El muchacho reaccionó y de un salto, trepó al lomo del dragón, justo detrás de sus alas. Sus pies reposaban en el costillar, los apretó cuando el animal dió un brinco hacia el gran árbol. Se sostuvo fuerte del pelaje de su cuello y rió con nerviosismo al Kurama volver a saltar y dejar atrás el suelo. Se elevó unos diez metros aleteando con brío. Naruto, que hasta el momento permanecía con la cabeza escondida, la levantó y vió como los árboles se volvían pequeños.
—¿Ku... Kurama, a dónde vamos?— el animal no le respondió. Subió más aún y después tomó dirección al Sur, rumbo a Las Vertebradas.
Naruto, presa del pánico por la altura y la inquietud que sentía provenir del dragón, intentó gritar, pero no obtuvo respuesta. El viento helado de invierno se llevaba sus palabras. Cerrando los ojos formuló la pregunta en su pensamiento, pero nada, Kurama seguía volando y aumentando cada vez más la velocidad y altura. Pronto, el cuerpo del muchacho comenzó a temblar, el frío en las empinadas montañas era demasiado y no estaba vestido para soportarlo. A las dos horas de vuelo tenía las piernas entumecidas de intentar sostenerse, sobre todo cada vez que Kurama hacía algún giro o cambiaba de dirección drásticamente. Sus manos estaban en las mismas condiciones y su pecho comprimido, casi no dejaba pasar el fino aire a tamaña altura.
Cuando comenzó a sentir mareos y ver puntos negros titilar en su visión, el dragón descendió, al parecer alertado de la condición de su jinete, y se posó en un risco que sobresalía de una pared de roca enorme. Naruto se deslizó y cayó al suelo con un ruido sordo, su cuerpo tiritaba y los dientes le castañeaban del frío. Kurama se acostó a su lado y lo cubrió con un ala, el muchacho se acurrucó en su pecho y el calor producido por la criatura, comenzó a calmar sus temblores. Sin embargo, sus piernas estaban tan entumecidas que no las sentía.
Cuando despertó, ya el Sol se había puesto detrás de las montañas. Intentó ponerse de pie, pero una terrible punzada en los muslos lo hizo trastabillar, apoyándose en el cuello de su compañero.
—¿Kurama...— comenzó a preguntar con su voz temblorosa —...por qué me has traído aquí?
—Hay soldados en El Valle— respondió el dragón con un bostezo que dejó ver su lengua encorvada y sus terribles dientes.
—¡¿Soldados?! ¡Debemos volver! ¡Mi padre está allá abajo!— gritó exasperado —¡Bájame de aquí!
—¡No! Eres una criatura indefensa. No te pondré en manos de los esbirros de Madara.
—¿Qué sabes tú de Madara?— volvió a gritar y trató de apartarse y sostenerse en pie por sí mismo.
—Todo lo que sabes tú. El tamaño de los impuestos, la pobreza de tu pueblo, incluso la historia de Minato. Madara mató a los míos y se llevó la paz de Naudôr. No voy a permitir que tome lo último que me queda.
Naruto se arrodilló, sintiendo el pesar de su compañero. Los sentimientos del dragón hacia él eran tan genuinos, tan crudos, que sus ojos se llenaron de lágrimas y envolvió su hocico enorme en un abrazo.
—Kurama...— pronunció mientras lo acarisiaba con su frente —...Sarutobi está en casa. Él y su fallecida esposa, me acogieron cuando no tenía a nadie en este mundo. En lugar de dejarme morir de frío, compartieron conmigo lo poco que siempre tuvieron. Necesito ir y protegerlo— apretó aún más su pelaje —¿Me entiendes? ¿Puedes sentir mi angustia, así como yo siento la tuya?
Kurama gruñó entre dientes y unas bolutas de humo salieron por sus agujeros nasales.
—Vamos— dijo tras unos largos minutos, incorporándose.
Naruto subió a su lomo con mucho trabajo, sentía los músculos de las piernas casi desgarrados. Aún así, se sujetó lo más fuerte que pudo cuando Kurama se dejó caer en picada y tomó rumbo Norte, hacia la cabaña en El Valle. Antes de aterrizar el muchacho vió con terror su hogar, completamente quemado. Al poner el dragón sus patas traseras sobre la nieve revuelta y llena de pisadas, Naruto se dejó caer y otra vez sus piernas fallaron, no le respondían. De apretarlas tanto para sostenerse, ahora estaban tan engarrotadas que no servían para nada.
Haciendo caso omiso a su invalidez, casi se arrastró por la nieve hasta la entrada de su granja, solo para encontrarse el cuerpo degollado de Sarutobi.
