#78 parte 2

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Al despuntar el sexto día de la cuenta atrás, Kim Seokjin abriría los ojos prescindiendo del gritón sobre su mesilla.

La llama del calentador hizo retumbar las ventanas de su apartamento. Una efervescencia aromática y violácea llenó la bañera. Con un suspiro de gozo, Jin prestó sus huesos al caldo.

Durante su tiempo como jilguero, Seokjin había echado de menos su cuarto de baño más que a nada en el mundo. De escasos metros cuadrados y aún menos intimidad, las duchas compartidas de aquella casa eran un infierno para los aprensivos. ¡Oh, la repulsión era tan fuerte que todavía le daban escalofríos al recordarlas! Por el contrario, bajo la lujosa espuma con aroma a lavanda, Seokjin podía estirar los dedos de los pies sin temor a tocar un desagüe oxidado, las juntas negras entre los azulejos podridos ni una de sus grietas cortantes.

Metió la cabeza en el agua y se le quemaron los labios. Se embadurnó el cabello mojado con una mascarilla de oliva que Namjoon le había regalado en uno de sus varios intentos materialistas de disculparse con él. Por muy orgánica, ecológica, vegana y lo que sea que fuera, para la próxima sesión de balneario casero Jin volvería a mimarse con sus cosméticos caros llenos de parabenos y extractos sintéticos. También se exfolió la piel de las piernas con un mejunje meloso y se la hidrató con una leche de almendras. Después metió la cabeza bajo un chorro de agua fría y se aclaró con prisa todos los productos. Ahora que tenía un olor corporal propio y tan marcado, cualquier fragancia artificial que se echase encima le parecería excesiva y mareante.

Lijó con la toalla churros grisáceos de piel muerta. Mas al husmear su antebrazo, allí seguía la sensación incómoda y violenta de cierta injusticia. Ni siquiera había podido escogerlas y aquellas inescapables feromonas serían el olor de su carne hasta la pútrida cadaverina.

Jin jamás había mostrado predilección por las fragancias tropicales o veraniegas, pero como en la lotería de las esencias le había tocado una refrescante y jugosa, no le quedó más remedio que resignarse:

-El coco es muy versátil en la cocina. -se convencía a sí mismo- Al menos mis feromonas no huelen a azufre. -dio gracias, sintiendo una empatía y lástima tardías hacia el desafortunado compañero de instituto maliciosamente bautizado como "Huevo podrido".

Se mordió la lengua cuando el espejo del baño evidenció su mortificante murmullo:

-Mientras le gusten a Namjoon...

El inconsciente se atrevería a dudar.

Sonó el timbre y tal y como Kim Namjoon puso el primer pie en el piso de Jin también entró a lo más profundo de su boca. Con la lluvia de sus yemas impregnó la piel de arena blanca e hizo que se pusiera colorada.

Parecía que el líder había salido corriendo hacia allí nada más despertar. Sus hoyuelos acentuados eran el único rasgo alegre en un rostro por lo demás opacado de somnolencia. Su aliento sabía a mañana y llevaba el chaleco del traje desnivelado como si se lo hubiera abrochado antes de siquiera abrir los ojos.

-Me estaba bañando. No te esperaba tan temprano. -Jin se recolocó el albornoz- ¿Has desayunado? ¿Quieres un café o algo? -comentó inocente, sin reparar en qué otro apetito abría.

-Mm... -hizo ver que pensaba mientras le olfateaba el cabello limpio- ¿Pan tienes?

-Claro. ¿Con qué?

-Chocolate.

Jin rodó los ojos pero de todos modos echó un par de rebanadas a la tostadora. Mientras rebuscaba por la alacena un tarro de crema de cacao, Namjoon le pellizcó las nalgas.

-¡¿Eres un lobo o un cangrejo?! -le gritó avergonzado.

-¿Quién sabe? -preguntó picarón. Y como no se decidía, pellizcó la cintura del omega a la vez que daba un lengüetazo a su cuello.

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⏰ Última actualización: Jan 11 ⏰

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