El jardín se llenó de un silencio tenso tras las palabras de Ciel. Kagome rió nerviosamente, pero sus ojos se movían de uno a otro, sintiendo el peso de dos miradas que no se apartaban de ella.
-Mi lord, ¿en serio cree que un simple protocolo puede competir con la atención que merece una dama? -dijo Sebastián, apareciendo con una bandeja de plata donde descansaba un collar de zafiros y diamantes, cuyo brillo rivalizaba con el sol matutino.
Kagome abrió los ojos como platos.
-¡Sebastián! ¿Eso... es para mí?
-Por supuesto, señorita. Pensé que combinaría perfectamente con sus ojos -respondió el demonio, acercándose con la elegancia de un gato que acecha a su presa favorita.
Ciel entrecerró los ojos y, sin decir palabra, sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo rojo. La abrió frente a Kagome: dentro había una pulsera de plata con un pequeño colgante en forma de luna.
-Tómalo -dijo Ciel, con tono autoritario pero con un leve rubor en las mejillas-. Es para que recuerdes que tu lugar está a mi lado, no haciendo caprichos con otros.
Kagome miró el collar, luego la pulsera, y sintió que el corazón le latía con fuerza.
-Pero... no puedo aceptar todo esto...
-Claro que puedes -interrumpió Sebastián, colocando el collar sobre sus hombros con un movimiento rápido y cuidadoso, rozando su cuello con la punta de los dedos-. Una flor como tú merece joyas, no órdenes frías.
Ciel dio un paso al frente, tomó la muñeca de Kagome y le colocó la pulsera con firmeza, sin soltarla.
-No necesitas las joyas de un demonio para ser valiosa. Yo te ofrezco algo más que brillo.
Sebastián sonrió, pero sus ojos rojos destellaron.
-¿Algo más? ¿Acaso mi joven amo se refiere a su... fría autoridad?
-Me refiero a mi lealtad -respondió Ciel, mirándolo con desafío-. Y a que ella es mi sirvienta.
-Sirvienta, sí. Pero también una mujer que merece ser cortejada, no ordenada -replicó Sebastián, inclinándose hacia Kagome-. ¿Acaso el joven amo piensa que un contrato puede competir con un gesto sincero?
Kagome, atrapada entre ambos, soltó una risita nerviosa.
-¡Ya basta, los dos! ¡No necesito joyas ni regalos para saber quiénes son!
Ciel y Sebastián se quedaron en silencio, sorprendidos.
Ella los miró a ambos, con los ojos brillantes y el rostro sonrojado.
-Ciel... eres mi amo y me importas mucho. Y Sebastián... tu atención me desconcierta, pero no me es indiferente.
Ambos se quedaron paralizados.
Ella suspiró, tocando el collar y la pulsera al mismo tiempo.
-Pero si quieren que los note... háganlo con gestos que realmente vengan del corazón, no con regalos para ganar una competencia.
Ciel bajó la mirada, avergonzado.
-Tienes razón. Discúlpame.
Sebastián, con una sonrisa más suave, asintió.
-La señorita tiene una sabiduría que supera su juventud. Me rindo ante ella.
Kagome sonrió, aliviada.
-Bien. Ahora, si me lo permiten, iré a preparar el té. Y esta vez -miró a Ciel con complicidad- lo dejaré enfriar un poco.
Ciel casi esbozó una sonrisa.
-Eso... estaría bien.
Sebastián la observó alejarse con una expresión que mezclaba admiración y deseo contenido.
-Mi lord -dijo en voz baja-, creo que hemos conocido a alguien que no se deja ganar por joyas ni títulos.
Ciel asintió, con los ojos fijos en la figura de Kagome.
-Lo sé. Y eso la hace más peligrosa que cualquier demonio.
Desde ese día, los regalos no cesaron, pero cambiaron: Ciel le dejaba flores silvestres en su habitación cada mañana, y Sebastián le preparaba tés con especias exóticas que solo ella sabía apreciar. Ambos competían en silencio, pero con una nueva regla no escrita: ganar su corazón sin perder su confianza.
Y Kagome, entre risas y suspiros, comenzó a darse cuenta de que tal vez, en esa mansión oscura, había encontrado algo mucho más valioso que un simple empleo: dos almas dispuestas a pelear por ella, sin saber que, en realidad, ya la habían conquistado a su manera.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
