¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Algunos años antes.
Tener a Leo fue una de las experiencias más alucinantes que había experimentado tanto dentro como fuera del apocalipsis.
No sabía que era tener un hijo con todas las comodidades del mundo, pero sin duda tenerlo cuando la gente se levantaba luego de morir para alimentarse de ti, le daba ese plus de adrenalina.
Otro factor era el ruido, porque los bebés solo siguen su instinto y lloran cuando a ellos se les da la gana, no es algo que puedas controlar o no en su mayoría. Eso era justamente lo que estaba pasando con nosotros, Leo apenas tenía cinco meses cuando un ataque de insomnio lo golpeo.
—ve a dormir, yo me quedo – Daryl bostezo al mismo tiempo que mecía a nuestro hijo
—ve tú, mañana saldrás y no quiero que estes desvelado – me acerque a él para quitarle a Leo de los brazos –. Necesitamos que papá vuelva
—te prometo que hare lo posible por conseguir algo que ayude
Daryl me entrego a Leo, quien se retorció gimoteando. No sabíamos que hora era con exactitud, aunque seguramente ya pasaban más de las dos de la mañana.
—ya bebé – susurré –. Duerme, llevas días así
—¿segura que te quedas? – Daryl me abrazo por la cintura
—sí, no hay problema. Solo regresa sano y salvo mañana, ¿sí? – me apretuje contra él
—de acuerdo, háblame si necesitas algo
Besó una de mis cienes, dándome un último abrazo y subiendo las escaleras de forma pesada. Él había decidido encargarse la mayoría de las noches, porque decía que yo había hecho suficiente ya con llevarlo nueve meses en la barriga, pero lo estaba matando también.
Leo volvió a revolverse en mis brazos, empezando de nuevo a sollozar. Tuve que comenzar a moverme por toda la parte de debajo de la casa tarareándole una canción de cuna que mi mamá me cantaba cuando tenía pesadillas, cosa que lo calmo un poco, dejo de llorar, sin embargo, seguía con los ojos bien abiertos.
[...]
Cuando abrí los ojos, me encontré con Aaron arrullando a Leo en sus brazos. Me costó un poco entender dónde estaba y porque él tenía a mi hijo si la última vez que estuve consciente yo seguía intentando que durmiera.
—¿Qué está pasando? – me aclare la garganta, sonaba horrible
—bueno, vine a ver qué tal y te encontré con Leo en brazos mientras tu dormías en el sofá – explicó Aaron –. Habla más bajo, que por fin cerro los ojos
Me levanté casi de un brinco para ver si eso era real, cuando pude ver a mi bebé, estaba plácidamente durmiendo.
—enséñame a hacer eso, yo soy la peor de las madres – hice un puchero
—no eres la peor, solo estas aprendiendo al igual que Daryl
Aaron dejo a Leo sobre una pequeña cuna que había conseguido él mismo como un obsequio antes de que naciera. Entrecerré los ojos esperando a que comenzara a llorar desconsoladamente como solía hacerlo, pero ni se inmuto.
—en serio, la peor madre – fui empujada hacía la cocina
—que no. Sé que es complicado, pero solo es cuestión de tiempo
Él empezó a moverse por el lugar como amo y señor de la situación, preparando algo de té, un sándwich de huevo y otra que no supe que era, sin embargo, no iba a poner objeción en ello.
—Daryl fue a ver si encontraba algo que lo calmara, supongo que Carol lo asesoro en esos temas – recargue mi cabeza sobre las palmas de las manos
—seguro que encuentra algo y si no, no dejara de buscar – me coloco el té delante de mí –. ¿Hace cuanto que no duermes?
—¿tan horrible me veo? – arquee una ceja –. Aproximadamente dos semanas, digo, duermo a ratos, pero seguido, más o menos eso
—bien, comerás e iras arriba a dormir de corrido, yo me hago cargo – me guiño –. Gracie está emocionada por venir a cuidar a su primo
—te amo, no sé qué haría sin ti
Le lance un beso, mientras él seguía con esa sonrisa característica suya. Devoré prácticamente lo que me había servido, me di una ducha para relajar mis músculos y luego no supe más de mi existencia.