6. "Aprendiz de mago"

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Al llegar la tarde divisaron Volterra en el horizonte. Minato le dijo a Naruto, que era recomendable que Kurama se quedara escondido en el bosquecillo cercano a la ciudad y no saliera. Con pesar, lo hizo, y miró atrás mientras se alejaba de su compañero.

Entraron a la ciudad con el manto estrellado sobre sus cabezas y se dirigieron a una posada. El lugar era bastante simple; unas cuantas mesas, todas ocupadas por los mismos aldeanos del lugar, una barra y un candelabro grasiento y cubierto de hollín. Cenaron un trozo de carne de cerdo y cerveza negra, demasiado amarga para el gusto de Naruto, después Minato le pidió al encargado alojamiento. Subieron la ruidosa escalera de madera hasta el segundo piso, la habitación tenía dos catres y una mesa con una vela de cebo amarillo. Naruto se quitó el jubón, los zapatos y luego el pantalón. Aún a la luz escasa de la vela, podía ver los enormes moretones en sus muslos.

-Lo montaste, ¿verdad?- preguntó el mayor, observando las marcas.

-Sí, y no creo volverlo a hacer, fué una experiencia aterradora- confesó.

-No digas tonterías- rió Minato -¿Dónde se ha visto un jinete de dragón que no quiera subirse a uno? Tus piernas se dañaron porque no tienes montura. Como volaste sin sujeción, tuviste que apretarlas demasiado para sostenerte, ese es el porqué de esos moretones tan feos. Te debe doler mucho, la verdad no sé como pudiste recorrer todo el camino sin quejas.

-Tenía mi cabeza ocupada en otras cosas- dijo triste Naruto, acordándose de Sarutobi. Minato asintió solemne.

-Mañana, además de los caballos buscaremos cuero, te haré una silla para que puedas montar a Kurama.

-¿Cómo sabes tanto de los dragones? ¿Cómo aprendiste hacer una silla para montarlos? Y más importante; ¿Cómo cambiaste de aspecto?- Naruto lo señaló de pies a cabeza, pues el anciano cuentacuentos se había convertido en un hombre que no parecía tener más de cuarenta años. Minato se sentó en el catre y comenzó a quitarse las botas.

-Piensa un poco ¿Cómo crees que fué?- preguntó. Naruto pensó por un momento para luego contestar.

-¿Magia?- Minato asintió.

-Te enseñaré todo lo que sé antes de llegar a nuestro destino- se quitó la otra bota y las puso juntas a un lado del catre.

-¿Cuál es nuestro destino?- preguntó Naruto, tratando de no perder la cordura con tantos nuevos sucesos.

-Las montañas de Dôltaur, allí se encuentran Los Rebeldes.

⌘⌘⌘

Al fin, después de casi un mes de viaje, Sasuke divisó la gran cordillera de Las Vertebradas. Los picos nevados eran tan altos que su cima permanecía cubierta por las nubes. Ya estaba bien entrada la estación, y todo su alrededor se cubrió con una capa blanca y fría. Al atardecer de ese mismo día, de pie en lo alto de una colina, pudo divisar El Valle de las Hojas.

Sus delicadas facciones se contrageron en una mueca de desprecio al distinguir un campamento de soldados, apostado en las afueras del pueblo "¿Llegué demasiado tarde?" Pensó. Apenas se había detenido para descansar desde que partió de Galadh Mallen, incluso comía mientras caminaba o trotaba. Aún así, los soldados de Madara habían llegado antes que él, y por lo asentado del campamento, parecía que al menos llevaban ahí tres días. Lo que quería decir, que incluso en un punto tan lejano de la capital, como ese pueblo perdido en el extremo de Naudôr, Madara tenía informantes. Eso, o algún método para observar, una magia extraña.

Aún siendo un elfo, la única persona que conocía capaz de un hechizo como ese, era su hermana Hinata, la hechicera elegida por la Luna, Hen Ithil.

-Llevamos demasiado tiempo entre los árboles- murmuró -Ya ni siquiera sabemos contra qué nos enfrentamos.

Dando vueltas a esos pensamientos, el elfo permaneció escondido cerca del lugar hasta que la oscuridad cubrió la aldea. Sin hacer el menor ruido, se infiltró en el campamento. Tal vez habían capturado al jinete, si ese era el caso, tendría que liberarlo a como de lugar.

Con paso ligero se deslizó como una sombra entre las cabañas de lana gris, pero solo escuchaba a los soldados quejarse del frío.

-¿Por qué tenemos que permanecer en este fin del mundo?- espetó un guardia, sentado delante de una hoguera mientras se frotaba los brazos con las manos enguantadas.

-Todavía no ha aparecido el jinete- respondió otro, que tenía la cara cubierta por una espesa barba.

-Ya debe de estar bien lejos de aquí.

-¿Quién sabe? Es extraño que nadie sepa nada de él, ni torturándolos soltaron palabra- continuó el barbudo.

-Ni siquiera apareció cuando quemamos su cazucha ¿Por qué habría de aparecer ahora?

Sasuke escuchaba la conversación tratando de atar los cabos sueltos. Respiró tranquilo, al parecer el jinete había logrado huir ¿Pero hacia a dónde? De repente sintió una presencia poderosa e inconscientemente buscó la empuñadura de su espada. Un hombre de pelo rojo vestido con una capa negra, se acercó a los dos soldados, estos de inmediato se pusieron de pie.

-Lord Sasori...- dijo uno y el pelirrojo no hizo la más mínima expresión. Tal pareciera que su rostro no pudiese reflejar emociones.

Justo cuando abrió la boca para hablar, giró la cabeza rápidamente mirando a la oscuridad, hacia donde Sasuke se encontraba. El elfo apretó su espada y se preparó para luchar, pero el raro hombre, después de unos segundos, volvió a dirigir su atención a los guardias, si haberlo descubierto.

-Avísen a todos, partimos al amanecer- ordenó.

-¿Y el jinete?- osó preguntar uno.

-No está aquí, el rey a ordenado a otros su captura. Ya no nos concierne- se volteó para irse.

-¿Y a dónde nos dirigimos ahora, señor?- preguntaron a coro.

-A Dinant, Madara me ha enviado algo muy interesante- hizo una mueca que podía identificarse como un mal intento de sonrisa, y se internó entre las filas de tiendas.

Retrocediendo en sus pasos, Sasuke se alejó del campamento y fué rumbo a la cabaña que su hermana le había señalado. Sabía que estaba destruida, pero era su única oportunidad de encontrar una pista que le dijera hacia donde se fué el jinete. Caminó un rato y divisó los restos calcinados de la casa, cubiertos casi en su totalidad por la nieve. La Luna llena iluminaba el lugar dándole un aspecto lúgubre y sombrío.

-Así que provienes de un hogar tan humilde, amlugben (jinete de dragón). Tal vez no estés corrompido por la codicia de tu raza- dijo, observando cada detalle de la que antes fuera una granja.

Era en vano, después de tres días de nevada no quedaba ni la más mínima huella.
Cerca de la que sería la entrada de la cabaña, vió el cuerpo congelado de un anciano. "Debió irse muy deprisa, si ni siquiera pudo enterrar a su familia", concluyó.

Se sentó en la nieve con la mano en la barbilla pensando su siguiente paso "¿Qué camino pudo haber tomado?" "Por supuesto uno que no pasara por la aldea, ni cerca de ésta". Miró las montañas a su espalda; "Definitivamente por allí no, a no ser que quisiera morir congelado". Solo le quedaban dos opciones, al Sur y al Norte. No podía elegir el equivocado, un pequeño error de su parte y Madara se haría con el dragón.

Decidió recitar un hechizo riesgoso, pues como le había enseñado su hermano, invocar el espíritu de un elemento podía traer consigo más problemas que resultados, si sólo se equivocaba en una palabra. Se puso de pie y cerrando los ojos, buscó en su mente la frase exacta que diría y conectó con el flujo de magia en su interior.

-Trenar nin sûl i loss, bach bad amlug a ben (Brisa de invierno, muéstrame el camino que tomaron el dragón y su jinete)- pronunció y sintió un descenso de su energía, nada que no pudiese controlar.

Respondiendo a su llamado, la brisa invernal lo rodeó y llevando unos copos de nieve consigo, trazó espirales en el aire, para después adentrarse en el pequeño bosque detrás de la cabaña, con rumbo Norte, y hacia allí se dirigió.

PRESAGIO (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora