Sacó su espada ensangrentada del vientre de su enemigo, y la energía que hasta el momento sentía, se dispersó en el aire, junto con otro par de luces que sabía eran de los eldunarí capturados.
—Perdónenme, hermanos dragones...— murmuró el rey de los edhel, después de acabar con la vida del hechicero Akatsuki.
Sintió a Shisui acercarse por su espalda y sin tiempo para ningún tipo de afecto, los dos se encaminaron hasta el frente de avanzada, con la intención de seguir peleando. Los Rebeldes y el ejército elfo habían ocupado gran parte de la capital, la unión de las tres razas estaba dando sus frutos. Los carneros luchando al lado de los elfos... Si se lo hubiesen dicho años antes, no lo creería. Pero estaba presenciando el inicio de la nueva era.
Llegando cerca del palacio, encontraron a Sakura junto a varios carneros, entre ellos el prometido de Hen Ithil. Ella también estaba luchando, curando a heridos y haciendo todo lo que estuviese en sus manos.
Un rugido tremebundo y luego el derrumbe en uno de los costados del castillo, llamó la atención del grupo. Todos, incluyendo sus enemigos, dejaron de pelear al presenciar el enorme dragón negro que emprendió vuelo sobre sus cabezas, como una sombra de muerte. Y así fué, no muy lejos de donde estaban, después de girar en el aire, la bestia arrojó una cascada de llamas rojas sobre la ciudad, sin dividir aliados de enemigos. Los gritos de dolor y el hedor a carne quemada llegaron hasta ellos, haciéndolos temer por sus vidas.
—Berio ven Ithil... (Que Ithil nos proteja...)— exclamó Shisui, a punto de dejar caer su espada.
⌘⌘⌘
Con la lanza en la mano, caminando lo más rápido que podía dado su estado, salió de la habitación hasta una ventana que le permitiera observar lo que pasaba en el exterior. Cuando vió la sombra negra sobre los edificios, su vista se dirigió hacia el dragón que sobrevolaba la ciudad. Soltaba llamaradas a diestra y siniestra, como si quisiera destruir el mundo.
—Naruto...— balbuceó con temor, pero por más que buscó, no logró ver al jinete. Lo más probable es que estuviera luchando con el tirano —Tan cerca— gruñó desesperado volteando a ver a Kushina, que sostenía el huevo de dragón entre sus manos.
Luego, miró la lanza... y lo entendió; el arma maldita era su única esperanza. Todo el futuro de Naudôr estaba en el filo de esa hoja puntiaguda. Por eso su hermana había soñado tanta veces con ella ¿Pero qué hacer? En su estado actual no podía atacar al dragón, lo mataría al instante. Se necesitaba alguien fuerte, y la persona más fuerte que conocía...
—Cabello rosa— murmuró.
—¿Qué dices...?— preguntó la mujer.
—Mi hermana soñó con la lanza, con cabello rosa y sangre de dragón...— explicó — Es Sakura... ¡Ayúdame a buscar una ventana que esté más cerca de la plaza!— pidió. Intentaría encontrarla desde allí. Bajar todas las escaleras y recorrer la ciudad, le llevaría precioso tiempo que no tenían.
Así, ambos recorrieron los corredores hasta llegar a un balcón amplio con vista a las casas y la calle principal. Sasuke buscó a la embajadora con desesperación, entre personas que luchaban, carneros y elfos. Pero gracias a la llamativa cabellera de la chica, dió con ella rápidamente.
—¡Sakuraaa...!— bramó. Ella logró escucharlo, con sus sentidos aumentados gracias a la energía que recorría su cuerpo. Giró y sonrió de alivio al verlo —¡El dragón!
—¡¿Qué...?!— gritó.
Sasuke apretó la lanza y resopló audiblemente, tomando valor. Entonces, ignorando cada punzada de dolor que amenazaba con quebrarlo, retrocedió par de pasos, tomó impulso y lanzó el arma con todas sus fuerzas y un grito desgarrado.
—¡¡Mata al dragón!!— bociferó de rodillas, con cada músculo de su cuerpo temblando.
⌘⌘⌘
—Naruto... ¡Naruto!— gritó Kurama para sacar a su jinete del estado de estupor en el que estaba.
Él dejó de mirarse las manos y observó al rey oscuro. Madara mantenía una siniestra sonrisa en los labios. Tal fácilmente lo había despojado de la magia, que el temor lo dejó completamente helado.
—¡Debemos luchar!— dijo su compañero.
—No recuerdo el idioma...— murmuró.
—¡¿Acaso eso fué todo lo que aprendiste?! ¡Reacciona! ¡Miles de vidas dependen de nosotros!
La reprimenda de su dragón, fué suficiente para hacerlo gruñir y apretar la empuñadura de Sul naûr.
—Oh... ¿Vas a atacar aún así?— preguntó el tirano con diversión.
Naruto no respondió, cerró los ojos por un segundo, reuniendo todo el coraje que fué capaz, y sus iris, ahora rojos debido a su unión con Kurama, se clavaron en los del rey.
—Saca tu espada— ordenó —Ni estando muerto voy a rendirme ante tí. Tus convicciones son erradas, estás completamente loco.
—Mira nada más...— se encogió de hombros —Lo que hace el amor. Solo porque te casaste con un elfo, piezas así— desenvainó su arma de filo oscuro y la sopesó —Si hubieses visto lo lindo que se veía el príncipe cuando gritaba...
Sus palabras fueron cortadas cuando Naruto atacó con rabia y fuerza, haciendo saltar chispas de los metales. Gruñía como una bestia con cada arremetida, lanzando estocadas, haciendo uso de todo lo que había aprendido durante sus lecciones. En su esgrima habían vestigios de la técnica de Minato, de Sasuke, de Jiraiya... Atacaba con poderío como un hombre bestia, con la agilidad de un elfo, con la previsión y la valentía de un humano. En su mente y su corazón, llevaba el apoyo de los suyos, los sueños y esperanza de la tierra... la carga de su destino.
Madara no tenía que hacer respecto a eso. La lucha egoísta lo había envenenado. Y cuando vió que el jinete estaba ganando terreno, pronunció un hechizo que lo lanzó con fuerza hacia una de las columnas, destrozándola.
—¡Maldito chiquillo!— gruñó, limpiando el sudor de su frente.
—Sin magia no puedo ganarle— pronunció en su mente. Kurama respondió lanzándose al ataque, pero fué totalmente inútil, Madara lo dejó inmóvil con solo una frase —¡Rayos...! ¡Si van a ayudar en algo, háganlo ahora!— exclamó a los eldunarí que llevaba consigo.
—Solo podemos darte energía, jinete. Sin el idioma antiguo, no puedes hacer nada— respondió el dragón del primero.
—Bien...— resopló Naruto, y después escupió sangre a un lado, para seguido limpiar su boca —Sin palabras del idioma antiguo...
Haber logrado desviar una flecha con angol, no se comparaba para nada a vencer a un hechicero poderoso. Nunca había realizado un hechizo sin el idioma de los elfos. Era demasiado peligroso, su mente podía devariar con cualquier cosa y fallar, desgastando su energía y dejándolo indefenso totalmente.
Suspiró y guardó su espada.
—Te rindes... Una sabía decisión— dijo el tirano, pero cuando vió a Naruto extender sus manos, retrocedió un paso —¿Qué haces? ¿Acaso eres estúpido? Te dejé sin medio para utilizar la magia.
Naruto, relajando su respiración, dejó fluir el enorme torrente de angol que le dieron los eldunarí, y el de Kurama también se unió a los demás. Nueve crisoles de energía que se entrelazaban y bullían en su interior. Su capa y cabello comenzaron a moverse con una brisa invisible, y su cuerpo entero brilló como el mismo Sol.
—Yo, Naruto, rey de Naudôr, te condeno a pagar por tus crímenes. Sufre el dolor de tus víctimas, que tu corazón se llene de todas las penas que has provocado a lo largo de las décadas. Que el peso de tus actos, sean cadenas de sufrimiento en tu conciencia.
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PRESAGIO (Terminada)
Hayran KurguEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
