Todos se pusieron en marcha hasta el extremos del cráter por donde saldrían los atacantes. Una explosión sacudió el suelo bajo sus pies, luego otra. Las armas tintineaban pero no se oía ni un murmullo entre los soldados.
Naruto, espada en mano, esperaba impaciente junto a Kurama y el elfo, que ya tenía su arco cargado con dos flechas de punta de metal. Sakura estaba en el otro extremo del grupo, junto a Kakashi. Otra explosión más y la gran puerta de piedra con la que habían sellado el túnel de emergencia, se rompió en pedazos. Antes de que la última roca llegase al suelo, una manada de hombres bestia comenzó a entrar, empujándose unos a otros. En cuanto vieron a los soldados soltaron sus aullidos de guerra y se lanzaron al ataque sin ninguna organización.
El choque de metales era ensordecedor, la sangre salpicaba todo a su alrededor y el suelo de tierra comenzaba a transformarse en un barro rojizo. Naruto perdió la cuenta de cuantos enemigos había matado, solo sabía que seguían saliendo más del túnel y que la lucha estaba lejos de acabar. Con un hechizo de fuego se deshizo de tres bestias mientras se batía con un hombre enorme que lo atacaba con un hacha de guerra.
—No uses la magia mientras puedas usar la espada— gritó el elfo desde un extremo —Los hombres bestia no tienen angol, pero les sobra energía física. No es conveniente que te agotes con rapidez— Naruto asintió mientras cortaba un brazo musculoso.
Kurama despedazaba con sus dientes y garras, cuando la vía estaba libre de aliados, carbonizaba a los enemigos con un torrente de fuego dorado. En ese instante, una enorme explosión hizo que la torre principal de la fortaleza se desplomara. Le siguieron otras dos que estallaron justo en medio del pueblo. Los gritos de dolor y el olor a carne quemada viajaban por el aire hasta donde estaban.
—¡Tsunade!— sollozó Sakura, llamando la atención del elfo y de Naruto.
Se lanzó a la carrera con rumbo al torreón, haciendo caso omiso a las órdenes de Kakashi. Sasuke miró al jinete y su semblante de preocupación.
—¡Ve tras ella!— gritó.
—¡No, no puedo dejarte solo!
—¡Tengo a Kurama, estaré bien! ¡Corre!— gritó él, sin dejar de blandir su espada.
Sasuke le hechó un último vistazo y con un gruñido de reticencia, se lanzó a la carrera detrás de la pelirroja, que ya le llevaba una buena ventaja. Cuando los hombres bestia comenzaron a menguar, una brisa repentina salió por el agujero. Llevaba con ella multitud de hojas secas que se pegaron al rostro de los soldados más cercanos a la entrada y los asfixió.
Los demás retrocedieron unos pasos, asustados. La brisa cesó y una mujer de cabello largo y azúl oscuro, emergió de la oscuridad. Llevaba una capa negra y los pies descalzos. Sus ojos color miel estaban rodeados por una pintura oscura y desprolija.
—Ten cuidado, es demasiado poderosa— Kurama se puso a la espalda de Naruto —Siento una energía extraña emanar de su interior.
—Amlugben— habló ella, su voz baja y sedosa. Todos hicieron absoluto silencio para escuchar —He venido a buscarte, por orden de mi señor— extendió una mano en dirección al jinete —Ven con nosotros y conocerás la verdad. Tus ojos han sido cegados por engaños y blasfemias.
—¡No le creas!— gritó Kakashi, desesperado.
—¿Acaso no lo ves?— continuó la extraña y señaló a su alrededor —Son ellos quienes confabulan para atacar a nuestro soberano.
—Yo solo veo personas inocentes que mueren a mano de los hombres bestia, bajo el mando de un tirano— dijo el jinete entre dientes.
—Estás confundido— las hojas secas comenzaron a rodearla —Madara solo desea la paz de Naudôr, por eso expulsa y elimina a los infieles.
—¡¿Los jinetes y dragones eran infieles?! ¿Acaso mi padre o mi maestro? ¿La montaña de cadáveres calcinados en Aínsa o el pueblo que Sasori asesinó?— abrió sus brazos señalando a su alrededor —¿Crees que estas personas quieren vivir escondidas en una cueva? ¡Madara se apropió de Naudôr y abusa de su poder hiriendo a los inocentes!— la mujer sonrió de lado.
—Si no vienes por las buenas, será por las malas. Tengo órdenes de llevarte a Barad Môr, vivo o muerto.
—¡Qué así sea!— retó Naruto y empuñó su espada.
La hermosa y extraña hechicera comenzó a recitar palabras en el idioma antiguo con una rapidez increíble. El muchacho no lograba entender lo que decía, solo veía como las hojas secas la rodeaban y levantaban en el aire.
—Eres una equivocación, no debiste existir, pero pronto acabará tu lucha sin sentido. Él casi la ha encontrado, cuando lo haga, ya no habrá ser viviente que se le pueda comparar ¡Será un dios!
El miedo comenzó a crecer en el interior del jinete ¿A qué se refería la hechicera? Madara estaba buscando algo ¿Pero qué? Más poderoso de lo que ya era, Naruto no lo concebía. Kurama gruñó a su espalda sacándolo de sus cavilaciones. La mujer estaba a unos cinco metros del suelo cuando las hojas que manejaba fueron lanzadas al jinete. Dolía a horrores, le pegaban en la piel como latigazos. Cubrió su rostro con los antebrazos unidos y recitó un hechizo de escudo. Los proyectiles se detuvieron en el aire.
—¡Alagos gond! (¡Tormenta de piedras!)— gritó el muchacho y sintió un descenso súbito de energía.
Los pequeños guijarros y rocas a su alrededor quedaron suspendidos en el aire y luego, a gran velocidad, fueron disparados a la hechicera. Quedó sin palabras cuando vió como la piel de aquella mujer caía en pedazos, no habían rastros de sangre. Luego de que la tormenta de piedras cesó, las hojas secas volvieron a reconstruir su cuerpo.
—¡Kurama!— el dragón, respondiendo a su llamado, lanzando una llamarada poderosa que derretiría hasta la misma roca.
El cuerpo de la mujer se deshizo en cenizas, pero algo no marchaba bien. Justo donde antes se encontraba, quedó flotando una luz azúl que titilaba como un latido. De repente, Naruto vió como los cultivos del campamento eras destrozados y las hojas volvieron a crear a la horrible hechicera. Esta vez, su rostro estaba desfigurado.
—Eres demasiado ingenuo— dijo calmada. Levantó una mano y apuntó al dragón —¿Por qué insistes en luchar por algo que no lograrás nunca? ¿Crees que somos poderosos? Ni siquiera osamos comparanos al soberano. Aún así, luchar contigo es solo un juego de niños. Narn laf (prisión de hojas)— pronunció. Todos los restos de cultivos comenzaron a rodear a Kurama en una esfera apretada que giraba a toda velocidad. Naruto sintió por primera vez miedo proveniente de su compañero.
—¡Sûr Naur! (¡Viento de fuego!)— la espiral de fuego dorado rodeó a la hechicera, pero en cuanto se desvaneció todos sus daños fueron sanados nuevamente.
Comenzó a desesperarse, el dragón seguía atrapado en aquella tormenta. Intentó contactar con su mente pero solo sintió pánico y desesperación. Un chillido lo alertó más aún, su compañero no podía respirar dentro de aquel hechizo ¡¿Qué hacer?!
—Ríndete y ven conmigo, o tu dragón morirá— sentenció la hechicera
Otro chillido lastimero del dragón hizo que las lágrimas le brotaran. Podía sentir su dolor y le estaba resultando insoportable. No podía perderlo, no a él. Su compañero, la única familia que le quedaba.
—¡¡KURAMAAA!!
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PRESAGIO (Terminada)
Hayran KurguEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
