**Kagome x Esdeath**

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La primera vez que Esdeath vio a Kagome fue en medio del caos de una batalla interdimensional.

El ejército del Imperio había arrasado una aldea protegida por barreras espirituales. El frío cortante de su poder congelaba todo a su paso. Entre la nieve y la sangre, una joven de cabello negro azabache y ojos feroces caminaba descalza sobre la escarcha, purificando el aire con una luz rosada que desafiaba su hielo.

Esdeath detuvo su avance.

Por primera vez en mucho tiempo, su corazón latió más rápido.

-¿Quién eres tú, pequeña flor? -preguntó con una sonrisa sádica y fascinada.

Kagome levantó la vista, el arco espiritual aún brillando en sus manos.

-Alguien que no se arrodillará ante ti.

Aquellas palabras fueron suficientes.

Esdeath sintió cómo la obsesión nacía en su pecho como una tormenta de nieve.

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Esdeath estaba acostumbrada a tomar lo que deseaba.

Ejércitos.
Enemigos.
Amantes.

Pero Kagome era distinta.

Cada encuentro era un choque de voluntades. Kagome la enfrentaba con coraje, purificaba su hielo con su reiki, la miraba a los ojos sin temblar. Y cuanto más resistía, más crecía la necesidad de Esdeath de tenerla.

De romperla.
De poseerla.
De hacerla suya.

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Una noche, después de una emboscada, Kagome fue capturada.

La llevaron ante Esdeath, encadenada con grilletes de hielo que le quemaban la piel. La General de cabello azul la observaba desde su trono, con las piernas cruzadas y una mirada depredadora.

-¿Vas a matarme? -preguntó Kagome, desafiante.

Esdeath se levantó lentamente y se acercó. Sus dedos fríos acariciaron la mejilla de Kagome, bajando por su cuello.

-No. Matarte sería un desperdicio.
-Entonces déjame ir.

Esdeath soltó una risa baja, peligrosa.

-Eres mía ahora. Mi flor. Mi prisionera favorita.

Los días siguientes fueron una tortura lenta y deliciosa.

Esdeath no la encerraba en una celda. La mantenía cerca, en sus aposentos. Siempre vigilada. Siempre observada. Le quitaba la libertad, pero le daba placeres que Kagome nunca había imaginado.

Por las noches, Esdeath la besaba con hambre salvaje, presionándola contra las sábanas frías mientras su mano se deslizaba entre sus muslos.

-Dime que me odias -susurraba Esdeath contra su oído, introduciendo dos dedos con lentitud cruel.

-Te odio... -gemía Kagome, arqueándose a pesar de sí misma.

-Bien. El odio y el amor son lo mismo para mí.

Una noche, después de que Kagome intentara escapar, Esdeath perdió el control.

La atrapó en el bosque nevado, la empujó contra un árbol y la besó con furia. Sus manos rasgaron el kosode blanco de Kagome, exponiendo sus pechos al frío. Esdeath bajó la cabeza y atrapó un pezón entre sus labios, succionando con fuerza mientras sus dedos helados se hundían en la humedad entre las piernas de Kagome.

-Intentaste dejarme... -gruñó, mordiendo el cuello de Kagome hasta dejar una marca púrpura-. Nadie me abandona. Mucho menos tú.

Kagome jadeaba, las piernas temblando. Esdeath la hizo caer sobre la nieve y se arrodilló entre sus muslos abiertos. Su lengua, fría y hábil, lamió su centro con devoción obsesiva, chupando su clítoris mientras introducía tres dedos profundamente, follándola sin piedad.

Kagome gritó cuando el orgasmo la atravesó, su reiki explotando en pequeñas chispas rosadas que derritieron la nieve a su alrededor.

Pero Esdeath no había terminado.

Se quitó su propia ropa con rapidez y se colocó encima, presionando su sexo mojado contra el de Kagome. Empezó a moverse con fuerza, frotándose contra ella en un ritmo salvaje, sus pechos presionados juntos, sus bocas devorándose.

-Mírame -ordenó Esdeath, sujetando el rostro de Kagome-. Quiero verte cuando te corras sabiendo que eres mía.

Kagome sollozó de placer, las caderas moviéndose por instinto contra las de Esdeath. El roce era intenso, resbaladizo, desesperado. Esdeath aceleró, frotando su clítoris contra el de Kagome hasta que ambas temblaron violentamente.

Esdeath se corrió con un gemido bajo y dominante, mordiendo el labio de Kagome hasta hacerlo sangrar. Kagome la siguió, gritando su nombre mientras su cuerpo se convulsionaba.

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Después, Esdeath la abrazó contra su pecho desnudo, acariciando su cabello con una ternura peligrosa.

-No volverás a huir -susurró, congelando ligeramente las muñecas de Kagome con hielo fino-. Porque si lo haces... te encadenaré a mi cama y te haré mía todas las noches hasta que olvides que alguna vez quisiste irte.

Kagome, aún temblando y con la respiración agitada, miró aquellos ojos azules llenos de locura y deseo.

Y en el fondo, una parte oscura de ella ya no estaba segura de querer escapar.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora