Capítulo 40

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Any: Sí, pero... Me cuesta tanto creerlo... No sé... Me parece un hombre tan bueno que... No creo que haya sido capaz de eso.
Poncho: Ya veo... Lo defiendes, ¿no?
Any: ¿Qué? No lo defiendo, Poncho. Nada más te digo que Alejandra está equivocada... Cuando lo conocí no parecía para nada que fuera un hombre de es -Poncho la interrumpe-.
Poncho: ¿Sabes qué? Ya déjalo, en serio... Espero que pronto te des cuenta de quién es tu amiguito Aarón...

Tanto uno como el otro estaban hablando de cosas muy distintas. Claro, Alejandra le contó la verdad a Poncho, pero a Any no... A ella tenía miedo contarle la verdad, aunque en el fondo quería hacerlo. Le daba miedo perder la amistad que mantiene con Anahí desde edades tempranas. Sentía un pánico inmenso al sentir que Any defendería a su amigo, o que se enojaría con ella por no contarle la verdad desde el momento en el que le pasó la primera vez.

Any: ¿De qué estás hablando? ¿Qué tiene que ver Aarón con Alejandra y Diego?
Poncho: ¿Por qué metes a Diego?
Any: Yo no lo metí, él sólo lo hizo. ¿A qué viene que tú menciones a Aarón?
Poncho: ¿Cómo que él sólo lo hizo? Anahí, Diego no tiene nada que ver en el asunto de Alejandra. Es más, ni siquiera está enterado de lo que pasó. Creo.
Any: ¿Cómo no va a estar enterado si él fue quien se fue con otra mujer? ¿O qué? ¿No estás enterado tú de que tienes novia?
Poncho: Anahí, se la verdad; no tienes por qué estar fingiendo.
Any: ¿Qué verdad? ¿De qué hablas? No estoy fingiendo nada.
Poncho -respiró hondo-: Creo que estamos hablando de cosas diferentes Anahí.
Any: Más bien tú quieres ponerme en contra de Aarón también, ¿no?
Poncho: ¡¡Por supuesto que no!! Lo único que quiero que hagas con ese tipo es que no te dejes engañar. Me vale si te pones en contra o no. No quiero que te dejes engañar por una imagen que él te da y luego que te decepciones.

Any respiró hondo, se sentó en el lado de la cama en el que ella dormiría y cerró los ojos. Volvió a abrirlos, no quería discutir, no otra vez con Poncho por el mismo asunto. Es increíble, pero lo hizo... Se relajó en tres segundos, se mordió la lengua y se tragó el coraje y el orgullo. No quería perder a Poncho, no quería discutir con él porque su amiga no le hubiera contado la verdad. No dijo nada, no se movió, sólo se le escapó un par de lágrimas.

Poncho: ¿Estás bien?
Any -sin moverse-: ¿Por qué no confía en mí? -Preguntó con la voz rota-.
Poncho: Mi amor, si confía en ti... Seguro que nada más necesita encontrar las palabras exactas para contártelo.
Any: Me duele esta situación, Poncho. El ver que mi mejor amiga sabe todo de mi, todo... Y que yo no sé nada de ella... Y lo peor no es eso, lo peor es que un amigo tiene algo que ver –dijo llorando-.
Poncho: Any, no te mortifiques así. Te lo va a contar, te digo que sí. Ella quiere contártelo. Alejandra te adora, Any... Y no te lo digo porque sea mi amiga y tú seas mí... Mi...
Any: Dilo, tu amante.
Poncho -se puso de rodillas a su lado-: No, no lo diré porque para mí eres algo más, eres mucho más. No eres para mí eso que dijiste, para mí eres mi novia. Una amiga entre los demás y... No sé qué seré para tu futuro esposo...
Any -lo miró a los ojos-: No serás nada para él.
Poncho: ¿Ni si quiera le piensas decir que existo? ¿Es que yo no estaré invitado a tu boda? ¿Silvia si y yo no? -Le preguntó para tratar de animarla-.
Any: No es por eso, tonto. Es –suspiró-... Es que es todo tan difícil, tan complicado, que... No me quiero casar con él. No quiero, te lo juro, pero es que no sé... No sé cómo decirle.
Poncho: Si me dieras la oportunidad de estar contigo aunque sea como amigo delante de él.
Any: Es que él también se merece la oportunidad que le estoy dando, Poncho. Entiéndelo, Julián ha estado conmigo toda la vida, desde chiquitos compartimos todo, me conoce mejor que nadie y es el hombre -Poncho no la deja terminar de hablar-.
Poncho: ¿Segura? ¿Mejor que tu papá o tu mamá? ¿Te conoce mejor que yo? Porque perdóname, pero creo que yo te conozco más que él. Any, siento que conmigo no finges. Me muestras tu corazón tal cual es, te muestras tal y como eres. Eres una niña cuando puedes serlo y una mujer cuando tienes que serlo. En la cama, en la casa, en el cine... En donde sea -le dice acariciando su carita-.
Any –llorando-: No me lo hagas más difícil, por favor... Te juro que esto no está siendo nada bonito.
Poncho: ¿Te estás arrepintiendo de lo nuestro? ¿De todo lo nuestro?
Any -acariciándole la carita-: No. No, Poncho, claro que no. No me arrepiento de nada... Me refiero a que -titubeando-... Lo nuestro es hermoso, Poncho, siento que estoy hecha para ti y que tú estás hecho para mí. Siento que el destino es quien nos unió y yo... Yo no estoy sabiendo cómo llevar esto, le temo a la vida, Poncho. Tengo miedo de que algún día tú y yo seamos novios y lo eche todo a perder, tengo miedo de perderte. Tengo miedo de que encuentres mis defectos y ya no sientas por mí nada... Tengo miedo de...
Poncho –cortándola-: De Julián. Any, no tienes miedo de echar lo nuestro a perder, porque eso lo hacemos cada vez que nos separamos, cada vez que volvemos a pasar un día sin vernos ya no somos los mismos. Nos llenamos de orgullo, nos gana eso.
Any: Sobre todo a mí -agachó la mirada, ya sin llorar-.
Poncho -sujetándole la barbilla-: A los dos, mi amor... Yo no me quedo atrás. Si te digo la verdad, cuando te presenté a María -suspiró-... No estoy con ella por darte celos, pero cuando te la presenté si lo estaba haciendo así; para provocarte, para que me odiaras para siempre, para que te murieras de celos. Pero por dentro me estaba quemando, me estaba muriendo yo mismo.
Any: Poncho, si yo no termino con Julián no es por darte celos, provocarte o conseguir que me odies, quiero que sepas eso siempre. Pero es que hay algo que me lo impide, es algo que tiene que ser superior a mí... Aparte porque tampoco es que quiera hacer nada aún. No tengo nada claro... Julián me hizo mucho daño, pero parecía arrepentido de verdad.
Poncho: Mi amor, ya se. Yo sé que si no terminas con él no es por mí. Ven...

Poncho se sentó en la cama abriendo sus piernas y poniéndola a ella entre medio, con su espalda en el pecho de él, su cabeza un poco más arriba, dejando que la frente estuviera apoyada en su cuello, abrazándola por su vientre, con sus dedos entrelazados con los de ella.

Poncho: ¿Por qué no te vas un tiempo? ¿Por qué no te tomas unos días y te vas a algún viaje?
Any: No puedo hacer eso. Menos después de estar estos días contigo. Creo que para hacer eso antes debería también estar otros días con otra persona, ¿no?
Poncho: ¿Y crees que eso sea lo mejor? Para todos...
Any -suspiró y apretó las manos de Poncho sin hacerle daño, haciéndole saber que tenía frío-: No sé, tal vez sí. Tal vez por ahí pueda asegurarme más.
Poncho -abrazándola tras taparla con la sábana para quitarle el frío-: ¿De qué te vas a asegurar si ya me dijiste que no te quieres casar con él?
Any: Asegurarme de que quiero estar contigo. Poncho... Quizá lo que me dé tanto miedo eres tú...
Poncho: ¿Yo? ¿Por qué?
Any: No tú, perdón... Sino... No sé... Encajar mi vida con la tuya... O... No sé -suspiró-.

Any agarró a Poncho de las manos, se las quitó del vientre, las apoyó en las piernas de él haciendo fuerza para incorporarse y darle un besito en la mejilla.

Any: Gracias.
Poncho: ¿Por qué?
Any: Por tenerme tanta paciencia, por estar esperándome tanto a pesar de que sé que estás sufriendo lo mismo o más que yo.
Poncho: Any...
Any: Espérate, déjame terminar... Gracias porque con tus regaños cuando digo algo que no te gusta oír, me estás haciendo mejor persona y estoy aprendiendo mucho por tu culpa.
Poncho: ¿Cómo por mi culpa? Será gracias a mi, ¿no? –Le dijo de broma-.
Any -con risa forzada-: No, ¡¡por tu culpa!! -Le da un besito en la comisura-. Oye, pero... Volviendo a lo de Alejandra... ¿Crees que mañana se atreva a contarme?
Poncho -encogió los hombros-: Quien sabe... Solo no la presiones a que te cuente, ella va a sentir qué momento es el adecuado -le da un piquito-. Pero ya vamos a dormir, ¿no tienes sueño?
Any -le sonrió-: Si... Vamos a dormir -Any se acuesta apoyando su cabeza en el pecho de él-. Quiero dormir así, rodeada de tus brazos fuertes -con voz de bebé-.
Poncho: ¿Fuerte, fuerte? –apretándole-.
Any: ¡¡Ay no!! Me estás aplastando, bruto...

Rieron, se dieron un besito muy tierno, Any lo miró a los ojos, le dio nuevamente las gracias, otro besito, volvió a su pecho, y mientras Poncho le acariciaba haciéndole cosquillitas en su brazo, se quedaron dormidos.

Al día siguiente Poncho se despertó el primero, notó que aún Any estaba recostada en su pecho, así que con mucha delicadeza la apartó, después de darle un beso en la cabeza. Se vistió, fue a despertar a Silvia y a preparar los desayunos.
Más tarde se levantó Any, fue al dormitorio de Silvia y ya no estaba, se vistió y bajó a la cocina.

Any: Buenos días.
Poncho -le da una sonrisa-: Buenos días.
Silvia: ¡¡Any!! ¿Me vas a llevar a la escuela?
Any: Claro, mi amor.
Poncho: ¿Tú la vas a llevar? Yo pensé que iría yo.
Silvia: Ya no te pongas celoso, tío. Te amo, pero tú me llevas siempre -subiéndose a la mesa para darle un abrazo a su tío-.
Any -riendo y acercándose a ellos-: Si tu tío me da el permiso de llevarte, yo te llevo, pero si se pone celoso no creo...
Poncho -cargando en sus brazos a Silvia-: Primero, no estoy celoso; segundo... Princesa, te dije muchas veces que no te subas a la mesa; y tercero -a Any-: deja de malcriar a mi sobrina –rió-. Puedes acompañarnos.

Rieron los tres y dos segundos más tarde llegó Alejandra.

Alejandra: Buenos días.

Nada más le respondieron Poncho y Silvia, aunque después lo hizo Any, pero de manera que se le notó su enojo.

Alejandra: ¿Y ahora tú? ¿Qué te pasa?
Any -con mirada amenazadora-: ¿No lo adivinas?
Poncho: Silvia, vámonos al coche.
Silvia: No, tío, yo quiero que venga Any conmigo.
Poncho: Silvia, por favor, no me vayas hacer enojar.

Sequedaron Any y Alejandra solas en la cocina.

Pasión y Amor van UnidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora