Un moscardón peludo aporreaba el vidrio de una ventana entornada. Ser de ojos inútiles, la creía cerrada y zumbaba de un lado para otro sintiéndose atrapado en aquel salón. Cualquiera lo haría.
Adentrarse en el Palacio Carmesí era como hacerlo en un globo; y respirar el aliento caliente de quien lo infló. Perfumado estaba su ajuar de unas influencias tan intensas que desafiaban al paso del tiempo y perduraban mucho más allá de la vida y muerte de sus portadores originales.
Para un simple lobo ordinario, el breve olfateo de aquellas paredes podía resultar hasta orgiástico, puesto que sus dóciles morros jamás habrían olido nada igual. Pero superado el lapso de una visita, la vida en aquella fastuosa mansión se volvía tan asfixiante como una bodega en plena fermentación. Y eso que, cada día sin falta, el servicio de la casa se encargaba de ventilar todas las zonas comunes. No obstante, siempre quedaba algo polvoriento en el aire, una especie de tufo rancio, que no se desalojaba con la corriente y era imposible de barrer o aspirar.
El señor Park levantó una mano y, ¡Zás!, el moscardón de alas verdes y tripas amarillas se estampó contra el zapatito izquierdo de Park Jimin. Un repeluzno quiso recorrer su cuerpo pero Jimin se quedó bien rígido. Con diez años cumplidos, ya había aprendido que su padre no apreciaba el escándalo.
Aun así, no debió dominar la expresión de asco porque, entretenidos, sus tíos y tías colmaron el salón de risotadas fanfarronas y maliciosas.
-No pongas esa cara, hijo. -por más que la sonrisa de su padre correspondiese a la guasa del resto, los ojos que sólo Jimin veía, daban miedo- Ni que hubiese sido adrede.
Jimin no contestaría.
En cuanto tuvo ocasión, se escabulló de la reunión familiar. Aventurero como cualquier niño aburrido, hizo sus rondas habituales por el palacio, poniéndose a pensar en las mismas cosas de siempre. Giró una esquina, y otras cuantas. Las risas de su familia continuaban restallando en el salón.
"¿Qué puede ser tan gracioso? Nada de lo que dicen me lo parece", se preguntaba Jimin, turbado por su incomprensión hacia un mundo adulto, enrevesado y distante, al cual pertenecer, aunque inevitable con el tiempo, se le hacía algo inimaginable.
"No creo que yo sea capaz de reír así", le preocupaba.
Fue temprano, demasiado temprano, que Jimin deseó por primera vez no llegar jamás a esa edad.
Por lo menos aquel día, la familia Park había tenido piedad con su tierno sobrino, y nadie había traído consigo a los seres del averno que tenían como hijos. Incluso si no entendía las conversaciones en la mesa y sus escasas intervenciones eran objeto de burla, Jimin prefería mil veces ser la mofa de los mayores a que le obligasen a jugar con los primos de su edad. Insufribles y violentos, más bestias que niños, eran la manifestación sin filtros de la maldad domada de sus padres.
Siguió andando y en busca del silencio se desvió por un corredor que no frecuentaba tan a menudo. En parte porque se encontraba al fondo de un ala remota y en parte porque, aunque le resultase fascinante, los escarmientos ya le habían advertido que no era lugar de juego.
El corredor sólo tenía una salida, y esta daba a parar a la galería privada del Palacio Carmesí. En el dintel de piedra sobre la puerta de dos alas, una inscripción se leía: "Aquel que custodia el pasado, posee el presente".
Y verdadero era, lo que dictaba. Personas de la más ilustre prosapia, personas que lo habían gobernado todo, por siglos habían ido recolectando aquel total de cuatro pabellones gigantescos donde se exponía la colección privada de la familia Park.
Bellos poemas colgaban de las paredes, sobre atriles descansaba sabiduría manuscrita en lenguas extintas. Había pergaminos tan antiguos que, si se desenrollaban, se perdería su contenido. Había tratados viejos, discursos transcritos y documentos secretos que nunca deberían ver la luz. Incluso el papel con la primera mención conocida a la manada de Cheonsa.
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EL OLOR DE LOS JILGUEROS
Fiksi Penggemar+18 - BTS - OMEGAVERSE - KOOKMIN / NAMJIN / SOPE El origen del conflicto entre las opuestas manadas de Geum y Cheonsa se remonta a siglos atrás, pero las recientes heridas abiertas entre las familias líderes de ambos territorios tienen a todos sus h...