—Padre...— susurró —¡Papaaaá!— gritó desconsolado. Sus manos temblaban encima del cadáver sin saber donde tocar. Apretó los dientes y con el puño cerrado, dió un golpe en el suelo —¡Es tu culpa!— bosiferó al dragón —¡Si no me hubieses llevado a esa maldita montaña, mi padre aún seguiría con vida!— miró con rabia al animal que se acercaba lentamente, dejando las huellas de sus garras en la nieve.
—Si te hubieras quedado, estarías muerto, al igual que él— respondió Kurama con voz tranquila, pero sentía el dolor de Naruto en sus entrañas. Se echó a su lado y tocó sus piernas con la nariz humeda.
Naruto lloró desconsolado hasta que al final, entre sollosos, intentó ponerse de pie, apoyándose en Kurama. Entonces escuchó pisadas acercándose, al mirar en la dirección en la que provenían, vió que un hombre rubio se dirigía hacia él. No lo conocía, pero no lucía como un soldado. Miró a su dragón, no parecía inquieto por la presencia del extraño.
—¡Naruto!— dijo el hombre, jadeando —¡Al fin te encuentro! Comencé a pensar que te habían capturado— inquieto, Naruto miró del hombre a Kurama y viceversa. El extraño no parecía sorprendido al ver a la criatura, en su lugar, se le acercó —Mae govannen eden amlug— pronunció, haciendo una reverencia delante del animal.
—¿Naruto, quién es él y qué está diciendo? No percibo que nos quiera hacer daño, pero no recuerdo haberlo visto en tu mente— dijo Kurama, permaneciendo quieto.
—¿Quién eres y qué es lo que le has dicho?— preguntó, transmitiendo las palabras de su compañero.
—Le dije que es un placer conocer al nuevo dragón. Él te preguntó, ¿verdad?— interrogó con entusiasmo pero de repente sacudió la cabeza —No es momento para eso ¡Debemos irnos!
—No me has dicho quién eres— espetó el joven.
—Soy Minato, muchacho. Sé que es difícil reconocerme, pero no tengo razones para mentir ni tiempo para explicar. Los soldados de Madara siguen en el pueblo. Al no encontrarte están interrogando a cada uno de los habitantes de El Valle— contestó.
Naruto lo miró sorprendido, el cuentacuentos ya no tenía barba y su pelo largo y canoso, ahora era rubio. Había cambiado su túnica por un jubón azúl, un pantalón y botas de cuero. En la cintura llevaba una espada de magnífica empuñadura, un morral en la espalda y una capa.
—No puedo irme todavía, necesito enterrar a mi padre— volvió a mirar el cuerpo del anciano, cada vez más rígido.
—¡Hazlo, si quieres morir y que tu dragón caiga en manos de Madara!— gruñó enojado el hombre.
—Pero es que no puedo dejarlo así...— Naruto apretó los dientes y señaló el cadáver con sus manos.
—¡Está muerto! Bajo tierra o sobre ella, seguirá muerto. Si no quieres terminar como él, entonces vamos— diciendo esto, comenzó a caminar por el sendero que rodeaba la granja de Naruto y salía de El Valle en dirección al Norte.
El muchacho, después de un momento de duda, se dirigió a la cabaña quemada y entre los escombros logró rescatar su arco y carcaj, afortunadamente no estaban dañados. Miró por última vez el lugar, a su padre y comenzó a seguir a Minato caminando con torpeza, pues aún le dolían tremendamente las piernas. Kurama fué tras de él.
Andaron toda la noche y parte de la mañana, por el nevado bosque que rodeaba El Valle y lo separaba del resto de Naudôr.
—¿A dónde vamos?— preguntó por fin Naruto, pues la pena no le había dejado formular palabra en todo ese tiempo.
—A Volterra, necesitamos caballos y provisiones para el viaje— dijo el mayor.
—No necesito un caballo, tengo a Kurama— expresó Naruto, orgulloso de su montura.
—¿Kurama?— Minato se volteó a verlo y detuvo su andar.
—Mi dragón, se llama Kurama— contestó el joven. El mayor miró a la criatura con los ojos nublados de tristeza y después sonrió.
—Es buen nombre, Kurama— pronunció cada sílaba y reanudó la marcha —Aún así, no puedes atravesar Naudôr montado en él, sinó Madara sabrá tu ubicación de inmediato. Iremos a caballo y tu dragón volará por encima de las nubes, para no ser visto.
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PRESAGIO (Terminada)
FanfictionEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
