Treinta y cinco.

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Los rayos del sol entraron por la cortina mal puesta de la habitación. Sentí el calor sobre mi cara, aunque este no fuese necesario, el calor corporal que proporcionaba el cuerpo que tenía a mi lado era el que más disfrutaba.

—buenos días – escuche aquella voz raposa

—¡estás despierto! – levante la mirada, encontrándome con sus ojos, los cuales se volvían de un azul más claro cuando la luz del sol les daba de lleno – buenos días, Dixon

—estoy despierto desde hace un par de minutos, solo que no te quise despertar – sentí su índice haciendo círculos sobre mi brazo – aparte me gusta verte dormir, es la única vez que te veo tan quieta

—¡oye! Aunque tienes un punto – me limite a sonreír –. Creo que este es el mejor momento, cuando despertamos y podemos estar un momento...

Tuve que parar mi explicación cuando una sensación extraña se apoderó de mi cuerpo.

No de nuevo.

El escalofrío recorrió mi espina dorsal, la boca se llenó de más saliva, sentí mi estomago contraerse y fue el momento en el que supe que debía salir corriendo.

Al llegar al baño, levante la tapa del inodoro y deje que mi cuerpo expulsara todo lo que contenía mi sistema digestivo. Escuche a lo lejos como Daryl se levantaba de la cama, pero mi cuerpo estaba demasiado ocupado.

—¡Maxie! ¿estás bien? – sus pasos eran cada vez más cerca

—¡ni se te ocurra entrar! – amenace, aún abrazada al retrete – no quiero que veas

—amor, necesito averiguar si te encuentras bien – se quedó en la puerta del baño

—sí, supongo que si – baje la tapa para que no viera mi espectáculo – Dios, vomitar es la peor cosa del mundo – lleve mis brazos al estómago – solo de pensarlo, me da cosa

Me levante gracias a su ayuda. Intento inspeccionarme, pero antes tuve que enjuagarme y lavarme la boca para no hacer lo mismo que acababa de suceder.

—Maxie, no es la primera vez que te pasa, llevas así varios días

Daryl me llevaba con cuidado de vuelta a la cama. Me senté abrazando mi propio cuerpo, no me sentía nada bien.

—he comido de esas latas que trajimos la última vez, probablemente contienen algo que me hace daño y yo ni en cuenta – me encogí de hombros

—yo he comido de las mismas y no estoy enfermo – Daryl acotó – ¿Por qué no vamos con Siddiq? Solo para estar seguros de que no sea algo grave – se sentó a mi lado, tomó mi mano y dejó un beso en la misma – por favor, hazlo por mí si no quieres hacerlo por ti

Hice un puchero, nunca me gustaron los doctores y probablemente no sería nada del otro mundo.

—lo pensare, ¿sí?

—¡ay, Max! Eres demasiado necia – desvió la mirada, mientras negaba

—así me amas, déjame – recargue mi cabeza sobre su hombro – ¿me dejas dormir otro rato?

Él asintió, se acomodó mejor para poder rodearme de nuevo con sus brazos y así poder descansar sobre su pecho.

Los latidos de su corazón eran algo que siempre me tranquilizaba. Cuando no podía dormir, me sentía mal, una pesadilla me atacaba o simplemente quería dormir tranquila, Daryl siempre me acercaba a su pecho y hacia todo más fácil para mí.


[...]


Dos días habían transcurrido, luego de aquello, Daryl tuvo que salir así que se perdió el espectáculo de la mañana siguiente, los mareos que me atacaron cuando estábamos afuera limpiando la zona junto con Carol y Michonne y también las náuseas que me provocaron los bocadillos que encontró Carl en un camión abandonado.

H E R O || Daryl DixonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora