32. "Una triste infancia"

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La caravana había reanudado su marcha casi al mediodía. Aunque Naruto quería llegar cuanto antes a Suna, para al fin emprender el viaje a la capital élfica y comenzar su entrenamiento, tantas personas y animales hacían la marcha lenta y penosa. Si hubiese volado con Kurama hasta el sureño país, habría llegado hace un buen rato.

Los alrededores del sendero se hicieron rocosos, escaseaban los árboles y el clima fresco de las Dôltaur, había quedado atrás. De repente, para desesperarlo más aún, la caravana se detuvo por completo.

—Iré a ver que sucede— dijo el elfo, saliendo de la fila y galopando hasta el inicio de esta.

No había hablado con él desde la noche anterior. Las pocas esperanzas que pudo haber tenido, se borraron al verlo con Sakura. Pero no podía exigir, ni siquiera tenía el derecho a molestarse, simplemente lo dejó estar. Tal vez si hacía como que esos sentimientos nunca habían existido, el dolor sería menos.

Se quedó con la pelirroja, montado en Kurama, quedaba mucho más arriba. Pudo notar su semblante triste al ver la espalda de Sasuke mientras se alejaba.

—¿Sakura, te encuentras bien? ¿Estás cansada?— preguntó.

—No... no estoy cansada— ella le sonrió débilmente y no cruzaron más palabras.

A la media hora volvió el elfo y al detenerse se dirigió a él.

—Pasaremos por un camino estrecho entre dos acantilados. Es peligroso y perfecto para una emboscada. Kakashi quiere enviar un grupo de avanzada para peinar la zona por posibles enemigos. Yo voy con ellos, tú vuela con Kurama y observa desde arriba— dijo serio. Tiró de la rienda en el lado derecho y el caballo giró.

—Voy con ustedes— anunció Sakura.

—¡No!— espetó él sin mirarla y se fué galopando. Ella gruñó, pero luego bajó la cabeza, herida.

Naruto, que se había dado cuenta de la actitud esquiva de su amigo, frunció el ceño, enojado. Con un silbido llamó la atención de la chica, que lo miró con ojos llorosos y le extendió una mano.

—¿Yo? ¿Volar en un dragón?— preguntó entusiasmada, entendiendo la intención del muchacho.

—No sería la primera vez que lo haces— añadió él, con una sonrisa deslumbrante.

—Estaba inconsciente— dijo Sakura, negando con la cabeza —¿A Kurama no le molestará?— preguntó y miró al enorme ojo rojo del dragón. Éste se volteó a verla y resopló en su rostro haciendo que su cabello se despienara y soltase una risita.

—Dice que no. Anda, vamos, te divertirás— Sakura tomó su mano y él tiró hasta sentarla a su espalda —Agárrate— aconsejó y alejándose de la fila, el dragón despegó con un fuerte empujón de sus patas traseras.

La chica se sujetaba más fuerte de la cintura de Naruto a medida que se alejaban del suelo. Los gritos entusiastas de las personas al ver pasar a Kurama sobre sus cabezas, le arrancaron una sonrisa nerviosa.

—Ya sé porqué amas tanto volar con él— acarició un costado del dragón. Naruto resopló.

—Todavía no has visto lo mejor— gritó sobre su hombro.

Con toda intención, voló bajo hasta el inicio de la fila y pasó sobre la cabeza del elfo, que aún organizaba la avanzada con Kakashi. Sasuke apretó los labios ansioso al verlos juntos y Kurama, por orden del jinete, dió una vuelta encima de él y luego se elevó unos doscientos metros.

La brisa fresca tranquilizó a Sakura mientras Naruto observaba el suelo en busca de cualquier cosa fuera de lugar. Después de dos horas de vuelo, vió como regresaba el grupo que había salido con Sasuke y la caravana de Los Rebeldes reanudó la marcha. Con su trabajo hecho, subió hasta sobrepasar las nubes. Se llenó de satisfacción al girar y ver la cara de la chica llena de emoción, mirando los enormes cúmulos de algodón blanco que formaban estructuras mullidas y extravagantes.

Kurama dejó de batir las alas y planeó sobre una corriente de aire, haciendo el paseo más suave y relajado.

—Es... lo más hermoso que he visto en mi vida— dijo con sentimiento. Naruto rió, cruzó un pie sobre la montura y luego el otro, para voltearse y quedar frente a ella —¡Te vas a caer!— negó divertido.

—Sakura, estamos solos ahora...— comenzó a hablar. Ella frunció el ceño y asintió, un poco incómoda —No te preocupes...— rió él, adivinando sus pensamientos —solo quiero saber el porqué de tu tristeza. Eres mi amiga y estoy preocupado por tí— admitió. La pelirroja miró a un lado para observar nuevamente como los colores de la tarde se fundían con el blanco más puro de las nubes y luego volvió a prestarle atención.

—Tsunade fué la única familia que tuve, Naruto. Apenas recuerdo la cara de mi madre, murió cuando yo era muy joven. Fué asesinada por una tribu rival.

—¿Tribu?— preguntó Naruto, curioso.

—Sí, los hombres bestia no tienen ciudades o pueblos. A mi padre se le rompió el corazón al perderla y no pasó mucho tiempo para que la siguiera. Los mismos guerreros que mataron a mi madre, atacaron nuestro campamento y destronaron a mi padre, que era el alfa de la tribu. Él terminó con su vida para ahorrarse la vergüenza de ser vencido, y como es tradición... su familia fué desterrada. Vagué dos años por Naudôr siendo el blanco de insultos, burlas y maltratos— suspiró y dejó que su cabello tomara un color rosa —Con este aspecto nadie quería ofrecerme refugio o comida. A penas tenía siete años— Naruto limpió una lágrima en su mejilla y ella sonrió un poco —Tsunade me encontró a punto de morir de inanición. No le importó el color de mi cabello, ni mi suciedad. Me tomó en brazos y me llevó a una pequeña caballa donde me alimentó y curó. Un año después, nos unimos a Los Rebeldes.

—¿Por qué te escondes, Sakura?— preguntó el jinete —Eres una estupenda guerrera, embajadora, tienes un talento mágico increíble y aún así...

—Las personas ven con malos ojos lo que es diferente,— su barbilla tembló —más si proviene de un origen como el mío.

—¿Si eres mitad bestia, por qué luchas contra ellos?

—Lucharía contra cualquiera que esté de parte del tirano, sea humano, elfo, jinete o bestia— gruñó —Las tribus se unieron a Madara y se convirtieron en mis enemigos— Naruto asintió, comprendiendo su sentir.

—¿Y Sasuke?— se atrevió a preguntar. Ella se quedó callada y desvío la vista —Lo quieres— afirmó el jinete

—¡¿Qué?!— preguntó —¡Claro que no!

—Pero... he notado que ustedes están un poco extraños— murmuró, llevando sus manos a la espalda y sosteniendo la parte delantera de la montura.

—Sasuke es un elfo, Naruto. Desde un inicio se dió cuenta de que algo no andaba bien conmigo. Su trabajo es cuidarte y yo era sospechosa— rió un poco —También sucede que, los hombres bestia son los enemigos naturales de los edhel. El odio por las tribus está arraigado a sus costumbres. No le agrado y no creo que lo haga en un futuro cercano— suspiró —Estoy acostumbrada a ser apuntada, pero no te niego que duele.

—Pero anoche, ustedes... Yo los ví besándose— se atrevió a decir, rascando su nuca con nerviosismo y con un evidente sonrojo.

Ella, entendiendo lo que ocurría con él, colocó una mano en su hombro y dió dos pequeños golpes.

—Ese elfo estúpido solo encontró la peor manera de callarme la boca— sonrió —Pero te aseguro que no pasa nada entre nosotros, de eso que estás imaginando.

PRESAGIO (Terminada)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora