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Ezekiel era el hombre de las celebraciones y festividades, por lo cual yo era muy fan de él. En esta ocasión se le ocurrió que el reino podía ser cede de un Halloween especial para los más pequeños.
El otoño junto al Halloween eran dos cosas que amaba con locura y ahora teniendo a Leo, me emocionaba más la idea de tener una celebración al estilo pre-apocalipsis.
Así que ese día, con Leo en la parte de atrás de uno de los autos vestido de espantapájaros o lo que pudimos hacer con las cosas que teníamos a la mano, nos dirigimos al reino. El pequeño Dixon no terminaba de entender la idea de que la gente se disfrazara de cosas que daban miedo, aparte ya teníamos a los caminantes, ¿para qué espantar aún más a la gente?
Aunque la carita se le ilumino cuando vio el reino decorado y a la gente disfrazada de cosas que para él no eran tan aterradoras.
—¡vaya! Un pequeño espantapájaros – dijo Carol cuando lo vio salir del auto –. Pensé que te vestirían igual que tu padre
—él no da miedo, tía – contesto muy seguro de sí mismo
—claro, es que no lo has visto enojado – bromeo Carol –. Sus disfraces, ¿Dónde están? – nos señaló a ambos
—si bueno, Daryl viene de superhéroe y yo... de superviviente en un apocalipsis – sonreí un tanto apenada
—apenas conseguimos las cosas para Leo, finge por un momento – Daryl codeo a su amiga
—¡Mami! ¿puelo ir con Heshel? – Leo señalo hacia los Rhee
—ve, solo con cuidado
Vimos como Leo salió corriendo hacia su primito quien lo esperaba ansioso para poder jugar, Gracie, Judith y RJ lo siguieron segundos más tarde.
—están en su reino, recorran todo lo que gusten y disfruten de las ocurrencias de Ezekiel
Carol continuo con su camino, dejándonos solos para explorar el lugar.
Daryl avanzaba, pero mantenía el foco en Leo. Él quería que nuestro hijo se sintiera seguro en las otras comunidades, sin embargó, no le gustaba la idea de perderlo de vista, con las puertas abriéndose y cerrándose cada tanto.
—¿quieres hacer una calabaza conmigo? – le cuestione una vez que llegamos a un puesto de mini calabazas –. Dime que hiciste alguna vez
—jamás, no tenía tiempo para esas cosas Maxie – le restó importancia –. Aunque me gustaban los dulces que Merle le robaba a otros niños
—¿Por qué no me sorprende? – oculte una sonrisa –. Entonces te enseñare a hacerlo, seguro que eres bueno
—¿de qué estamos hablando? – ladeo su cabeza
Termine por darle un ligero golpe en el abdomen y hacer que se centrara en las calabazas. Cuando era niña y mi hermano aún vivía, era de las partes que más disfrutaba hacer con él, al igual que salir a pedir dulces.