Ochenta y cuatro.

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Tener a Daryl enfermo era una de esas cosas que no pasaban con frecuencia

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Tener a Daryl enfermo era una de esas cosas que no pasaban con frecuencia. Siempre intentaba dar lo mejor de él hacia todo el mundo y aunque tuviera algún dolor, no dejaba que eso lo detuviera, seguía haciendo cualquier actividad en la comunidad.

Pero esta vez, la enfermedad le ganó al hombre más rudo del mundo.

Desde hace un par de días me encontraba dormitando en una pequeña silla de la habitación de Daryl. Por más que quise arrastrarlo hasta la enfermería él se negaba en absoluto. Prefería vivir con los escalofríos y el dolor de cabeza, incluso intento huir varias veces.

—no soporto estar aquí – se quejó por enésima vez –. Ya déjame salir

—Daryl, no voy a dejarte salir con casi cuarenta grados de temperatura – coloque el dorso de mí mano para ver si había alguna mejoría, pero nada –. Te dije que fuéramos a la enfermería

—no es nada, solo... solo pon ese maldito trapo otra vez en mi cabeza

Lidiar con el Daryl enojado y enfermo era todo un reto. Aunque termine accediendo a colocarle de nuevo la compresa con agua fría y dejarlo dormir un poco.

Aaron y Carol estaban en la cocina cuando baje. Ella preparaba algo de sopa, que por cierto olía delicioso, Aaron me dejo su asiento sin que fuera necesario, pero termine subiéndome al banco alto para recargar mis codos en la isla.

—¿sigue refunfuñando? – cuestiono Carol

—sí, piensa que ir con Denise es una pérdida de tiempo – me recosté sobre el frio mármol –. Necesito llevarlo, se está poniendo todavía peor

—cariño, es un necio, sabes que no irá – Carol me sonrió –. Deja que se desmaye y lo llevamos

—¡oye! Esa es una buena idea – Aaron paso una de sus manos por mi espalda –. Y por lo que veo, si no descansas tú también te vas a desmayar

—wow esa es la forma más educada que ha tenido alguien para decirme que me veo fatal, gracias

Los tres reímos.

—pero tiene razón, no has dormido bien en días y necesitas descansar – Carol lo apoyo –. Y comer

Suspire, no quería despegarme tanto tiempo de Daryl y si me daba el lujo de tomar una siesta, sabía que dormiría más de lo que debía.

—nosotros nos haremos cargo si el gruñón de allá arriba se despierta – continuo ella

—no, tampoco quiero que se expongan directamente – hice una mueca –. Si es contagioso, empezaremos una epidemia en Alexandria y es lo que menos necesitamos en este momento

—bueno, una siesta en tres horas te despierto – dijo Aaron –. Pero recuéstate y descansa

A regañadientes me fui al sofá, ni siquiera me atreví a subir las escaleras para llegar a mi habitación. Estaba cansadísima y en cuanto toqué algo más suave que la silla caí rendida enseguida.


H E R O || Daryl DixonHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora