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Saludos, querides lectores. ¡Volví! Esta vez sí que me avergüenza la tardanza. Hubo un pequeño (gigante) error de gestión y este capítulo nose subió cuando tocaba, causando un desbarajuste terrible con los tiempos. Muchísimas gracias a les que seguísaquí a pesar de todo.

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Aunque recomiendo releer un poquito antes de retomar la historia,básicamente veníamos de que Yoongi se preocupase por la falta de noticias deJiwoo. Y acababa de recibir una llamada inquietante...


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Fue el viejo conocido de Yoongi quien colgó primero. El lobo rubio se quedó con un cosquilleo en la oreja pegada al teléfono y el ligero arrepentimiento de haberse tomado ya el café.

Siendo la cafeína en su sistema irremediable, acudió atolondrado a todos aquellos que iban bajando las escaleras y entrando al comedor. Pero nadie quería escuchar los problemas de Yoongi, al menos no recién levantados.

La impaciencia llevó a Yoongi a crear un botón en su mente, uno como el del volumen de la radio, que le serviría para acelerar el ritmo del mundo hasta sincronizarlo con su nerviosismo. Fuese el botón imaginario que giró quinientas veces o el bombardeo de sus pupilas histéricas, al final consiguió su objetivo y contagió su inquietud al resto de jilgueros.

No les quedó otra, tuvieron que prestarle atención.

Jin apagó el fogón bajo la tetera e hizo saltar la tostadora antes de tiempo, negándoles a todos el bocado que llenaba de su rico aroma la cocina.

Mandó que se lavasen las lagañas y convocó una reunión de improviso en el comedor. Orientaron las sillas hacia el podio desde donde hablaría Yoongi (un taburete) y se fueron sentando. Se les permitió a cada uno una escasa taza de café; no había tiempo para ponerse a hacer más cafeteras.

Jimin pegó el canto de su asiento al de al lado y Jungkook le rodeó con un brazo. Estaba agotado; el bebé, que apuntaba maneras de futbolista, se había pasado la noche dando patadas.

El público de Yoongi no empezó siendo uno muy entregado, la verdad. Con palidez mortecina, como si el corazón que bombeaba su sangre todavía durmiese, los párpados caídos y muecas tensas tratando de tragarse un bostezo tras otro.

No obstante, a medida que el cuento se fue desvelando por los labios del lobo rubio, los rostros de hastío empezaron rápidamente a cambiar. Incluso se les olvidó el hambre de sus tripas en ayunas.

"¿Has oído hablar de la Campaña de la Extinción de la Luz?", Yoongi repitió la alarmante pregunta, anteriormente destructora de su propia tranquilidad.

-No me suena. -Jin se echó hacia delante, apoyando un codo en la rodilla de su pierna cruzada.

Viendo cómo el resto acompañaba la ignorancia de Jin con ligeros movimientos de cabeza, Yoongi les corrigió:

-Pues la conocéis. La Campaña de la Extinción de la Luz lleva años en marcha. Lo único nuevo para nosotros es su nombre.

"¿Extinción de la Luz?". Para Sana, el significado se apareció ante sus pies tan obvio y repugnante como una fétida flor cadáver.

Su familia, los Minatozaki, la familia de los Min, y muchas otras, habían sufrido en sus propias carnes las barbaries que se compendiaban en tal llamativo título.

Bajo dicha "campaña" quedaban las redadas de muerte que el señor Park había ordenado contra los aliados del Frente de Luseu. Ponerle un nombre implicaba cierta intención, cierta dirección, y el objetivo parecía ser el exterminio total de aquellas genealogías pilares de la rebeldía en Cheonsa.

EL OLOR DE LOS JILGUEROSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora