Park Jimin se disputaba la mochila llena de libretas robadas con las fauces de un lobo enemigo, así como dos perros gruñendo a los extremos de una cuerda trenzada, enrojeciendo sus encías a cada bruto estirón.
Jungkook, a pesar de sus incesantes esfuerzos por echarle una pata, acabó por distanciarse del omega entre salto y salto, esquivando ágilmente los mordiscos y arañazos de los lobos que se abalanzaban de dos en dos sobre él. Su admirable y veloz desenvoltura en la pelea se fue consumiendo a medida que el cansancio ralentizaba sus patas. Al cabo de un rato no pudo evitar empezar a recibir los roces bestiales de sus dientes y garras. De sus hombros y muslos salpicaban gotitas rojas al golpear y su garganta seca se agrietaba a cada agitado resuello. Aún así, aún si la fatiga le pesaba en cada músculo del cuerpo, Jeon Jungkook resistiría hasta el final. Mordiendo con ímpetu la carne de un oponente, pensó: "Tan sólo debo deshacerme de estos molestos lobos, buscar a Park Jae y aniquilarlo, y después ir a por Park Jay y acabar con él también".
Eso se decía a sí mismo, y se alentaba con su determinación a no flaquear frente a esos chuchos fieles que no le daban ni medio respiro. Con el agotamiento haciendo tambalear los hilos de su cordura, Jungkook jadeaba sonoramente al borde de la extenuación cuando, de pronto, el azar quiso darle un empujón.
La puerta al despacho se abrió de un golpetazo y por ella se escurrió un lobo de pelaje tan brillante como un rubí de profundo escarlata. Resollaba tan exhausto como nuestro alfa, y sufría claras heridas debilitantes por todo su cuerpo. Charquitos de sangre llenaban cada una de sus huellas por la moqueta. Parecía haber huido exitosamente, pero en un estado deplorable, del ataque por parte de los lobos del Frente de Luseu.
De primeras, aquel gran lobo rojo no vio ni al heredero de Cheonsa ni al alfa que lo acompañaba. Se aferró a uno de los lobos lacayos, que lamió los rasguños de su rostro, y preguntó desesperado por su mellizo.
Park Jimin abrió la boca de repente y el lobo que tan empecinado estaba en arrebatarle la mochila salió disparado por su propio impulso. La bolsa de costuras deshilachadas perdió entonces todo su contenido y el lobo enemigo se encargó de sacudirla hasta hacer de ella nada más que un trapo con cachos de cremallera. Jimin chasqueó la lengua contrariado por haber invertido gran parte de su energía defendiendo inútilmente aquellos documentos, pero supo que ya no merecía la pena seguir luchando por ellos. Se irguió orgulloso entre los lobos enemigos, Park Jay reparó en su presencia y, sin acabar de creerse la pusilánime fuga de su otro primo, rugió:
"¡Jae no está aquí! ¡Huyó como el cobarde que siempre ha sido!".
Park Jay se atragantó con su propia saliva al reconocer al lobo rosado. Su tartamudeo catatónico por la sorpresa sólo logró hilarse para imprecarle arduamente por las necias palabras hacia su mellizo.
"¡Jae es inteligente!", le excusó el lobo escarlata, "Se resguarda porque él sí sabe y entiende que los omega sois inferiores y no tenéis oportunidad en un combate cuerpo a cuerpo". Y presumió más del buen juicio de su querido hermano, sin saber que su cadáver flácido perdía el calor a unos pasos de allí.
Y no, no supo que Park Jae estaba muerto. De hecho, aquel día moriría sin llegar a saberlo. Park Jay y Park Jae, a pesar de quererse inmensamente, nunca habían tenido precisamente la "conexión telepática" de aquellos engendrados en el mismo vientre. Distintos como el fulgor de la Luna y una sombra bajo el Sol, era mellizos, al fin y al cabo, no gemelos. Pero no finjamos que ese detalle era lo que les había construído vidas tan desemejantes. Simplemente, una vez nacidos no habían vuelto a compartir ni un sólo recorrido. Un alfa y un omega, ¿Cómo iban a pensar remotamente igual? ¿Cómo iban a comprenderse?
Mientras que Park Jae, acostumbrado a ser un mero consejero "que escucho si quiero", se distinguía por sus luces y serena paciencia, Park Jay era todo lo contrario: un completo idiota rodeado de aplausos. Reactivo e imprudente, susceptible y crédulo, de esos que parece que tengan porexpan en lugar de cerebro. Si se le tuviera que otorgar un título, "líder de los inconscientes" le iba como anillo al dedo. Con la vida resuelta por un par de cromosomas bien puestos y su invalidez crónica para ponerse en los zapatos del otro, Park Jay jamás hubiese llegado a imaginar los malabares que había tenido que hacer su hermanito omega para siquiera encontrar un hueco en la familia. Tonto donde los haya, y de ego continuamente alimentado (y atiborrado) por el orgullo y soberbia de sus padres, resultaba ridículo verle fanfarronear con sus expresiones de mamarracho tan diferentes a los delicados y calculados gestos de Jae (irritantes por igual).
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EL OLOR DE LOS JILGUEROS
Fanfiction+18 - BTS - OMEGAVERSE - KOOKMIN / NAMJIN / SOPE El origen del conflicto entre las opuestas manadas de Geum y Cheonsa se remonta a siglos atrás, pero las recientes heridas abiertas entre las familias líderes de ambos territorios tienen a todos sus h...
