El hedor a cloaca y el sonido del tráfico nocturno eran un mal olor y un ruido familiar para Leonardo. Sin embargo, la energía que había sentido esa noche era completamente nueva. Algo se había abierto paso desde otro mundo, un cosquilleo que le erizó la piel bajo su caparazón.
Sobre el tejado de un edificio de apartamentos, la vio. Una chica de cabello oscro y uniforme escolar, completamente fuera de lugar en la jungla de asfalto, con una mochila colgando de su hombro. Olía a un templo, a incienso, a la misma energía que había detectado.
"Esto no es Shibuya", murmuró la chica, mirando a su alrededor con confusión. "¿Y este agujero? ¿Dónde me ha tirado?"
Sabía que era su deber. Si aquella energía atraía a los pies de acero, debía detenerla. Leonardo se deslizó desde la sombra de una torre de agua, sus katanas aún enfundadas.
-Alto ahí -dijo, su voz grave pero controlada. La chica dio un respingo y se giró. Sus ojos se abrieron como platos al verlo.
-¿Una... tortuga gigante con armas? -preguntó, con más incredulidad que miedo-. Vaya, y yo que pensaba que un demonio gigante era lo más raro que vería en mi vida.
-No soy un demonio. Soy un guardián. Y no deberías estar aquí. El portal que usaste...
-Yo no usé ningún portal, ¡me empujaron! -lo interrumpió, enfadada. Luego, su expresión cambió, su instinto de cazadora se activó-. Y apuesto a que quien me empujó está usando esta ciudad como su nuevo patio de juegos. No tengo tiempo para charlar.
Y sin más preámbulos, saltó. No era un salto normal. Leonardo vio cómo su cuerpo se elevaba con una agilidad y altura imposibles para una humana. Dobló sobre el borde del siguiente edificio con una gracia felina.
No puede irse así.
Leonardo no lo dudó. Desenvainó una de sus katanas y corrió. El viento silbó en sus placas mientras saltaba, su caparazón reflejando la luna. La persiguió.
-¡Espera! -gritó, aterrizando tras ella.
-¡Déjame en paz! -respondió ella, sin mirar atrás.
Era un baile nocturno. Kagome corría, sus zapatos haciendo un leve ruido metálico en las planchas de ventilación. A cada salto, Leonardo la seguía, un paso detrás, siempre en su sombra. Era más rápido, pero ella era escurridiza, y además, lanzaba algo que él no esperaba: flechas. De energía púrpura.
Leonardo giró para esquivar una que pasó rozando su hombro. El impacto en el ladrillo del edificio dejó un agujero humeante.
-¡¿Qué clase de arma es esa?! -exclamó, impresionado.
-¡Una que usaré contigo si no dejas de seguirme! -le advirtió, pero su tono no era de odio, sino de frustración.
En un momento de distracción, al saltar a un tejado lleno de tuberías, Kagome tropezó. Iba a caer. Leonardo se movió antes de pensar. Su cuerpo fue un destello verde y azul. La atrapó con un brazo justo antes de que ella se estrellara contra el asfalto. La sostuvo en el aire, un segundo de silencio. Olía a jazmín y a pólvora mágica.
-¿Ves? No soy tu enemigo -dijo él, su voz más suave.
Kagome lo miró, sus ojos marrones encontrándose con los blancos de la máscara de su captor. Su corazón latía fuerte, no solo por la carrera. Sintió su fuerza, un calor extraño y protector.
-Eres un guardián, ¿verdad? -susurró ella.
-Sí.
Kagome se relajó y sonrió.
-De acuerdo. Pero suéltame. Y luego, ayúdame a encontrar a la cosa que me empujó por ese agujero. Puede que necesite una tortuga ninja en mi equipo.
Leonardo la dejó en el suelo, sin soltarla del todo, su mano aún en su brazo.
-Trato hecho... ¿Kagome?
Ella parpadeó, sorprendida.
-¿Cómo sabes...
-Tu mochila. Tiene un nombre bordado.
Y por primera vez en la noche, ella rió. El sonido resonó en el silencio de la ciudad, un eco cálido y humano que Leonardo supo que no olvidaría.
-Está bien -dijo ella, cruzando los brazos y alzando una ceja con una sonrisa pícara-, pero tú, ¿cómo te llamas? Porque no pienso llamarte "tortuga palarchina" todo el rato.
Leonardo se quedó quieto un segundo, procesando el apodo. Luego, una pequeña sonrisa se asomó bajo su máscara. No era algo que escuchara a menudo.
-Leonardo -respondió, con un leve toque de orgullo-. Pero mis amigos me llaman Leo.
Kagome asintió, como evaluándolo.
-Leo... Me gusta. Más que "tortuga palarchina", desde luego.
-Me alegra oírlo -dijo él, ofreciéndole una mano enguantada de tres dedos.
Ella la aceptó sin dudar, y él la ayudó a ponerse en pie. El contacto fue breve, pero por un instante, el frío de la noche pareció menos intenso.
-Vamos -dijo ella, ajustándose la mochila-. Si vamos a cazar demonios, será mejor que me pongas al día. ¿Por dónde empieza la "tortuga guardiana" su patrulla?
Leonardo se giró, señalando con la katana hacia las luces de Manhattan.
-Por ahí. Pero vamos por los tejados. Es más seguro.
-Llevo todo el día saltando por tejados, no me importa -respondió ella, y sin esperar, ya estaba corriendo hacia el borde.
Leo la siguió, un paso detrás, pero esta vez, su mente no estaba en la misión.
Estaba en la chica que acababa de llamarlo por su nombre.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
