—No es el labor de un solo individuo, Naruto. Trabajamos con unidad, como las hormigas. Cada día depositando un poco de angol en la naturaleza, para ayudarla a crecer— sonrió.
—Me pregunto porqué los elfos, si son tan poderosos, nunca se hicieron con Naudôr.
—No somos ambiciosos, los elfos jóvenes, como el ernil, son voluntariosos y decididos. Los más ancianos, comprendemos que es mejor llenar de paz nuestra larga vida y vivirla tranquilamente. Pero ya basta de charla, vayamos a escribir.
Las lecciones concluyeron incluso después de que se puso el Sol. Naruto no pudo ver a Kurama en todo el día, Jiraiya amlugben, le explicó que había partido en una incursión con Gama, hasta una montaña cercana donde habían vivido dragones salvajes. Lo molestó un poco que ni siquiera se lo hubiese dicho. Después lo pensó nuevamente y concluyó que era mejor darle su espacio. La dragona era la única que quedaba con vida de su especie, era normal que Kurama se sintiera tan atraído hacia ella.
La oscuridad cubría el bosque, solo las pequeñas lámparas y algunas luciérnagas alumbraban su camino. Cuando comenzaron las glîr myrn, recordó todas las enseñanzas de Jiraiya. Las canciones eran de tonos suaves, lentos y melódicos. Se mezclaban unas voces con otras y creaban una sinfonía que erizaba la piel. Naruto cerró los ojos y extendió su conciencia nuevamente, las auras inmóviles de las plantas, ahora vibraban con intensidad. No tenían pensamientos, pero si una urgencia por crecer y florecer. El muchacho sonrió, agradecido de su nueva conexión. Había comenzado a ver el mundo de otra forma, a valorar cada pequeño ser.
Al llegar al adabnel, encontró una bandeja de plata sobre la mesa con su cena. Después de comer se sentó en su escritorio para hacer las copias del alfabeto elfo, que su maestro había ordenado llevar la mañana siguiente. Terminó cansado y recostó su cabeza en la silla. La imagen de cierto elfo en particular vino a su mente y sonrió.
—Me pregunto cuando podré besarte de nuevo— murmuró a la luz azulada de una antorcha sin llama, que alumbraba la habitación.
A punto de levantarse, vió una mariposa blanca entrar por el enorme ventanal. Se posó justo delante de él, sobre la hoja de papel, luego volvió a volar, pasó por encima del diario de Minato y se marchó. Naruto extendió su mano y lo tomó. Al abrirlo, entendió algunas palabras, pero aún no logró encadenar las oraciones. Una, por sobre todas, le llamó la atención, era un nombre de mujer: "Kushina", a su lado, la palabra "traición".
—¿Quién es ella?— ni siquiera haciendo un esfuerzo pudo entender. Aún le faltaba mucho para llegar a conocer lo que había escrito el cuentacuentos en ese diario.
⌘⌘⌘
Cuatro días pasaron en los que había seguido su rutina de entrenamiento. En las mañanas corría junto al ernil o tenían una batalla de esgrima, siendo siempre Sasuke el vencedor, pero no le molestaba. Incluso pedía una y otra vez los enfrentamientos, solo para pasar más tiempo con él. De igual manera, sentía que había mejorado un poco. La nueva forma de percibir lo que lo rodeaba lo hacía sensible a los movimientos. Podía anticipar lo que haría el príncipe, pero que su cuerpo fuera tan rápido como para contrarrestar, era otra cosa. Jiraiya le daba dos horas de meditación después de almorzar, luego comenzaban sus clases de escritura hasta el anochecer.
Sin embargo, el día del Daragar, el jinete mayor lo eximió de sus lecciones.
Desde muy temprano sentía el bullicio de Galadh Mallen, las flautas y tambores llegaban hasta su casa del árbol. Después de bañarse y vestirse apropiadamente, con la túnica naranja bordada con hojas doradas, bajó hasta el centro de la capital elfica y observó el ambiente festivo del pueblo edhil.
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PRESAGIO (Terminada)
FanfictionEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
