Any entró al elevador y pulsó el botón que los llevaría a la planta de la habitación de Poncho; y pudo darse cuenta inmediatamente de que estaba hablando de ella, y precisamente con Silvia.
Poncho: Sí, mi amor. Claro que te extraña. // Pronto la vas a ver, ella también tiene muchas ganas de estar contigo. // No me lo dijo, pero no hace falta. Sabes que yo lo sé todo. // Mi amor, te tengo que colgar –mirando a Any con una sonrisa-. Pórtate bien con tu tutor y haz todas las tareas. Cuando yo regrese lo vemos. Te amo, princesa –y colgó-.
Any –sonriendo-: ¿Estabas hablando de mí?
Poncho: Para nada –le bromea, se acerca a ella y la besa sin más-. ¿Por qué pulsaste ahí? ¿No te ibas a almorzar?
Any: Bueno... Teresa me hizo el favor de excusarme con los demás para poder estar contigo –le sonríe y se separa de él-. Digo... Si no ibas a hacer algo más importante.
Poncho –acercándose de nuevo a ella-: No tengo nada más importante que tú.
Any –separándose de nuevo-: Poncho, aquí no. ¿Qué tal que se abren las puertas y nos ve alguien?
Poncho: Tienes razón. Pero es que no me aguanto.
Any: Vas a tener que aguantar.
Cuando se volvieron a abrir las puertas del elevador, fue en la planta de Poncho. Salieron de él, Poncho abrió la puerta e hizo que Any entrara antes que él.
Any: Hugo tenía razón –dijo viendo la suite-.
Poncho: ¿De qué?
Any: Tu padre siempre escoge la suite.
Poncho: ¿Y él como lo sabe?
Any: Dice que es el fan número uno de tu papá.
Amos se miraron y estallaron en una risa.
Poncho: ¿Por qué te cambiaste de ropa?
Any: La de tu empresa la tengo que devolver a la mía.
Poncho: Pues te sentaba muy bien. Supiste escoger. Cuando entraste en la habitación de la entrevista me dejaste sin palabras. Y sin aliento. Ver ese color de ropa sobre la tonalidad de tu piel y a juego con tus ojos, me hizo saberte más perfecta de lo que ya me pareces –dijo ruborizando el rostro de Any-. ¿De verdad no sabías que era yo a quien ibas a entrevistar?
Any: No, ¿por qué lo preguntas?
Poncho: Porque sabes que me encantas con el pelo recogido –se acerca a ella y la besa-. Así tengo más libertad.
Poncho comenzó a besarla por el cuello suavemente; ella movió su cabeza y cerró los ojos para sentirlo mejor, pero de pronto se detuvo.
Any: ¿Qué pasa? ¿Por qué te detienes?
Poncho: ¿No nos va a interrumpir Julián? –Any negó con la cabeza sonriendo y le dio un piquito-. ¿Cómo lo sabes?
Any: Porque ya hablé con él y se quedó tranquilo.
Poncho: ¿Cómo que se quedó tranquilo? ¿A qué te refieres?
Any –suspira-: Le dije que te hice la entrevista.
Poncho: ¿Cómo? ¿Sabe que estamos en el mismo hotel?
Any: Yo no dije eso. Nada más le dije que te hice la entrevista y ya.
Poncho: ¿Y no se puso como un energúmeno?
Any se descalzó y se sentó en la cama, cruzando sus piernas y poniéndose una almohada en ellas piernas para apoyar sus brazos.
Any: No. Al principio se puso celoso, pero no pasó de ahí. No perdió las formas –suspiró-.
Poncho: ¿Y se quedó tan tranquilo así? ¿Sin más? –Sentándose frente a Any-.
Any –sin mirarlo-: Me prometió que no iba a tomar alcohol si iba a verlo.
Poncho: Así que es verdad lo que me dijo Alejandra.
Any –mirándolo extrañada-: ¿Qué te dijo?
Poncho: Que Julián está cambiando. Y que parece que va en serio.
Any –se encogió de hombros-: No sé, Poncho... Te juro que no sé... No entiendo nada. Sé que tengo que ayudarlo y creo que es con el tema del alcohol... Pero no sé cómo hacerlo. No sé cómo hacer que él se dé cuenta de que ese es su problema y que además quiera terminar con él. Que quiera dejar de tomar. Soy yo la que necesita ayuda para poderlo ayudar a él.
Poncho: Sigues teniéndole miedo, ¿verdad?
Any: No... No es miedo; es lástima. Poncho, crecí con él... Y me entristece mucho todo esto... no sé cómo explicarte, pero... Me entristece la manera en la que está echando a perder su vida, su salud, nuestra relación... No sé... Me entristece todo, me confunde todo...
Poncho: Te voy a hacer una pregunta y quiero que seas sincera... ¿Lo quieres?
Any: Poncho...
Poncho: Contéstame, por favor.
Any: Claro que lo quiero, no lo puedo evitar. Pero no lo amo, si es a lo que te refieres. Haz de cuentas, Poncho... Como bien te dije, crecí con él; y a veces vuelve a ser el mismo de siempre. Cuando no toma pareciera que es el Julián que me ha cuidado siempre, que siempre me ha protegido, que me ha defendido de todo y de todos... No sé, pero no lo odiar. Cuando no toma siento que puedo confiar en él, que puedo hablar con él, que incluso puedo contar con él como un amigo más –sonríe triste-. Pero no es mi amigo desde hace muchos años.
Poncho: Es tu novio.
Any: Es mi enemigo... ¿Sabes? A veces me siento culpable de que él esté así.
Poncho: Ey –le agarra la carita para que lo mire-, tú no tienes la culpa de que él esté jugando con el alcohol y quién sabe con qué cosas más.
Any: Pero así lo siento, Poncho... Soy la única persona que lo ha acompañado siempre en su vida, por lo cual, la única responsable de que se sienta mal. De todos los que estábamos unidos de pequeños, soy la única que sigue ahí. Yo sigo manteniendo a los amigos y a él ni si quiera quieren verlo.
Poncho: Pero porque él se lo buscó, ¿no? Si tú sigues manteniendo las mismas amistades que él tenía, y él no; es por algo. Y es porque tú no cambiaste como lo hizo él.
Any: Por lo que sea, Poncho... Pero no puedo –suspira-... No puedo evitar sentirme mal o culpable, como tampoco puedo evitar quererlo. Dime que me entiendes eso, por favor... Dime que no está mal.
Poncho: Supongo que sí te entiendo.
Any: ¿Cómo que supones?
Poncho: Me pasa con Leo. No lo puedo odiar.
Any: ¿Con Leo? ¿Quién es Leo?
Poncho: Era mi mejor amigo.
Any –sorprendida-: ¿Con quien encontraste a Domínica?
Poncho: Sí... Sé que cualquiera en mi lugar lo odiaría. Pero no te imaginas cuánto lo extraño, aunque suene cursi y raro... Éramos amigos desde chiquitos, como Julián y tú; y jamás nos habíamos peleado. Sí habíamos tenido nuestras diferencias alguna vez, pero se arreglaban al momento. Era el único amigo con el que podía platicar de todo; y él conmigo. No le gustaba el fútbol, pero veía los partidos conmigo; y a mí no me gusta el boxeo, pero veía los combates con él. Nos gustaba compartir muchos momentos juntos. Nos íbamos de vacaciones juntos, desde niños. Sus papás y los míos son muy amigos también; después de que sus padres se separaron y cada quien se juntó con otra persona, ellos se seguían viendo, así que siempre estaba en mi casa. O con su mamá, o con su papá. Seguía viniendo de vacaciones a nuestra casa de Acapulco, tanto con su papá y la novia de su papá, como con su mamá y el novio... Crecimos, nuestros papás dejaron de viajar juntos por motivos de trabajo; ya no coincidían las vacaciones de unos y de otros, pero nosotros seguíamos viajando juntos. Luego se casó, fui el padrino de su boda; le llevé a su esposa al altar... Tuvieron hijos, quería que fuera el padrino de alguno, pero... Al final se decidieron por la familia de ella. De hecho él es el padrino de Silvia, estuvo también en la boda de mi hermano, en el bautizo y la comunión de mi sobrino... Siempre estábamos juntos. Era como un hermano más. Hasta que un día, llegué a la casa de mi prometida para darle una sorpresa, porque no nos íbamos a ver ese día; y los encuentro juntos. En la cama. Desnudos. Haciendo el amor. O simplemente teniendo sexo, no lo sé... Pero no estaban hablando precisamente...
Any: ¿Te puedo preguntar qué pasó después?
Poncho: Nada –la mira-. ¿Lo puedes creer? Los vi, me vieron, salí de allí y estuve manejando sin saber a dónde ir. El mismo día que te conocí. Nunca me llamó. Nunca trató de explicarme, nunca me rogó que lo escuchara... Supongo que se avergüenza... Pero me entristece mucho el haber perdido una amistad tan buena y verdadera por una mujer. Por una mujer que iba a ser mi esposa, sí; pero a la que ahorita no amo –se ríe-. Qué loco, ¿no?
Any –sonríe mientras le acaricia su cara-: ¿Por qué no lo llamas?
Poncho: ¿Yo? No tengo que llamarlo. Fue él quien me engañó. Fueron ellos. Estuve tratando de hablar con ella por el tema de la boda, y nunca me devolvió una llamada... No tengo nada que hablar con él.
Any: Pero era un hermano para ti.
Poncho: Sí... Pero ya perdí a mi hermano de verdad hace años... Puedo soportar perder a Leo.
Any: ¿Te das cuenta?
Poncho: ¿De qué?
Any: Lo extrañas, admites que fue tal vez, una locura perderlo por una mujer con la que ya no estás, ni quieres estar; pero tú tampoco lo llamas a él. Para recuperar lo que tenían o... Sólo para escucharlo y que te explique.
Poncho: Es que si él no me llamó cuando los vi, ni en todo este tiempo... Será porque no quiere hablar conmigo, ¿no?
Any: ¿Por qué no te paras a pensar en lo que puede sentir él? Digo, quizás él sienta lo mismo que tú. Quizás se arrepienta, pero no se atreve a llamarte ni a buscarte porque piensa que tú no quieres saber nada de él. Sin embargo, te mueres por saber cómo está.
Poncho: Pues que me llame, ¿no? –Se levanta de la cama-. ¿Nos vamos a comer?
Any: No quieres seguir hablando del tema, ¿verdad?
Poncho: No. ¿Nos vamos?
Any: Había pensado almorzar contigo aquí... Dudo mucho que Julián no me esté espiando... Así que, no me fío de bajar. Mucho menos de salir del hotel.
Poncho: Se me había olvidado –la toma de las manos y la ayuda a levantarse de la cama-. ¿Cómo haces para que me olvide de todo?
Any sólo sonríe y lo besa.
Poncho: ¿Qué quieres comer?
Any: No lo sé –ambos rieron-. Sorpréndeme...
Poncho llamó al servicio de habitaciones, eligiendo la comida, mientras ella fue al baño.
Any: ¿Qué te pasa? –Preguntó al verlo serio, sin responder su teléfono, que comenzó a sonar-. ¿Por qué no respondes?
Poncho: Es Domínica.
Any: ¿Y por qué no le respondes?
Poncho: Porque no sé qué quiera decirme. No tenemos nada que hablar. De hecho ya te dije que no nos hablamos.
Any: Pues entonces, quizá sea algo importante. Responde.
Poncho: Igual se confundió. Ya colgó.
Pero de nuevo comenzó a llamarlo.
Any: Poncho, responde. ¿Qué tal si le pasó algo?
Poncho: ¿Y por qué me iba a llamar a mí?
Any: No lo sé, pero respóndele.
Poncho respondió poniendo el altavoz, para que Any también supiera por qué lo llamaba Poncho.
Domínica: Hola, Poncho. Perdón que te moleste, pero... No sabía a quién llamar.
Poncho: ¿Qué pasa?
Domínica –suspira-: Estoy embarazada.
Poncho: ¿Qué?
Domínica: No sé cómo pasó Poncho, porque nos estábamos cuidando, pero... Estoy embarazada.
A Any se le cambió la cara de inmediato y Poncho se dio cuenta.
Poncho: Domínica, ¿puedes pasar por mí al aeropuerto y lo hablamos más tarde? Estoy en Toluca, pero llego hoy mismo. No creo que sea un tema para tratarlo por teléfono.
Domínica: Está bien. Perdóname, neta... Pero... Estoy desesperada.
Poncho: Pues trata de calmarte, ¿sí? Mi avión sale a las 6 pm, así que supongo que a las seis y cuarto es buena hora para que estés allí.
Domínica: Sí, está bien. Bye.
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Pasión y Amor van Unidos
RomanceNunca es fácil terminar con una pareja, mucho menos después de llevar muchos años juntos y saber que esa persona es tan peligrosa, que es capaz de hacer cualquier cosa. ¿Podrá Anahí dejar a su novio para vivir su vida al lado de Poncho, el hombre q...
