#55 parte 1

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Era como si ambos tuviesen algo que decir para llenar aquel silencio, pero les faltase coraje.

En unas horas, pero, aquellos momentos extraños dejarían de ocurrir.


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La cortina estrellada se desplegaba lentamente sobre el gradiente de naranjas y bermellones. Con sus paredes de reservada negrura, la noche se erigía como una habitación íntima y recogida, protegiendo de indiscretos entrometidos el tesoro que se forjaba con sumo secretismo.

Por la puerta entornada a la terraza se colaba una corriente fresca que buscaba acariciar con sus manos mortecinas los párpados aletargados de Jimin. Entre las rendijas de luz, el omega se complacía fascinado por el abrazo de la Luna al ocaso mientras esperaba embutido en una toalla a que su cabello dejase de gotear.

El murmullo de las cañerías se detuvo, anunciando que Jungkook también había acabado con su aseo. Se escuchó un berreo seguido de un llanto y los pasos del alfa acudiendo a él entonando una nana. Jimin ni siquiera giró la cabeza para ser cómplice de las dos vidas que le acompañaban. Permanecía inmóvil bajo los arrumacos fríos de la puerta entreabierta, cautivado por el espectáculo allá en el firmamento.

En un soplo del viento singularmente violento, algo oscuro se coló al interior de la casa revoloteando hasta su nariz. Jimin ahogó un grito de pavor y agitó los brazos espantado, creyéndose atacado por un enorme insecto alado. Pero el inofensivo peso flotó grácilmente hasta posarse sobre sus pies descalzos. Se trataba de una pluma color tierra de cálamo y plumón amarillos, no más grande que un meñique e igual de delgada.

No era especialmente bonita pero, como había hecho el esfuerzo de volar hasta él, Jimin la recogió con delicadeza y dejó que se quedase en el hogar. Le otorgó la barandilla de las escaleras como lecho y cerró la puerta de la terraza para evitar que el viento la siguiera mareando.

Mas al girarse de vuelta tras soltar el tirador, la pluma ya se había marchado. Como una señal de humo: se había dejado ver, mostrado su mensaje, y ulteriormente esfumado.

Claro que el omega no captó nada de lo que aquella aparición significaba.

Se encogió de hombros y estornudó. Destemplado por la humedad en su piel y la brisa vespertina, Jimin bajó al salón y se refugió en el sofá. Le encantaban sus cuatro cojines viejos. Si bien no era un ejemplar de diseño, ergonómico ni nada de esa palabrería rimbombante que hace más caro un asiento, le parecía uno de los rincones más cómodos del mundo. Olisqueó la tela y se regocijó en los rastros de su alfa predilecto. La razón por la que más le gustaba aquel lugar era porque Jungkookie lo había abrazado allí.

Subió los pies al sofá, se hizo un ovillo y se cubrió hasta la cabeza con la toalla. En el televisor frente a él se reflejaba borrosa su forma triangular, como un onigiri. La casa estaba silenciosa y oscura pero, en vez de la lóbrega soledad que conocía, eso le trajo una paz sensible, casi piadosa, que le acunó con ternura hasta sellar sus pupilas dilatadas con un sueño ligero.

No mucho tiempo habría pasado cuando un arroyo de palabras suaves le desveló con la fragilidad con la que se toca una amapola:

-Jimin~ Perdona por hacerte esperar, Riku se ha despertado otra vez... Creo que no lleva bien esto de dormir sola en la habitación de Sana... -era Jungkook, susurrándole de cuclillas. Notaba su aliento cálido en la frente- ¿Vamos a acostarnos? Pareces cansado. -le dijo, peinando los cuatro cabellos rosas que escapaban fuera del velo de toalla. Después bostezó sin taparse la boca- Uf... Yo también estoy reventado...

EL OLOR DE LOS JILGUEROSHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora