Hacía ya dos días que había despertado de la pesadilla de la guerra y su rapto. La habitación en la que se encontraba era redonda, con el techo en forma de cúpula, sin dudas perteneciente a una torre. Las paredes estaban teñidas en amarillo desgastado, y relieves de motivos naturales adornaban el techo y los contornos de dos ventanas redondas, que estaban cubiertas por un cristal verde y opaco. Una construcción de los elfos de antaño.
No sabía como lucía el suelo, pues estaba atado de espaldas encima de una mesa alta. Sus muñecas y tobillos encadenados, habían comenzado a arder por las rozaduras del metal. Solo lo bajaban para acompañarlo al baño dos veces al día.
Habían quitado su armadura de metal y su túnica, dejándolo solamente con sus calzas oscuras. Pero eso no sería todo, lo sabía, al tercer día recibió un visitante inesperado. Escuchó el sonido de sus pasos y el roce de una pesada capa en el suelo. Cuando abrió la puerta de su celda en la torre, la piel de Sasuke se erizó por completo; el angol de esa persona era oscuro y sangriento. No pudo evitar sentir algo de temor, pero lo disimuló lo mejor que pudo.
—Sasuke ernil...— pronunció con perfección. Su voz era grave y fluida, con una calidez engañosa —Que alegría que me honres con tu visita a mi humilde castillo.
—Madara...— siseó el elfo.
—Debo decir, que me sorprendió tu belleza. Ví tu imágen en cuanto saliste de las barreras mágicas de Bosque Verde, pero los pensamientos de los eldunarí, no te hacen justicia— ahora si estaba seguro, el tirano había encontrado el método de vigilar cada parte de Naudôr, gracias a los corazones de los dragones.
—Ahórrate tus halagos, monstruo.
—Oh, pero que poca educación para un príncipe— chasqueó la lengua y entonces se acercó, colocándose justo a un lado, para que él lo viese.
El rostro de aquel hombre era perfecto, sin una arruga ni marca. Unos ojos afilados y negros muy profundos y perspicaces, su nariz recta y unos labios perfectamente delineados. El cabello lo traía suelto sobre su espalda, tan oscuro como sus iris, y la ropa que llevaba puesta era toda de cuero, excepto por la peluda y oscura piel que adornaba sus hombros. En su cabeza descansaba una corona suntuosa, hecha de plata y llena de gemas rojas de gran tamaño.
—Parece que casarte con un campesino no le hizo bien a tus modales— él apretó los dientes, limitándose a una mirada pétrea. No lo dejaría jugar con sus emociones. Escuchó las pasos de alguien más en la habitación, pero no lograba ver a quien pertenecían. Solo sabía que eran menos pesados y ligeramente arrastrados —¿Sabes una cosa...?— continuó Madara —Debo confesar que ese muchacho me sorprendió. Naruto, ¿no? Nunca pensé que Minato hubiese tenido un hijo ¡Que enorme casualidad!— sonrió, con una dentadura perfecta —Pero es una suerte que haya muerto, nadie debe sufrir la perdida de un desendiente. Es un dolor terrible.
—No lo vencerás, Naruto será el rey de Naudôr— exclamó él, con una sonrisa torcida y sus ojos negros clavados en los del tirano.
—¿Acaso todavía piensas que tiene alguna oportunidad? Te creí más inteligente, príncipe elfo— se burló —Si ese chico no ha muerto, es porque para mí los días son muy aburridos y él me saca de la rutina, lo confieso ¿Por qué crees que te traje aquí? Tú y yo nos divertiremos,— rozó la piel de su cuello con uña larga y prolijamente limpia —y él lo sentirá todo ¿No te gusta el juego?
—¡Estás demente!— gritó con temor.
—Puede ser, pero al igual que en el sexo, en la locura también hay placer.
Luego Sasuke solo escuchó con impotencia el hechizo que uniría sus sentidos con los de Naruto, encadenando el sufrimiento de ambos. Supo que su lazo estaba completo cuando sintió el dolor del jinete, aún llorando su pérdida. Apretó los dientes y lloró sin poderlo evitar; la ola de desconsuelo que venía de parte de Naruto, era aplastante.
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PRESAGIO (Terminada)
Fiksi PenggemarEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
