—No queda más que decir. Tenemos que buscarla, no podemos dejar a alguien inocente encerrado— sentenció Naruto.
—¡Se te llevo allí, estaría poniéndote en bandeja de plata para los esbirros de Madara! No sé que tan importante sea esa mujer, pero sin duda no es más importante que todo Naudôr.
—No voy a luchar con convicción, si antes de llegar a mi destino recorrí un camino manchado de sangre y sacrificio. Si pretendes que siga adelante y use anteojeras como un caballo de tiro para no ver más que lo que está delante de mi nariz, estás equivocado. Contigo o sin tí, iré a Dinant y me enfrentaré a quien tenga que enfrentarme para salvar a esa mujer.
—¡Eres cabezadura, humano!— protestó Sasuke.
—Puede ser, pero no soy un cobarde— retó.
—¡Cuidado con lo que dices!— siseó el elfo. Luego bajó la cabeza y respiró profundo, dijo unas palabras que Naruto no pudo entender y pareció relajarse de inmediato —Escucha, amlugben, sin dudas habrá una razón importante para que Hen Ithil te haya enviado ese mensaje, así que... iremos a Dinant y trataremos de rescatar a esa guerrera. Pero si veo que estás en demasiado riesgo salimos de inmediato, aunque no la hayamos encontrado ¿Estás de acuerdo?— Naruto asintió.
—La vamos a encontrar— espetó.
Con un nuevo destino fijado, caminaron con rumbo Sur bordeando la frontera desértica de Naudôr. Dinant estaba a tres día de distancia. Sasuke se preguntaba si aquel hombre pelirrojo y extraño habría llegado ya a la ciudad con la enorme caravana de soldados. Ciertamente iría más despacio que ellos dos, pero no estaba completamente seguro.
El calor hacía el viaje más lento y agotador. El elfo parecía no sentirlo, pero Naruto, acostumbrado al frío del Noreste de Naudôr, lo sufría demasiado. Se quitó la capa y el jubón, quedando solo en la camisa de lino. Al primer vistazo de un río decidió darse un chapuzón. Hacía más de un mes que no se bañaba de cuerpo completo. En contraste con el clima, el agua estaba helada. Sasuke lo miraba desde la orilla.
—¿Los elfos no se bañan?— preguntó burlón. Él siguió serio sin hacer caso a sus provocaciones.
—No te convendría verme desnudo, amlugben.
—¡¿Oye, qué dices?!— gritó enojado —¡Me gustan las chicas!... Y ahora te tengo miedo— murmuró.
—Me refiero a que tu autoestima sufriría— Naruto lo miró sin entender, pero después de un minuto las palabras le cayeron como piedras
—¡Ya quisieras, elfo!— levantó la mano en forma de puño —Rompí muchos corazones allá en El Valle— se defendió, pero su rostro se tornó rojo de rabia al ver la cara de escéptico que tenía Sasuke. Después de un rato siguió con la conversación —¿No dejaste a tu familia en Galadh Mallen?
—Sí, pero no tengo pareja, si a eso te refieres— dijo, quitándose la ropa por fin convencido —No he encontrado a la persona indicada— Naruto asintió, ignorando el repentino impulso de curiosidad por mirarlo. Carraspeó y se centró en sus manos moviéndose sobre el agua.
—Sé lo que se siente, todos los muchachos de mi edad estaban casados o a punto de eso. A pesar de tener a quien elegir, no logré identificarme con ninguna de ellas
—En nuestro caso es un poco más complicado que eso— dijo el elfo, metiéndose al río.
Su cuerpo era delgado y elegante, con músculos marcados, una piel blanca y sin imperfecciones. Llevaba sus partes íntimas cubiertas por una pieza de tela. En contraste, Naruto era bronceado, aunque delgado, su cuerpo era más pesado y voluminoso que el del elfo. Los músculos más grandes gracias al trabajo físico, y tenía varias cicatrices hechas en la vida diaria; con el azadón, las espinas de la maleza o con cuchillos. No sentía nada de pudor y lucía sus partes como si no le importase estar desnudo.
—¿A qué te refieres?— preguntó el muchacho.
—No tenemos la costumbre de contraer matrimonio entre nosotros. Al contrario que los humanos, que pueden tener una o más parejas, los elfos juran amor en el idioma antiguo. O sea...
—¿Para toda la vida?— Sasuke asintió.
—Le llamamos "gwend", el lazo. Una vez que le profesamos amor a alguien, lo seguiremos amando por el resto de nuestra existencia, haya muerto o no.
—Eso serían... milenios— expresó Naruto, sorprendido.
—Sí, creo que es más fuerte que eso que ustedes llaman matrimonio— sonrió el elfo —Por eso tenemos que estar bien seguros de nuestros sentimientos. Hay muy pocas parejas elfas enlazadas, unas viven en total felicidad y otra sufren por ello— el semblante de Sasuke cambió de repente. Se preguntaba como se sentiría su hermano mayor. Cuando dejó la capital, no mostraba signos de sufrimiento, pero Itachi jamás había dejado ver su verdadero ser.
La conversación dejó a Naruto pensando en las diferencias de las dos razas. Cada una tenía costumbres distintas, pero si miraba por encima de ellas, lograba ver semejanzas que antes le hubiesen parecido absurdas. Los elfos, después de todo, no eran tan extraños. Amaban y sufrían por amor ¿Qué puede ser más humano que eso?
Comenzaba a entender a su maestro cuando le dijo que su deber era crear la igualdad entre los pueblos. Buscando la raíz de los conflictos en Naudôr, se dió cuenta de que se debían al desequilibrio entre elfos y humanos. A la gran diferencia de poder mágico que tenían unos de otros. Esa era la razón por la cual Minato quería que él fuese con Los Rebeldes.
—Espero encontrar a la persona indicada algún día— le dijo esa misma tarde a Kurama durante uno de sus vuelos. El dragón quedó en silencio —¿Qué piensas al respecto?— inquirió Naruto.
—Mi egoísmo no permite que te conteste, pequeño— dijo con voz melancólica —Aunque quiero, no dejo de pensar en que nunca tendré una compañera para jurar amor eterno como hacen los elfos.
⌘⌘⌘
Justo antes de que el Sol llegara a lo más alto, divisaron la pequeña ciudad. Una única torre se alzaba en piedra rojiza, las demás contrucciones eran casas de madera. Del lado izquierdo estaba la basta extención de desierto y del lado derecho un arroyuelo, quizás la última fuente de agua antes de cruzar el infierno de arena.
—No podemos acercarnos más, verán a Kurama— dijo el elfo, con la voz seria y tranquila que lo caracterizaba —Podríamos esperar a la noche para entrar, pero temo que los soldados lleguen justo cuando estemos dentro.
Esa misma mañana, a petición de Sasuke, Naruto y Kurama volaron lo más alto que pudieron para mirar a los alrededores. El muchacho divisó un rastro de polvo a unos cincuenta kilómetros al Este, sin duda debía ser de la caravana. Al decirle al elfo, este concluyó dos cosas: tenía razón al pensar que los soldados de El Valle llegarían después que ellos, pues todas las provisiones y carretas con las que cargaban los harían más lentos. La segunda conclusión fué que, ahora que los había visto, si se demoraban en el rescate, podrían quedar atrapados en Dinant.
—Iré yo solo— dijo Naruto, mientras aseguraba su cinturón y espada.
—No, no puedes— espetó Sasuke, el cuidado del jinete era un trabajo arduo. El chico era valiente, sí, pero imprudente. No pensaba mucho antes de actuar.
—Ya lo dijiste, Sasuke,— era la primera vez que llamaba al elfo por su nombre desde su encuentro en Aínsa —si esperamos al anochecer, puede ser demasiado tarde. Tu no puedes entrar sin ser identificado— señaló sus orejas y después su cuerpo completo —yo en cambio, puedo pasar de ser percibido. Quédate con Kurama, regresaré antes del anochecer.
No esperó respuesta, después de acarisiar la cabeza del dragón, comenzó a caminar mientras anudaba su capa. El elfo se quedó de brazos cruzados en los arbustos.
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PRESAGIO (Terminada)
Fiksi PenggemarEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
