Dinant era una ciudad bulliciosa, muchas personas iban y venían de aquí para allá en sus labores. Todas las casas eran prácticamente iguales, las calles estaban limpias, muy limpias, según la opinión de Naruto. Los pequeños puestos de venta se encontraban llenos de fruta fresca. Compró una manzana cuando la falta de desayuno comenzó a escucharse en su estómago.
—¿Pero qué...?— hizo una mueca de disgusto y escupió el bocado.
La manzana, muy hermosa por fuera, tenía sabor a arena. Se sintió estafado, pero decidió dejarlo pasar para no hacer escándalo. Si lo descubrían por una fruta entonces el elfo lo volvería a mirar como si fuese un tonto. Odiaba cuando hacía eso. Siguió recorriendo calle por calle, en busca de algún lugar en el que pudieran guardar prisioneros. Nada, todas las casas eran de madera y parecían completamente normales. Entonces desvío su atención a la roja torre en el centro.
—Debe de ser ahí— murmuró, parecía algún tipo de cuartel o fortaleza.
Estaba rodeada por un muro de piedra y una reja de hierro era su entrada. Buscaba la forma de entrar cuando sucedió algo que lo dejó petrificado. Justo en la calle más cercana, un niño pequeño se cayó y su pierna quedó aplastada por la rueda de una carreta. No gritó ni lloró, nadie lo hizo en realidad. Los que estaban cerca del lugar se detuvieron a mirar en silencio, los demás siguieron en su rutina. Naruto corrió apresurado, el conductor ni siquiera se había bajado del carro.
—¡¿Pero qué hacen?! ¿Por qué nadie lo ayuda?— gritó.
Se paró justo al lado del pequeño y afirmando bien los pies en la tierra, levantó la rueda con un gruñido. Era realmente pesada, pero la alzó lo justo para que el niño sacara su pierna. La dejó caer con ruido sordo y mientras se frotaba los hombros observó impresionado la madera rota colgando de la rodilla del accidentado "¿Una prótesis?" Se preguntó. Habría jurado que ese niño tenía las dos piernas cuando lo vió atravesar la calle.
Su hilo de pensamiento quedó cortado al escuchar los aplausos y agradecimientos de los ciudadanos que habían visto todo. Estaba llamando demasiado la atención, pero no podía hacerse el de la vista gorda ante algo como eso.
—Ten, muchacho— dijo un hombre barbudo, ofreciéndole un jarra de lo que Naruto identificó como aguamiel.
—Gracias— tomó la dulce bebida. El calor del lugar hacía mella en su cuerpo. No estaba para nada acostumbrado.
—Fué impresionante lo que hiciste— continúo el hombre —Sin dudas eres un joven fuerte.
—Supongo— la vida en una granja no era para personas débiles, pero notaba que su fuerza había aumentado desde que conoció a Kurama, o quizás debido al entrenamiento con la espada. No estaba seguro, pero antes, levantar una carreta no habría sido una opción —¿Por qué nadie hizo nada?— preguntó.
—No eres de por aquí, ¿verdad?— evitó la pregunta y por primera vez, Naruto se percató de que el barbudo señor no estaba haciendo contacto visual con él. Lo miraba, pero era como si no lo estuviese viendo en realidad. Parpadeó confundido.
—Tengo que irme— dijo, devolviéndole la jarra.
Se alejó de él lo más rápido que pudo, entonces se fijó en los detalles de las personas del lugar. Todas tenían esa extraña y vacía mirada, siempre haciendo alguna cosa pero no interactuaban entre sí, y por más que buscó, no logró ver ningún anciano. Volvería con Sasuke y juntos pensarían en una solución para rescatar a la prisionera, pero debía salir de ese raro poblado de inmediato.
Veía la salida al final de la calle cuando sus sentidos comenzaron a fallar, sentía el cuerpo pesado y torpe. Miró la palma de su mano y le pareció que se alejaba junto con el suelo. Instante después, cayó sin poder moverse y las personas pasaron a su alrededor como si no estuviese allí.
⌘⌘⌘
Un resplandor blanco se filtró por sus párpados y despertó. Además de la ventana en la que se mostraba una increíble Luna llena, el lugar en el que se encontraba era totalmente oscuro.
Se sentó y miró el catre en el que estaba acostado hasta hacía un momento, una tabla dura cubierta por cuero viejo. El piso era de piedra rojiza y bastante limpio. Solo, en una esquina, había un balde de madera que Naruto imaginó fuera para sus necesidades. La puerta era de metal sólido con barrotes en la parte superior, y en la inferior, una ventanilla que hasta el momento estaba cerrada. Buscó su espada, pero no la encontró, se la habían quitado.
La cabeza le daba vueltas aún, intentó contactar con Kurama pero fué en vano. Entonces se acercó a la puerta y comenzó a buscar una palabra en el idioma antiguo para abrir la cerradura, nada vino a su mente. Era extraño, habría jurado que se sabía por lo menos dos que hicieran algo así. Intentó recordar algún otro hechizo, fué inútil, el idioma antiguo se escapa de su pensamiento.
—No lo entiendo— dijo, sosteniendo su cabeza. Entonces escuchó unos pasos y se asomó por los barrotes en la parte superior de la puerta.
Dos soldados arrastraban por los brazos a una mujer pelirroja que Naruto reconoció de inmediato. El cabello cubría su rostro, así que no vió como lucía. Su camisa estaba hecha jirónes y en la parte superior de la espalda, se dejaban ver marcas de latigazos ensangrentados. Su estómago se revolvió, por lo menos ya sabía donde se encontraba la chica, pero había sido capturado. Tenía que escapar y sacarla de allí, esas marcas eran claro signo de tortura.
Un rato después le entregaron un cuenco de sopa y pan, junto con un baso de agua. No era mala la comida, de hecho, era mejor que a la que se había acostumbrado en el viaje. Terminó todo y se acostó, mareado de nuevo. El mismo sueño que había tenido hacía par de días llenó su mente. Esa chica de cabello negro que no dejaba ver su rostro. Esta vez, leía un libro enorme, sentada en un jardín del cual no percibía detalles.
Los dedos delicados pasaban las páginas con lentitud, entonces, de una mesa lateral agarró una copa, pero en vez de tomarla, vació su contenido en el suelo. El vino cayó como un hilo rojo y el recipiente quedó vacío, después la soltó y el sonido del metal al chocar con la piedra lo despertó, para ver como otra bandeja era introducida por la ventanilla inferior de la puerta.
—¡¿Seré estúpido?!— gruñó. El sueño fué una advertencia, la bebida que le dió aquel señor barbudo estaba envenenada, al igual que la comida y el agua que le traían con tanta frecuencia. Embotaba sus sentidos y lo hacía olvidar los hechizos. Tomó la bandeja y vació su contenido en el balde de la esquina.
Así pasó el día, la comida era traía cada cuatro horas, él la desechaba sin falta, aguantando el hambre y la sed. Su mente comenzó a despejarse con el tiempo y lo primero que hizo fué contactar a Kurama. El dragón mostró su preocupación y lo informó de la ira del elfo. Naruto le contó lo ocurrido y también que había encontrado a la chica. Le dijo que intentaría escapar esa misma noche y le explicó los detalles del veneno que le fue dado, el cual era la razón por la que se encontraba todavía allí.
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PRESAGIO (Terminada)
FanfictionEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
