquina con Jack agarrado del brazo y desaparecieron en la oscuridad.

Sonó el despertador, acto seguido Scott lo apagó de un golpe y se incorporó de la cama. Por fin era sábado, aquella semana infernal estaba a punto de acabar, pero no era un sábado cualquiera, hoy era el funeral de su padre.
- Scott, desayuna y arreglate que tenemos que ir a la iglesia - dijo su madre desde la cocina.
Hoy hacía tres meses que su padre murió en un accidente de tráfico volviendo del trabajo, un hombre borracho que estaba conduciendo por el carril contrario, chocó de bruces contra su padre provocando la muerte instantanea de los dos.
Scott se levantó de la cama y comenzó a vestirse mientras le venían numerosos recuerdos de su padre: era un hombre alegre, cariñoso y servicial, hacían un montón de actividades juntos, con él a su lado nunca se aburría. Una lágrima empezó a asomarse por su ojo izquierdo, rápidamente se la secó, se terminó de vestir y se fue a desayunar. Cuando llegó a la cocina, su madre ya le tenía el desayuno preparado, se sentó y comenzó a desayunar.
- Hay que ser fuertes, se como te sientes, pero hay que seguir adelante - dijo su madre mientras le abrazaba.
Dicho esto se fue a su habitación a terminar de arreglarse mientras Scott terminaba de desayunar. Cuando acabaron los dos, cogieron sus cosas: el móvil, las llaves... y salieron de casa. Cuando llegaron a la iglesia toda su familia les estaba esperando, se saludaron, se dieron el pésame y entraron.
El resto de la mañana se dio bien, sin ninguna complicación, ni alboroto. Era por la tarde, toda la familia había comido en casa del abuelo. Los mayores estaban sentados en la mesa hablando de sus temas, sus primos se habían ido a jugar al jardín que tenía la casa y Scott estaba tirado en el sofá jugando con el móvil, no tenía ganas de moverse. Su abuelo se dio cuenta del panorama y le dijo a Scott:
- Scott, ¿puedes subir un momento al desván a buscar un par de copas que faltan?
Scott asintió con la cabeza, se levantó del sofá y se dirigió al desván. Una vez allí se dispuso a buscar las copas. Después de un rato sin obtener resultados de su búsqueda dijo:
- ¡Abuelo, no las encuen...!
No acabó la frase cuando se dio cuenta de que algo estaba brillando en un rincón del desván. Scott se empezó a acercar al lugar de donde salía el brillo, con paso lento y con miedo, el brillo era blanco e intenso, tenía la sensación de que aquello le llamaba y no le daba la opción a oponerse. Cuando llegó al rincón, apartó un par de cajas y descubrió que era lo que estaba brillando, ¿un libro? . Cuando empezó a analizarlo con detenimiento cayó al suelo pálido, en la portada del libro aparecía aquella escritura tan rara. Con el corazón en un puño y con las manos temblorosas cogió aquel extraño libro, tenía un tamaño un poco más grande de lo normal y pesaba un poco. Lo miró durante un par de minutos sin saber que hacer con él y finalmente lo abrió.

El Libro EncantadoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora