29. "El sabio doliente"

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Naruto observaba horrorizado como Kurama se quedaba poco a poco sin aire, dentro de la espiral de hojas. Si no hacía algo rápido, moriría en cuestión de pocos minutos. En un acto desesperado se lanzó, espada en mano, al cuerpo de la hechicera. El arma la atravesó como si cortase un arbusto y luego su cuerpo se regeneró. Ella estiró la mano y tomó el filo de la espada con fuerza.

Helch magol (Espada de hielo)— pronunció. La hoja comenzó a congelarse y con un gesto brusco, la mujer de cabello azúl, partió Gûr amlug en pequeños pedazos.

Naruto retrocedió unos pasos, viendo estupefacto la guarda y el mango de la espada de Minato. Sin arma, sin dragón y con sus hechizos inútiles, solo le quedaba rendirse y suplicar por la vida de sus compañeros. Miró con angustia a Kurama, luego cerró los ojos cuando las lágrimas se asomaron. Se sentía impotente y débil, hasta ahí llegaba su vida como jinete. Justo antes de aceptar la derrota, su mente quedó en total oscuridad. La imagen de un hombre de cabello blanco comenzó a volverse nítida, estaba sentado al borde de un risco y debajo de éste, un mar de color verde. Fumaba una pipa de madera, pero Naruto no pudo ver su rostro, solo una espalda fuerte y ancha.

¿Vas a rendirte?— preguntó con un acento peculiar.

He sido vencido— contestó el muchacho con franqueza y agonía.

¿Estás seguro?

Mi dragón está atrapado, mi espada rota en pedazos, mis hechizos no le hacen ningún daño ¿Qué otra cosa puedo hacer?— preguntó Naruto, con angustia reflejada en su voz.

No hay arma más poderosa que la mente, muchacho— el jinete caviló las palabras de aquel hombre.

¿Quién eres?

Me conocen como "El sabio doliente". Espero por tí, jinete de dragón.

¿Esperas? ¿Dónde?

Naruto volvió a la realidad. Los chillidos lastimeros de Kurama lo seguían angustiando. Sin embargo, esta vez respiró profundo para mantener la calma. Siguiendo el consejo del extraño, reunió la mayor parte de la energía que le quedaba y penetró en la mente de la hechicera.

Era un caos, multitud de voces hablaban a la vez. Siguió adentrándose, pero un enorme muro de protección lo separaba de su objetivo. Intentó sostenerse de cualquier falla, pero la muralla era tan lisa que no encontraba grietas. Justo en ese preciso momento y para su buena suerte, se escuchó una enorme explosión que llamó la atención de la mujer y por esa grieta entró la consciencia de Naruto.

Ella gritó al sentir el doloroso ataque, como si fuesen espinas clavadas en su cerebro. Trastabilló y el hechizo que sometía al dragón, se disipó.

Ayuda.

Una voz gentil y femenina llamó la atención del jinete, en lo más profundo de su consciencia, había alguien atrapado. Volvió a escuchar sus lamentos, intentó buscar de donde provenía, pero ella, liberada del hechizo con el que mantenía atrapado al dragón, enfocó todas su fuerzas en rechazar el ataque mental.

Naruto sintió que una multitud de entes lo empujaban al exterior. Sin esperar a ser vencido, deshizo el contacto. Corriendo se dirigió hasta Kurama y subió a su grupa.

El dragón despegó de inmediato, y el muchacho pudo ver el estado de la ciudad cuando la altura fué suficiente. Más de la mitad de las casas habían sido destruidas. Parte del torreón también, Kakashi seguía peleando en la entrada junto a varios soldados y en el centro de la plaza, había otro grupo enfrentándose a por lo menos cuarenta hombres bestia.

Naruto miró a su enemiga, las hojas se fueron juntando hasta formar dos alas enormes en su espalda. Ni en el aire estaba seguro. Tenía que acabar con ella cuanto antes, sus reservas de angol estaban en su límite. Un hechizo mal pensado y podría morir.

Tenemos que buscar alguna forma de detener su regeneración— aconsejó el dragón.

—Lo sé, pero el único hechizo que podría hacerlo usa demasiada energía. Me temo que a estas alturas no soy capaz de realizarlo— dijo Naruto, con rabia, y sin siquiera pensar en que nunca había hecho un hechizo de ese nivel.

Kurama ascendió cuando la hechicera despegó del suelo. A toda velocidad comenzó la persecución. Seguía todas las maniobras de vuelo del dragón, si Kurama giraba, ella hacía lo mismo. Lo peor era que por ser más pequeña y ágil, ya casi lo tenía a su alcance.

Piensa en algo, la tenemos encima— gruñó y descendió en picada para intentar perderla entre el humo que desprendían las casas en llamas —Si no tienes energía, pues usa la mía.

¿La tuya?— preguntó Naruto.

Kurama no le contestó. Rodeó el torreón y el muchacho pudo observar el techo del gran salón completamente desplomado. Una mujer de cabello rosa estaba de pie en medio de los escombros.

—¿Otra hechicera?— de repente temió por Sakura y Sasuke. El rugido de Kurama lo devolvió a la realidad, una multitud de hojas secas alcanzaron su ala derecha y el dragón resultó herido por los afilados proyectiles —¡¿Estás bien?!

Sí, pero no por mucho— gruñó. Naruto era capaz de percibir su dolor —¡Apresúrate!

—Bien, si me das tu energía, creo que puedo detenerla. Necesitamos acercarnos lo más que puedas al suelo, donde están los soldados— Kurama descendió y justo cuando daba una vuelta en U, Naruto divisó a Kakashi.

—¡Capitán!— gritó —¡Una espada!— el peliblanco, reaccionando de inmediato, le lanzó su arma de un solo filo y antes de que la hechicera lo alcanzara, el dragón volvió a ascender.

Casi al borde del cráter aminoró la velocidad y se volteó para quedar de frente a su perseguidora. Naruto se concentró y entró en la mente de Kurama, el dragón le dió acceso a su fuente de angol y buscando las palabras adecuadas, extendió la mano.

¡Youth níth lû dar! (¡Tu tiempo se detiene!)— la mujer paró en pleno vuelo, no se movía en lo más mínimo.

Naruto había detenido su tiempo. El descenso de energía fué tan grande, que tuvo que sacudir la cabeza para deshacerse del mareo. Si no fuese por Kurama hubiese muerto en el acto.

!No puedo retener por mucho un hechizo tan grande e infinito!— advirtió el dragón.

Como Sasuke le había explicado en sus entrenamientos, los hechizos así seguían exigiendo angol hasta que se les ponía fin. Cuando le ordenó al agua que saliera de la tierra en la ocasión que rescataron a Sakura, si no detenía el hechizo consumiría su energía, pues no se sabe la cantidad de agua que hay en el subsuelo.

Pasaba lo mismo con este, el tiempo es infinito, mientras más minutos corran más energía requeriría detener a la hechicera. Para empeorar las cosas, los entes que el jinete había percibido en su interior, estaban haciéndole frente al hechizo.

—¡Sube!— gritó y el dragón. Rodeando a la mujer, ascendió en espiral diez metros más. Naruto se paró en su grupa —Ya sabes que hacer— diciendo esto, se lanzó espada en mano y de un solo golpe de la afilada arma, la atravesó, dividiéndola en dos. Siguió cayendo al vacío hasta que Kurama apareció debajo y lo atrapó.

Con temor a que su táctica no hubiese funcionado, buscó con la vista a la hechicera y vió como las hojas que conformaban su cuerpo, caían como en otoño. Se deshizo casi por completo, solo quedó una una luz azúl rodeada por pequeñas luces blancas. Cuando estas ascendieron hasta perderse en la altura, la azulada desapareció por completo.

Desde abajo se escucharon los gritos de victoria, al parecer todos los pobladores y soldados habían presenciado la gran batalla. Los hombres bestia, desmoralizados, comenzaron a huir por los agujeros por los que habían salido.
Naruto, aún preocupado por Sasuke, voló hasta el torreón.

PRESAGIO (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora