Capítulo 44

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Sacó de un cajón de su mesilla una foto de la hermana.

Any: Mireia... Te necesito tanto... Desde que no estás conmigo todo ha sido muy difícil. Yo sé que Julián tampoco fue de tu agrado, que no es el mejor hombre, pero siempre lo he amado -comienza a llorar-... Desearía tanto que estuvieras aquí... Nunca sé qué hacer a pesar de tener los consejos de papá. Ayúdame como sea, por favor. Mándame una señal o algo para saber qué hacer. Tengo ganas de huir, pero sé que no sería lo más correcto, sobre todo porque mi mamá se volvería a poner muy triste de nuevo –suspira-... ¿Qué hago, Mire? ¿Qué hago con toda esta acumulación de sentimientos? Mándame tu ayuda de alguna manera. Te necesito más que nunca y no estás aquí...

Y así, hablándole a la foto y entre lágrimas se quedó dormida.

Por otro lado estaba Poncho, que sentía que Enrique le había mentido. Ya lo iba conociendo y sabía que para él su hija era intocable.

Poncho: ¿Y si le marco a Any a su celular? No... Si su papá me mintió ella lo tendrá más fácil. Pero si le hablo y es verdad que se durmió la despertaré y se enojará por haber desconfiado de ella.

Se quedó dormido con el celular en la mano. A la mañana siguiente Silvia se levantó antes que Poncho e iba a ir a despertarlo, pero escuchó el timbre. Alguien de forma desesperada llamaba sin parar.

Silvia: ¿Quién es?
María: Mi amor, soy yo, ¿puedes abrirme, chiquita?
Silvia -abriendo la puerta-: ¿Me vas a llevar tú a la escuela?
María –sonríe-: ¿Dónde está tu tío?
Silvia -haciendo muecas y negando con la cabeza-: Sigue dormidote. Y Anahí no está. Yo creo que se pelearon, porque no está en toda la casa.
María: ¿Y por qué tenía que estar Anahí aquí?

En ese momento Any iba entrando en la casa y tan pronto la vio Silvia, corrió a ella.

María: ¿Qué haces aquí?
Any -sin esperar escuchar esa voz-: Aquí trabajo.
María: ¿Acaso eres la encargada de la limpieza?
Any: Tengo cargos más importantes -entrando en la casa-. Como encargarme de las cosas que tú olvidas, como Silvia. Con permiso.
María: Ven aquí, Anahí.
Poncho -bajando las escaleras-: ¿Qué haces aquí?
María: ¡Mi amor! Vine a verte y poder pasar todo este día y esta noche contigo.

Any se quedó mirando toda esa escenita. No le hacía ni pizca de gracia que María hubiera vuelto a la vida de Poncho. Silvia tiró de Any para que fueran juntas a vestir a la niña, y Poncho se quedó con la visita.

María: ¿No me invitas a desayunar?
Poncho: María, ¿y mis papás?
María: Llegan esta noche. Yo tenía que hacer unos asuntos por aquí, por eso me vine antes. Pero ¿qué tienes? Parece que viste a un fantasma. Por cierto, ¿qué hace esa aquí?
Poncho: Es... Se está encargando de Silvia.
María: Solo eso, ¿verdad, mi amor? Dime que no me engañaste con esa.
Poncho: María, me acabo de levantar. Se me hizo tarde para llegar a la empresa, ¿puedes dejar tus escenitas?
María: No es ninguna escenita. ¿Nos vamos a la oficina, mi amor?
Poncho –ignorando sus palabras-: Espérame aquí, voy a cambiarme.

Cuando Poncho subió las escaleras pudo oír parte de la conversación entre Silvia y Anahí.

Any: Princesa... Yo nunca pude ser la novia de tu tío y ahora, dudo mucho que pueda serlo.
Silvia: ¿Por qué? Yo sé que ustedes se aman.
Any: Tal vez... Pero ya viste que tu tío tiene novia y yo...
Poncho –interrumpiéndolas-: Any, necesito hablar contigo.
Any: Mi amor, baja y llénate un vaso con leche, ¿sí? Enseguida voy.
Silvia –triste-: Está bien. Bye papá.
Any: Pues... Tú dirás -se mostraba distante-.
Poncho: Mi amor...
Any: No me digas mi amor. Tu amor está abajo, no nos confundas. 
Poncho: ¿Qué te pasa?
Any: ¿Quieres saber qué me pasa? Muy bien, yo te voy a decir lo que me pasa. Me pasa que anoche cuando hablaste con mi papá, efectivamente yo estaba llegando a mi casa, pero venía llegando de la casa de Julián. ¿Y sabes a qué fui? Fui a decirle que no quiero casarme con alguien como él. Fui a defenderte, Alfonso, a pesar de que no quisieras. A defenderte para que te dejara en paz, para que no te buscara, porque te amo, Alfonso, por eso es que fui a hablar con Julián, ¿y tú así me pagas? Eso si está bien fuerte, ¿eh? Pero nada... Que disfrutes de tu novia –trató de caminar, pero Poncho la detuvo agarrándola por su brazo-.
Poncho: No Any, espérate. Yo no sabía nada de que María llegaría hoy. Mucho menos a estas horas de la mañana.
Any: ¿Ah, no? ¿Que tus papás no te dijeron nada?
Poncho: Mis papás no me hablaron en todos estos días.
Any: Pues lo siento mucho, pero hasta que tu relación con María no termine no te quiero volver a ver. Y sé que no soy quién para decirte esto, por todo el tiempo que tú estuviste esperándome, buscándome y teniéndome paciencia pero... estos días a tu lado me armaron de valor para ir a enfrentar a Julián. Me dieron alas para poder volar y venirte a decir que te amo, que quiero compartir contigo mi vida... Pero justo llego y me encuentro aquí a María...

Pasión y Amor van UnidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora