Los rebeldes, formados en tres bloques, cada uno de doscientos soldados armados y listos para dar su vida por la libertad que tanto deseaban, observaban en el horizonte la mancha negra de enemigos que se acercaba cada vez más. Sujetaron con fuerza sus arcos, espadas y lanzas, al notar que su número era fácilmente triplicado. Sus piernas temblaron cuando identificaron seis estructuras enormes, detrás de los soldados de Madara. Catapultas mortíferas, con proyectiles tan grandes como sus cuerpos mismos.
Naruto aterrizó su dragón delante de las filas y volteó a verlos. Su figura esbelta ataviada por una armadura brillante, sembraba valentía en sus corazones. Su yelmo cubría el tabique, pero dejaba a la vista su boca y uno ojos azules y fieros. En las cienes tenía dos alas talladas al relieve y sobre su espalda una capa tan roja como el pelaje de Kurama. El dragón rugió a su orden y los soldados se unieron con gritos de coraje.
Los corazones resonaban como tambores en sus pechos, pero ni un susurro salía de sus bocas. Los Rebeldes en el centro, la caballería de Suna lista para atacar por la derecha, y los carneros, junto a Sasuke ernil y Sakura, bramando de excitación y sed de sangre a su izquierda. Sobre una colina cercana, Hinata, Karin y diez magos de Rovalnarû. Kakashi de pie, delante de sus hombres y con la espada de un solo filo desenfundada y lista, lo miró y Naruto asintió.
—Únete a mí, compañero, dame tus colmillos, tus garras, tu fuerza. Volvámonos uno, justo como deben ser un jinete y su dragón— le dijo a Kurama, mientras desenfundaba a Sûl naur.
—Por los dragones, por los elfos, por los hombres y carneros, por cada vida oprimida, por cada injusticia hecha y dignidad mancillada... ¡Por la libertad!— respondió Kurama.
Sus mentes se unieron y las puntas doradas en las alas y cola del dragón, se prendieron fuego junto con la espada del jinete.
—¡¡AHORA!!— gritó Naruto —¡¡HASTA LA VICTORIA!!
⌘⌘⌘
Pocas veces sintió temor en su vida, a pesar de que había sostenido un arma en sus manos desde que fué lo suficientemente fuerte como para levantar la espada. Sin embargo, allí estaba, enfrentándose a un ejército que triplicaba en número al suyo, junto a magos poderosos, hombres bestia y un jinete de dragón. Kakashi no tenía ninguna habilidad mágica, había intentado una que otra vez realizar un hechizo, pero nunca ocurrió nada. Sin embargo, era muy diestro en el arte de la esgrima y más inteligente que muchísimos hombres de su tiempo. Se ganó el puesto de jefe por méritos propios y lo defendería.
Sonrió al observar nuevamente al hijo de su maestro, montando una criatura poderosa y temeraria. Iban a vencer, debían hacerlo, aunque tenía que esforzarse para que no le temblaran las rodillas.
—¡Arqueros..!— gritó.
Un joven soldado con varias banderas, levantó una con el símbolo de una flecha. De inmediato se escuchó el murmullo al cargar los arcos, pero el enemigo fué más rápido y una nube negra de proyectiles afilados oscureció el cielo. Nunca se alegró más de haber mantenido el gremio de magos. Ahora organizados, eran efectivos y útiles. Mediante hechizos hicieron que las flechas perdieran impulso y cayeran sin fuerza sobre ellos, apenas pinchándolos un poco las que lograron traspasar los escudos.
—¡Disparen!— ordenó y el zumbido de las cuerdas al ser soltadas, le llenó los oídos.
—¡Hado i philinn! (¡Fuego a las flechas)— escuchó la voz del jinete y las puntas de hierro se cubrieron de llamas, atravesando el cielo como una lluvia de estrellas fugaces y mortales.
Muchas llegaron y otras no, los enemigos también tenían magos a su servicio. Después de varios lanzamientos más, Kakashi sujetó fuerte la espada y la levantó, llamando la atención de sus soldados.
—¡A la carga!— gruñó y todos lo siguieron cuando comenzó a correr en dirección al ejército hostil.
Vió a Kurama levantar vuelo y sobrevolar las filas enemigas, cubriéndolas con una llamarada que le erizó la piel y le hizo apretar los dientes al escuchar los gritos de agonía de sus víctimas, junto con el hedor de la carne quemada. Los bandos chocaron y el aire se volvió viciado y rojizo cuando la sangre comenzó a derramarse. Esquivó golpes y propició otros con ferocidad, arrancando brazos y cabezas con su afilada espada, evitando mirar directamente a los ojos de sus contrincantes, para no sentir empatía hacia ellos.
De repente, una roca enorme pasó sobre él e impactó justo encima de los soldados que tenía detrás. Amigos y conocidos perdieron la vida en un instante, pero así era la guerra. No importaba a cuantos compañeros viera morir, debía seguir adelante y cargar con sus sueños de libertad sobre su espalda. Tratar de cumplirlos a todo costo. Otro proyectil zumbó en el aire y sintió la bilis subir hasta su boca. Un gran alivio lo recorrió cuando la enorme piedra giró bruscamente en un ángulo poco natural y aterrizó sobre una de las catapultas.
—¡Fué Hinata!— gritó Naruto desde el aire —Intentaré derribar las demás...— Kakashi hizo un gesto de cabeza y siguió en la lucha.
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Desde arriba se podía ver el avance que había logrado cada facción. Aunque eran superados en número, Los Rebeldes resistían como pilares e iban dejando tras su paso cientos de cadáveres. Al Oeste observó a los hombres bestia luchar con ferocidad. La cabellera rosa de Sakura llamó su atención, despedazaba a sus enemigos usando sus largas navajas y sin descansar ni un momento. Sasuke permanecía a su lado, resaltando entre los demás guerreros por la rapidez con la que atacaba. Se movía tan ágil y versátil, que sus adversarios morían antes de verlo venir. Poco a poco iba creando un círculo de cadáveres a su alrededor y tenía que saltar sobre estos para atacar a más soldados, utilizando su espada o cambiando a su arco en un parpadeo.
Naruto sujetó fuerte las asas de su montura, confiaba en las habilidades de ernil, pero la guerra era impredecible y hasta que no lo tuviera de vuelta entre sus brazos, no estaría tranquilo.
Cuando vió otra de las piedras lanzadas por las catapultas, girar y estrellarse en una zona vacía de Los llanos, se apresuró a llegar hasta las terribles moles de madera. Era sorprendente que Hinata pudiera desviar una roca de ese tamaño y a esa velocidad, pero sabía que no duraría mucho. Esquivó varias lanzas y flechas, otras impactaron contra las barreras mágicas que había dispuesto sobre él y Kurama, mientras se acercaba a las catapultas. El dragón escupió una llamarada dorada y ardiente, pero no afectó nada al aparato. Al parecer tenía un hechizo protector.
—Si no podemos quemarla, hay que buscar la manera de destruirla— señaló el dragón, rodeando la estructura para hallar un punto débil
A Naruto de inmediato le llegó una idea a la cabeza. Recordó las palabras de su maestro cuando le mostró el anillo que Minato le había dado. Este contenía energía suficiente para mover una pequeña montaña. Quizás pudieron proteger las catapultas de daños externos, pero estaba seguro que el trazado del hechizo no diría nada de que estas se dañasen a sí mismas.
Contactó con la energía del anillo y la hizo fluir por su cuerpo como un torrente.
—¡Revia! (¡Flota!)— pronunció. La enorme estructura de madera se sacudió y chirrió cuando comenzó a alzarse en el aire. Los soldados enemigos que estaban encima, se lanzaron al suelo, totalmente en estupor. Naruto sintió como la energía del anillo disminuía considerablemente a medida que pasaba el tiempo —Nan crumui (A la izquierda)— lentamente la catapulta fué moviéndose a un lado, mientras Kurama la seguía de cerca.
Cuando estuvo encima de la otra, el jinete cortó el flujo de angol y la dejó caer. Los pedazos de madera saltaron por los aires y las dos estructuras quedaron totalmente destruidas. Un grito de celebración se escuchó sobre el repiqueteo de espadas y escudos. Naruto, utilizando la energía que le quedaba al anillo, volvió a hacer todo el proceso y destruyó dos más, que sumandas a la que Hen Ithil había inutilizado, eran cinco. Solo quedaba una de ellas, pero ya no tenía energía para tal proeza. Si lo hacía con la suya o con la de Kurama, quedarían indefensos.
Miró hacia abajo buscando un sitio en el que atacar después, y un encapuchado llamó su atención. Las filas enemigas se apartaron a su paso y luego formaron un círculo cuando el hombre se detuvo. Este miró hacia arriba, buscándolo, y Naruto apretó los dientes.
—Desciende, tenemos otro Akatsuki que vencer— espetó a su dragón.
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PRESAGIO (Terminada)
FanficEn el principio de los tiempos, cuando no habían ni siquiera personas en esta tierra, los dragones vivían y cazaban con absoluta paz. Criaturas magníficas e increíblemente mágicas, caminaron y volaron por los mismos parajes que nosotros habitamos ah...
