Julián -entrando al cuarto de Any-: Necesito hablar contigo –dijo muy serio-.
Any: ¿Ahorita?
Julián: No estás ocupada, ¿no? Porque no veo ningún hombre por acá. Ahorita. Te quiero en mi oficina ya -haciendo hincapié en ese "ya"-.
Any: Si, enseguida voy...
Julián: Anahí, ya
Any: Ya voy, ¡caray! -Llegando a la oficina de él-. ¿Qué quieres?
Julián: Esta semana tienes dos días libres.
Any: Vaya... Ya me tocaba, ¿no?
Julián: No te hagas la importante, ni la remolona, ¿sí?
Any: No me hago nada ¡¡Pero bien merecido lo tengo!! ¿O acaso no soy la que más trabaja?
Julián: Que seas la mejor pagada no quiere decir que seas la que más trabaja.
Any: Mejor no respondas a eso, Any. –pensó-. ¿Para qué me dijiste que viniera?
Julián -se le pone detrás-: Con tu novio no tienes que trabajar...
Any: Julián, por favor –quitándose-.
Julián: No me obligues a nada, Anahí...
Any: Con mi novio no tengo que trabajar.
Julián: Pero si lo tienes que complacer -besándole despacio los hombros-.
Any: Para complacerte está la vida privada y no la profesional.
Julián -colocándose delante de ella, sujetándole la barbilla-: Si yo digo ahora -la agarra de la cintura y la pega a él, haciéndole sentir su miembro-, es ahora -comienza a besarla con pasión-.
Any le seguía el beso, pues ella tenía ganas de él, pero a pesar de tener ganas de él, sabía que era mejor no desobedecerlo. Julián le arrancó la blusa bruscamente, pero sin llegar a romperla, y comenzó a masajear los pechos de ella fuertemente sin dejar de besarla. Any le arrancó a él el pantalón, sacándole el botón.
Julián: Órale... ¿Así le haces a tus clientes?
Any: Cállate y no te hagas de rogar, ¿sí?
Julián obedeció a Any y ligeramente le sacó su tanga antes de la minifalda y comenzó a penetrarla con sus dedos.
Mientras tanto, en el bar, Poncho bebía y bebía Whisky sin parar.
Belén: Oye, perdona que me entrometa, guapo, pero... ¿No crees que estás tomando demasiado?
Poncho: Nada es demasiado para olvidar.
Belén: Y... ¿Qué quieres olvidar?
Poncho: Una infidelidad.
Belén: Tengo lo mejor para ti. Sígueme.
Belén nunca le mandaba a ningún hombre interesante a Anahí. Siempre le mandaba a viejos o borrachos, pero entre esos dos grupos de hombres, nunca a los guapos. Los que a ella le parecían guapos, los mandaba a la habitación de otra mujer. Pero esta vez, la otra mujer estaba ocupada, así que lo envió al cuarto de Anahí. De hecho, fue ella misma quien lo acompañó pensando que estaba muy borracho.
Belén se alegró de que Julián y Anahí no terminaran lo suyo y además, sabía que esa noche, el acostarse con Poncho, a Any le costaría una discusión con Julián.
Any -cerrando la puerta del cuarto, hablándose a sí misma, poniendo los ojos en blanco-: Otro borracho...
Poncho: ¡No estoy borracho!
Any: No me importa cómo estés, no hablaba contigo. ¿Estás preparado?
Poncho: ¿Yo? ¿Para qué?
Poncho aún no había terminado con Domínica, así que no quería serle infiel. No quería hacer lo que ella misma le hizo. Pero la belleza de Any le llamaba mucho la atención, le dejó prendado. Nunca había visto a una mujer tan hermosa.
Any: A algo viniste, ¿no? Sólo te aviso que yo no repito.
Any comenzó a sacarle la camisa a Poncho, quedando asombrada por los pectorales y el tórax de él, muy bien trabajado tras horas de gimnasio diarias, así que el calentón que Julián le había dejado, le vendría hasta bien.
Poncho por su parte, se dejó seducir aquella noche por aquella mujer, a pesar de parecerle una niña. Any tenía el rostro perfecto; ningún granito, ojos hermosos con un color claro que casi permitían ver el fondo de su alma, cejas perfectas y muy cuidadas, sin ninguna arruga ni ningún porito abierto. Y, además, no llevaba más maquillaje que simplemente una máscara de pestañas que hacía que éstas se vieran enormes y rizadas, haciéndole una forma en su ojo aún más hermosa.
Poncho: ¡Espérate! Eres una niña, wey...
Any –riendo-: ¿Una niña yo? No te preocupes, tengo más de la mayoría de edad.
Any le desabrochó suavemente su pantalón para en un momento, deshacerse del mismo, haciéndolo a un lado... Con ambas manos recorrió su torso desnudo, acariciándolo suavemente con sus uñitas, sintiendo cada musculo. Sus caricias provocaban que poco a poco el miembro de Poncho comenzara a reaccionar ante dichas caricias leves, poniéndose poco a poco más duro y erecto...
Poncho: Muchacha, espera. No quiero ser infiel.
Any –frenando en seco-: ¿Qué?
Poncho: Tengo novia, en dos semanas nos casamos.
Any: Uy, papacito... Muy tarde lo dijiste... Ya entraste, ya me pagas.
Poncho: Ok, te pago lo que quieras pero, por favor, no sigas...
Any lo miró a los ojos, sintiendo algo que jamás había sentido con nadie, aunque no se explicaba qué pudiera ser. De hecho, hasta le molestó oír que se iba a casar. Pues casi todos los hombres que iban eran hombres casados, siendo conscientes de que querían ser infiel. Hombres a los que sus mujeres hacía meses ni los tocaban.
Al igual que a Poncho ella le pareció sumamente hermosa, Any parecía que había visto a un Dios del Olimpo. Ese hombre era alto, con los ojos color verde olivo mezclados con tonalidades miel, con un color en la piel que le quedaba perfecto con el contraste que le hacía el color negro de su pelo rizado. Su barba perfectamente cuidada y recortada, sus músculos, que no eran exagerados. Se alejó un momento de él, puesto que no sería ella quien lo obligara a continuar y se dio la vuelta, dándole la espalda.
Any: Márchate entonces.
Sin saber por qué, él se levantó de la cama, la agarró del brazo, la volteó y la besó apasionadamente.
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Pasión y Amor van Unidos
RomanceNunca es fácil terminar con una pareja, mucho menos después de llevar muchos años juntos y saber que esa persona es tan peligrosa, que es capaz de hacer cualquier cosa. ¿Podrá Anahí dejar a su novio para vivir su vida al lado de Poncho, el hombre q...
