Otra vez, como casi todas las noches, Sasuke ernil volvía a sus aposentos después de un largo día de entrenamiento. Los elfos, aunque escondidos en Bosque Verde hacía ya un tiempo, no dejaban sus costumbres de preparar a guerreros capacitados y ágiles con varias armas. Él, como príncipe del pueblo edhil, tenía que dar el ejemplo y por eso se esforzaba en ser el mejor de todos. A causa de esto y de la belleza que el elfo había heredado de la reina fallecida, Sasuke era muy popular entre las damas de Galadh Mallen, lo que le propiciaba compañía cada vez que quisiera.
Ya la Luna había alcanzado su lugar más alto en el cielo nocturno, cuando el ernil despojaba de sus prendas a una elfa de negros cabellos y preciosa complexión. Kaori siempre luchaba por su atención, él sabía que su deseo era que le propusiera ser su pareja formal, pero un joven elfo de diecinueve años y una forma de ser tan reservada y fría, no tenía interés en formalizar ninguna relación.
Ya sumergía el rostro entre los pechos de la elfa cuando tocaron a la puerta de manera insistente.
—¡No de nuevo...! ¡Sasuke!— se quejó ella cuando el ernil la dejó sola en la cama y después de enjuagar su cara y manos en un cuenco con agua, abrió con una sonrisa.
—¿Qué ocurre, caun nín? (Mi princesa)— dijo en tono dulce a una pequeña niña de siete años, cabello negro y ojos grises.
—Muindor nín (hermano)...— sollozó y alzó los brazos para que Sasuke la cargara.
—¿Otro sueño feo?— preguntó con paciencia, mientras le frotaba la espalda. Ella asintió en su cuello y afianzó más el agarre —No te preocupes, pequeña, tu hermano espantará todas tus pesadillas. Vayamos a tu cuarto.
—¡Sasuke...! ¡¿Vas a dejarme aquí?! ¿Por qué no llamas a su cuidadora?— gruñó Kaori desde la cama, el ernil solo la miró con frialdad y se marchó.
Hinata siempre fué especial, lo supieron desde el día que abrió los ojos y vieron que llevaba la Luna en ellos. Un tercer hijo en una pareja de elfos, era tan poco común, que apenas y se recordaba que hubiese pasado alguna vez. La niña había perdido a sus padres el mismo día que nació, la reina no resistió el parto y el rey se había quitado la vida por su juramento de amor. A pesar de eso, sus dos hermanos mayores, el rey Itachi y Sasuke, nunca la culparon de lo sucedido. Todo lo contrario, Hinata era una bendición para el pueblo elfo y ocupando el puesto de Hen Ithil (Ojos de Luna),se le daba aún mayor respeto en sus opiniones que al mismísimo aran.
El príncipe llevó a su pequeña hermana de regreso a su habitación, la sentó sobre la cama y tomando una peineta de plata, comenzó a peinar su cabello con suavidad. Sabía que a la princesa le calmaba ese gesto y él lo hacía con verdadero placer. Sus dos hermanos la querían mucho, pero principalmente Sasuke era muy apegado a Hen Ithil, ya que el rey Itachi pasaba los días ocupado en su mandato. El ernil daría la vida por su hermana sin dudarlo, cualquier necesidad o deseo de Hinata, el trataba de cumplirlo. Siempre llevándola por el mejor camino, así que para la pequeña elfa se hizo indispensable tener a su hermano cerca.
—Cuéntame tus pesadillas. Si sacas los pensamientos malos de tu mente, ya no te atormentarán para dormir— dijo con voz dulce, mientras ataba su cabello en una larga trenza.
—Tengo miedo— sollozó y abrazó sus rodillas.
—No pasará nada mientras yo esté contigo— exclamó y se acostó, palmeando el colchón a su lado para que ella hiciera lo mismo.
Hinata se acurrucó sobre su brazo, mientras el príncipe le hacía cosquillas en las raíces de su flequillo recto. Soltó un largo suspiro y luego miró los ojos negros del ernil.
—Soñé con un filo.
—¿Un filo? ¿Cómo el de una espada?— preguntó curioso, ella negó.
—Era puntiagudo, como una lanza. El metal era negro y la vara... como las moras... Púrpura.
—Entonces una lanza filosa ¿Y qué más? ¿Por qué te dió tanto miedo?
—Estaba cubierta de sangre y plumas negras. Humeaba como si estuviese caliente— Sasuke frunció el ceño. Sabía que debía de tener presente las visiones de Hen Ithil y tomarlas como una advertencia. Sin embargo, nunca había visto una lanza así.
—¿Y temes que uno de nosotros resulte herido por esa arma?
—No, era la sangre de un dragón.
—Es un sueño muy triste,— concedió —pero no tengas miedo, ya no hay dragones en Naudôr— besó su frente con dulzura —Llena tu cabecita de pensamientos hermosos y duerme, es muy tarde.
—No te vayas...— refunfuñó.
—Es que...— notó el ceño fruncido de su pequeña hermana y suspiró derrotado —De acuerdo, me quedaré contigo hasta el amanecer.
⌘⌘⌘
Para la pequeña princesa, sus sueños y visiones no tenían significado. A menudo era atrapada en lapsus de consciencia donde escuchaba y observaba cosas ajenas a su comprensión o soltaba frases y palabras incoherentes, que hacían que los demás la miraran raro o incluso con temor. No le gustaba, se sentía extraña en su propio pueblo y hasta un poco apartada de los demás edhel. Por esta razón, se acostumbró a estar sola la mayor parte del tiempo. Se bañaba en el lago, le cantaba a las plantas o practicaba hechizos mágicos aparte de sus estudios cotidianos.
Sasuke sentía pena por ella, así que la buscaba en sus ratos libres y se sentaba a su lado para hablar, o simplemente observar lo que hacía. Como una vez en la orilla del lago Celeb, cuando la princesa se divertía mezclando pinturas hechas de plantas y arcillas, sobre un rollo de papel grueso. Ya había pasado un rato entretenida cuando él llegó, su pequeña y blanca carita manchada en las mejillas y sus manos no estaban en mejor estado. Qué decir de sus ropas. Había trazado un montón de garabatos apenas comprensibles, pero de colores hermosos y brillantes.
—Házme un dibujo— le pidió al llegar y ella se volteó a verlo con una sonrisa deslumbrante.
—Está bien, haré uno muy hermoso para tí— dijo con entusiasmo mientras el príncipe se sentaba a su lado.
Hinata comenzó a "lanzar" colores sobre el papel, luego a mezclar otros y hacer el mismo procedimiento. Cuando terminó, sonrió satisfecha y se lo dió.
—Está muy bonito... aunque muy amarillo para mí— admitió y la vió asentir —¿Por qué no me haces otro con un poco de azul? Me gustaría más.
—No— respondió firme —Ese es el tuyo. Tiene que ser amarillo tu dibujo.
—Pero es muy llamativo— se quejó amargamente y luego se rindió de persuadirla al ver su rostro serio —Y... ¿qué es?
—Es un jinete de dragón.
—¡Oh, se ve impresionante!— exclamó, siguiéndole el juego.
—Ya sé— musitó —Es el jinete más fuerte. No se lo vayas a enseñar a la Kaori odiosa— Sasuke soltó una sonora carcajada y le despeinó el cabello bajo protestas.
—Déjame hacer uno para tí. Pásame unos colores— pidió y Hinata le dió un franco con blanco y otro con rojo brillante.
⌘⌘⌘
En su larga vida nunca conoció el amor romántico. Todas las elfas de Galadh Mallen tenían una actitud abierta hacia los encuentros nocturnos y relaciones, fueran formales o no. Con ella no era así. Cuando llegó a su mayoría de edad, por orden el aran, varios elfos le hicieron la corte. Hinata se reía internamente al ver sus sonrisas falsas disfrazando el temor que sentían al estar a su lado, y se divertía mucho al escucharlos disculparse y huir cuando tenía alguna de sus visiones y les soltaba sin dilación secretos o predicciones para su futuro.
Definitivamente su pareja, si alguna vez la tenía, no iba a pertenecer a Galadh Mallen.
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PRESAGIO (Terminada)
FanfictionEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
