#29 parte 2

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Kim Namjoon tenía una forma singular de apretar la mandíbula. Succionaba las mejillas creando dos socavones en su rostro y mordía la carne empequeñeciendo sus labios en forma de pez. Este gesto tan propio sólo podía significar dos cosas: o bien estaba concentrado hasta la inmersión, o algo le había puesto de muy mal humor.

El líder de la manada Geum estaba sentado en su butaca de la sala de reuniones. Era una butaca de piel negra con un pie metálico regulable cuya altura siempre estaba puesta al mínimo; su padre le había inculcado que era cuestión de etiqueta no abusar de su presencia de gran alfa, y una de las mejores maneras de evitarlo era reduciendo su imponencia en cosas simples como la altura.

Aunque los aspectos físicos jamás podrían recubrir la verdad pues, francamente, a pesar del respeto que les guardaba, en ese instante Kim Namjoon se sentía superior a todos los lobos y lobas sentados alrededor de aquella mesa.

A su lado estaba sentado su achacoso padre, el líder emérito señor Kim, cuya cándida fruición por la vida había sido velada hacía muchos años. Tras ceder el liderazgo a su hijo, el señor Kim se había retirado al silencio de sus aposentos y desde entonces escasas eran sus apariciones públicas. Algunos lobos de Geum le habían dado el apodo de "Sauce llorón", porque pareciera como si la gravedad le afectase más a él que al resto del mundo; su cabello largo que crecía lacio por su espalda, sus párpados caídos y las arrugas prematuras a los lados de su sonrisa triste, todos derramaban sus facciones hacia el suelo.

Sucesivamente el otro señor Kim, padre de Kim Seokjin, un alfil de antaño que aún estando retirado siempre acudía a donde se le llamase. Estaba sentado tan recto que su cuello hacía papada.

La reunión informal en aquella sala de las oficinas parecía más bien una quedada de viejos amigos, pues estaban rodeados de caras conocidas: antiguos jefes de las oficinas, exconsejeros y otros mandamases de la generación anterior.

Los sapientes habían sido convocados para orientar con su sabiduría y experiencia al joven líder en los tiempos turbulentos que atravesaba Península 4. En palabras del emérito: su hijo, a quien veía aletargado en sus costumbres morales, necesitaba una colleja para espabilarle y una mano para guiarle. Todos los egos convocados habían aceptado encantados su invitación a brindar ayuda.

Así pues, las mejillas de Kim Namjoon se hundían con una irritación cada vez mayor mientras caía sobre sus hombros un chaparrón de consejos que no había pedido. A pesar de las buenas intenciones de su padre, el líder no veía la necesidad de replantearse ni flexibilizar sus valores en ese momento. Con Cheonsa tocando a las puertas del conflicto, Namjoon se aferraba con rigidez a su visión pacifista de la política.

Se veía incapaz de compartir las palabras vomitadas por aquella mesa, que hablaban de una gloria y de unas formas de obrar pasadas. Hablaban de talante y de afrenta, de honor y de cómo los agravios de Cheonsa sólo podrían ser detenidos con una guerra entre las manadas, una que dejase en tácita entereza un galardonado ganador (por supuesto, Geum).

Kim Namjoon encontraba irónico que aquellos que unas vez gobernaron con la prudencia y moderación en los labios, que decidieron no luchar incluso cuando su madre fue asesinada, ahora escupieran palabras bélicas por unas pocas maniobras políticas incendiarias por parte del enemigo.

Para no abrir heridas, prefería desentenderse de aquellos discursos que él consideraba hipócritas e imprudentes. Calmó sus manos nerviosas arañando los reposabrazos de la butaca y fingió reflexión.

A su otro lado, su diligente secretario se encargaba de recopilar las notas que después usaría para redactar una respuesta agradeciendo pero rechazando las sugerencias de los veteranos. Su secretario era un muchacho avispado que mostraba un interés asombroso en las faenas más tediosas y confiaba plenamente en sus oídos sagaces para recopilar toda la información necesaria. Sabía que, aunque su mente fuera incapaz de destilar nada meritorio de aquel coloquio, su secretario cazaría y resumiría los puntos claves con excelencia.

EL OLOR DE LOS JILGUEROSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora