A lo largo de las próximas semanas, habría tantos motivos válidos para llorar como otros igual de respetables pero un poco más absurdos. Las hormonas desbocadas por el embarazo serían las responsables de un sinnúmero de crisis y llantos.
Jungkook aprendió a dar la justa importancia a dichas lágrimas, mas siempre besarlas con ternura de vuelta a los párpados. Y, si Jimin se comía la cabeza por culpa de algún disgusto, el alfa debería devorarle hasta hacerle olvidar.
Fue durante esos impredecibles días de altibajos a cascoporro y arrumacos tan necesarios como el aire, que el cuerpo de Park Jimin cambió de la noche a la mañana.
La adolescencia ya le quedaba lejos, pero Jimin todavía tenía clavada la espinita de no haber crecido más alto durante el último estirón. En sus esfuerzos por alcanzar la estatura ideal, había llegado a colgarse bocabajo de las carísimas cortinas de damasco del Palacio Carmesí, por ver si la gravedad le alargaba unos centímetros. Pero ninguno de sus descabellados inventos había resuelto la popular inseguridad varonil.
Y de pronto ahora, sin haber hecho más esfuerzo que abrir las piernas y llenarse los carrillos a antojos, se miraba en el espejo y había crecido. Pero a lo ancho.
Siempre le había sido mucho más fácil crecer a lo ancho.
Hacía falta ser observador, pero su cachorro ya aullaba en su bultito de existencia: "¡Estoy aquí!".
Por supuesto, también había otro tipo de cambios cuya vulgar mención sería más bochornosa.
"De aquí va a salir leche", se espantaba mientras se manoseaba los senos, sacudido por la grima y una picazón insoportable.
Al tomar en consideración todo lo mencionado, no era de extrañar que le pillase rápidamente el gusto a la ropa dada por la madre de Seokjin. Las prendas holgadas eran ligeras y frescas, piadosas con sus nuevas curvas y suaves con sus montañitas sensibles.
Pero la ropa de premamá no tiene por qué ser la más favorecedora y, para silenciar los reproches de su peor crítico, huyó de su reflejo. Así fue como el omega pasó a vivir completamente ajeno a su propio resplandor.
Ignoró sin saberlo las nuevas luces de su expresiva mirada, la tersidad de su tez radiante, el alba más mágica que se reflejaba a todas horas sobre su testa. El halo de vainilla a su alrededor también se había intensificado. Tanto que Jungkook agradeció estar encerrados en una casa en mitad de la nada donde ningún alfa podría ponerle los ojos encima.
Sin embargo, de haber habido otro alfa sin enlace junto a ellos, Jimin no lo hubiese ni visto. Cuando alguna ráfaga violenta del viento estival arrancaba el aroma de su piel, el omega se ponía ansioso y corría a refugiarse en las feromonas de su alfa. Quizás al lobo de Cheonsa aún le inquietasen los latidos de su corazón dirigidos a un lobo de Geum o los aullidos de la sangre mezclada en su vientre pero, mientras el lobo negro se esmerase en construirle buenos nidos, el lobo rosa no tendría interés en abrazarse a nadie nuevo.
Entretanto, el secreto de dos se fue agenciando nuevos cómplices.
Byulyi fue la primera de los jilgueros en preguntarle directamente a Jimin. Ocurrió un día que nadaban en el río.
Nadie se había traído el bañador a una casa de refugiados, así que les tocó lucir ropa interior. Para no sentirse tan desnudo, Jimin vestía también una camiseta negra. Al salir del agua, chorreaba por todos lados. Empapada, la ropa se pegaba a la piel y resaltaba su perfil hinchado.
Nayeon terminaba sus abluciones a la orilla del río cuando el omega pasó por su lado y despertó su ojo perspicaz. El inicial y sensato "No puede ser, estarás imaginando cosas" fue rechazado y sustituido por un insaciable "¿Y si...?".
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EL OLOR DE LOS JILGUEROS
Fanfiction+18 - BTS - OMEGAVERSE - KOOKMIN / NAMJIN / SOPE El origen del conflicto entre las opuestas manadas de Geum y Cheonsa se remonta a siglos atrás, pero las recientes heridas abiertas entre las familias líderes de ambos territorios tienen a todos sus h...
