38. "El mensajero"

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El resto del viaje fué igual de tranquilo. A los dos días siguientes, Sasuke aconsejó desviarse al Noreste para no sobrevolar las tierras cercanas a Barad Môr, y así lo hicieron. Con la frontera del desierto del lado derecho y una basta planicie verde en el izquierdo, siguieron su viaje.

Vieron Dinant desde las alturas, la anterior ciudad de los muñecos estaba hecha cenizas, completamente destruida. Cuatro jornadas después llegaron a la entrada de Bosque Verde, una muralla de árboles tan juntos que desde el cielo no se podía percibir ningún claro en la espesura.

—Aterriza, no podemos continuar volando, la muralla mágica lo impide— explicó Sasuke.

Ya en el suelo, los árboles parecían más aterradores aún, entre sus troncos solo se podía observar unos cuantos pasos más allá. Una niebla espesa cegaba a los curiosos. Avanzaron varios metros siguiendo al elfo, Kurama apenas cabía entre los troncos. Cuando Sasuke llegó a la muralla nebulosa, cerró los ojos y buscó en su interior su fuente de energía mágica.

Edra i annon nan ernil ned edhil (Abrir la puerta al príncipe de los elfos)— pronunció fuerte. La bruma se despejó justo para darles paso a los cuatro —Son dos días de marcha hasta la capital— le dijo a Naruto —No podemos volar con Kurama, porque la muralla mágica no nos permite subir más allá de las copas de los árboles hasta que nos estemos acercando.

El jinete asintió, mirando todo con ojos enormes. La admósfera lúgubre había quedado atrás, los árboles que veía alrededor gozaban de una salud envidiable. Caminaron por medio día más hasta que el Sol se puso. El techo de hojas sobre sus cabezas era causante de que la luz natural desapareciera deprisa. Justo antes de acampar encontraron una atalaya sobre un árbol, que Sasuke identificó como un puesto de guardia edhil. Treparon hasta el lugar, que estaba completamente vacío, con excepción de algunas puntas de flecha olvidadas en el suelo.

Esa noche Naruto no pudo pegar un ojo, a pesar de las advertencias del elfo sobre las dificultades del camino que les quedaba, la anticipación de que pronto comenzaría su aprendizaje no lo dejaba descansar. Se incorporó lentamente, para evitar que Sasuke se despertara. El elfo, que dormía a su lado, suspiró en sueños y él sonrió. Caminó hasta el borde de la atalaya y mirando el suelo cubierto de hojas secas cuatro metros más abajo, sintió un movimiento entre los arbustos que lo alertó. Pegó un pequeño golpe a la bota de Sasuke y este se despertó de inmediato.

—Hay algo allí ¿Algún animal, tal vez?

—No lo creo, habría alertado a Kurama con su olor— susurró Sasuke y sin decir más, bajó con agilidad de la atalaya —Gwedeir, im Sasuke ernil, tol ed! (Hermanos, soy Sasuke ernil ¡Salgan!)— dijo en voz alta. Un elfo de cabello negro y corto emergió de la oscuridad y saludó al príncipe, llevando su mano a la frente.

—Bienvenido de regreso, ernil— habló en el idioma antiguo y a partir de ese momento, todo lo que dijeron fué en dicho lenguaje.

Cuando Sasuke les hizo señas a Naruto y a Sakura para que bajasen, estos no le quitaron la vista de encima al extraño que parecía demasiado sonriente.

—Soy Sai farad (cazador)— es una enorme alegría conocer al nuevo jinete— lo saludó primero y Naruto correspondió con el gesto de mano que le había enseñado Sasuke.

—¿Qué haces tan lejos de la ciudad?— preguntó el príncipe.

—Llevo un mensaje de Itachi aran para el jefe de Los Rebeldes, y uno para usted— explicó —Ithil lo puso en mi camino, así que le entrego su misiva y cumplo con la mitad de lo que me fué encomendado.

Sin duda había una gran diferencia entre recitar hechizos al azahar y hablar por completo en el idioma antiguo. Naruto luchaba por mantener el ritmo de la conversión, la mitad de las palabras que pronunciaba el farad, no las entendía. El elfo sonriente le entregó un rollo pequeño de papel al príncipe, este lo abrió y comenzó a leer los extraños trazos dibujados con tinta negra.

Sasuke abrió los ojos sorprendido y sus dedos apretaron el papel, estrujándolo hasta casi romperlo. Buscó la mirada de Naruto y después de resoplar una risa sin gracia, le habló:

—Itachi aran... te ha ofrecido la mano de la princesa Hinata en matrimonio— hizo una mueca tratando de mantener su compostura.

—¡¿Qué?!— gritó Sakura, sin poder contenerse

El ruido despertó al dragón, que agotado, había caído como piedra detrás del árbol. Sai, al verlo, borró la sonrisa forzada de su rostro e hizo un saludo tan solemne, que incluso dobló su cintura.

—Nací después de la caída de los jinetes y pensé que nunca podría ver a un dragón con vida. Pero Ithil me ha recompensado con tu presencia, amlug (dragón), hijo del viento y el fuego— expresó, el dragón levantó la cabeza con orgullo y luego resopló en aceptación.

—¿Sasuke, estás bromeando?— preguntó el jinete, sin poder creer lo que había escuchado.

—No...— espetó —El aran te ha ofrecido la mano de mi hermana— volvió a repetir, como si él mismo aún no lo creyese.

—Sabes que no aceptaré— gruñó Naruto.

—Si no lo haces, sería una ofensa para mi pueblo...— Sasuke pasó de enojado a ofendido en un instante.

—¡No me puedes pedir algo así! ¡¿Estás loco?! Sabes lo que siento...

—¡Basta!— gruñó Sakura —No es el momento ni el lugar para esta discusión. Cuando lleguemos a la capital, aclararemos todo ya descansados y con la cabeza despejada.

Sasuke resopló y después de pasar la mano por su rostro, se forzó a retomar el temple.

—Agradezco tus servicios, farad. Que Ithil guíe tus pasos por el sendero correcto— el elfo sonriente lo saludó de nuevo y mirando al dragón por última vez, siguió su camino rumbo a Suna.

Por recomendación del príncipe no volvieron a dormir. Emprendieron la marcha hacia la capital en medio de la noche. No decía una palabra, la noticia del compromiso lo había conmocionado. Justo cuando había decidido buscar alguna manera para estar con Naruto, sucedía esto. Nunca pensó que Itachi entregaría a Hen Ithil en contra de su voluntad ¿Qué pensaría su pequeña hermana? ¿Cómo estaría? Y si había aceptado la petición del rey elfo, Sasuke no sabía si podría soportar verla casada con el hombre que él amaba.

El muchacho, por su parte no sabía que pensar. Sin dudas era un gran honor tener a una princesa como esposa, pero no la conocía, no estaba enamorado de ella, ni siquiera sabía como lucía, y lo más importante, jamás aceptaría el compromiso estando su corazón ya ocupado ¿Pero de qué manera negarse sin ofender al rey? La alianza de las razas era frágil, y él, como guardian, debía cuidar de ella.

Creo que fué un movimiento muy inteligente del aran— le dijo Kurama

¿A qué te refieres?— preguntó, conectando directamente con el pensamiento del dragón, para que nadie lo escuchara.

Puedo asegurar que Sasuke le dijo que le habías jurado lealtad a Los Rebeldes en la carta que le envió. El rey elfo encontró la mejor forma para que también te comprometas con su pueblo. Un matrimonio es la manera perfecta de hacerlo. Así mantienes tu neutralidad— explicó el dragón.

¡¿Es decir, que para mantenerme neutral, tengo que casarme con la princesa Hinata?!

No, pequeño, solo digo que es un medio bastante efectivo. Recuerda que tú eres el jinete, no te debes inclinar ante ningún soberano. Por muy noble que pueda parecer el aran, tú tienes la última palabra— le recordó.

En completo silencio caminaron todo el día. A su alrededor todo parecía igual, no había un sendero el cual seguir, y los frondosos árboles ni siquiera dejaban ver la posición del Sol. No comprendía como Sasuke sabía exactamente donde ir. Acamparon al anochecer tras una cena rápida y en la mañana, antes de que que amaneciera incluso, se pusieron en marcha.

PRESAGIO (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora