Any –llorando-: No puedo, Poncho... Debo estar con él...
Poncho: ¿Por qué? ¡Ni que le debieras la vida a ese estúpido!
Any: No es solo eso... Poncho, te juro que quisiera irme de ese lugar en el que estoy, pero no puedo... Julián me amenazó...
Poncho: ¿Qué? ¿Con qué te amenazó?
Any: Eso no importa.
Poncho: A mí sí me importa, Any. ¿No entiendes que me importas? Tú y todo lo que te pase.
Poncho se arrodilla delante de Anahí, acariciándole la cara y mirándola a los ojos.
Tras varios segundos de silencio, Any le confesó a Poncho...
Any: Me amenazó con que mis papás y toda la gente que me conoce sepa donde verdaderamente trabajo.
Poncho: ¿Cómo...? ¿Que tus papás no....?
Any: No. Mis papás creen que trabajo en un bar, que está en la misma ciudad. Si se enteran de la verdad... Me van a odiar, Poncho -llorando se abraza a Poncho-. Me van a odiar y no van a querer saber nada de mí.
Poncho -lleno de dolor y rabia-: Ya, Any... Tus papás jamás te van a odiar... Tu mamá no sé, porque con ella no traté, pero tu papá es un amor de persona, Any, y no creo que te odie jamás, aunque se entere de la verdad. Y de tu mamá creo que puedo decir lo mismo... Son unos ángeles, Anahí, tus papás son unas personas súper adorables y son capaces de comprender todo. Sé fuerte y valiente y lucha por ti, Any, lucha por tu felicidad. No le debes la vida a ese hombre.
Any: No sabes nada...
Poncho: ¿Acaso fue él quien te dio la vida?
Any: No quien me la dio, pero sí quien me salvó. Verás... Julián y yo estamos desde muy chiquitos juntos. Éramos amigos, pero lo nuestro siempre iba más allá de una amistad. Luego él se fue a los Estados Unidos con su papá y yo me quedé acá. Cuando regresó, cada uno tenía su pareja, pero yo no era para el otro ni él para la otra. Los dos terminamos la relación después de poco tiempo de su regreso, fingiendo ser amigos, pero a nadie podíamos engañar... Una noche nos besamos, hace años y desde ahí somos novios...
Poncho: En estas palabras no encuentro dónde le debes la vida, así que explícame.
Any: Cuando estábamos chiquitos, era él quien siempre ponía su vida en peligro para salvar la mía... Yo de chiquita me subía a los árboles cuando jugábamos, y él se subía detrás de mí para sujetarme y que no me cayera... Cuando alguien se burlaba de Edgar, mi mejor amigo, yo siempre lo defendía metiéndome en millones de problemas con gente más grande que yo, y ahí estaba Julián para sacarme de ellos enfrentándose él... Cuando estábamos más grandes, recuerdo que una vez yo iba muy despistada por la calle, y casi me atropella un coche, pero Julián apareció de la nada, y me salvó. Lo atropellaron a él por salvarme a mí. Dos meses estuvo en el hospital. Y como estas... Mil cosas podría contarte.
Poncho: Pero hay algo más importante detrás de todo esto que me estás contando, Anahí.
Any: ¿Más importante que la vida?
Poncho: No. Más importante que Julián, y ese "algo más" son tus sentimientos, tu corazón, tu bienestar, Any, sobre todo el psicológico, pero sobre todo, tu dignidad. Tú tienes una dignidad que poco a poco él te está robando.
Any: No digas tonterías.
Poncho: ¿Crees que son tonterías? Él te hizo creer que por dedicarte a eso que te dedicas, nadie puede quererte, te hizo creer que sólo vales para acostarte con hombres por dinero. Any, por Dios, ni siquiera me dejas quererte.
Any: ¿Qué dijiste?
Poncho –pensando-: Maldita sea, Poncho, ¿qué haces?, ¿qué dices? ¡Arréglalo!
Poncho: Que no dejas que nadie te quiera, no dejas que nadie se te acerque a darte amor.
Any –pensando-: Qué absurdo, Anahí... Cómo piensas que Poncho podría haber dicho eso que te pareció escuchar...
Poncho: De todo el mundo quieres alejarte. Tú misma me dijiste que no merecías ni ser madre.
Any: No merezco que nadie me quiera.
Poncho: ¿Es que acaso cometiste algún crimen?
Any: No. Pero soy una –Poncho no la dejó terminar la frase-.
Poncho: Any, es que... Me duele tanto verte así...
Any: ¿Y cómo quieres que esté si estoy en un túnel sin salida?
Poncho: Busca la salida, Any. Todo en la vida la tiene, nada más que a veces no queremos verla, pero te aseguro que todo tiene salida. Busca la salida a este laberinto que te destruye, pide ayuda si crees necesitarla, estoy seguro que todo el mundo que te conoce querría ayudarte. Tus papás, Alejandra, Edgar...
Any -llorando, se abraza de nuevo-: Ayúdame tú, por favor... Necesito que tú me ayudes, Poncho. No puedo sola, se me viene el mundo encima al pensar que mis papás podrían enterarse de todo.
Poncho -separándola para secarle las lágrimas-: A ver, Any... Yo te ayudo. A todo lo que quieras, sobre todo a que tus papás no sepan la verdad, pero tú tienes que ayudarme a mí.
Any: ¿Yo? ¿En qué puedo ayudarte yo?
Poncho: En todo... Necesito que me ayudes contigo misma, necesito que tú misma ayudes a tu corazón y lo abras a todo aquel que llegue nuevo en tu vida, así como lo hiciste con mi sobrina.
Any: Pero no puedo abrirle mi corazón a todo el mundo que llega nuevo a mi vida, Poncho... Todos los días llega algún hombre nuevo...
Poncho: No me refiero a esas personas, y creo que sabes bien por el camino que voy, ¿no?
Any: Sí, ya te entiendo -mirando la hora que era-. Poncho, perdóname. Es súper tarde... Y yo de pesada aquí sigo... Tú tendrás que madrugar mañana y todo y yo tengo que ir a la universidad y así... De verdad, perdóname...
Any se levanta de la cama muy avergonzada por la hora que era y ella que seguía allí. Se dirigió a la puerta de la habitación, pero Poncho la detuvo agarrándola de la mano.
Poncho: Quédate.
Any -mirando la mano de Poncho que la estaba sujetando-: ¿Qué?
Poncho: Quédate, por favor... Digo, es muy tarde, sí, pero no tengo que ir mañana a trabajar a la empresa, puedo hacerlo desde casa, es sólo ponerme en contacto con algunas otras empresas. Además, mis papás no están y no puedo llevarte... Ya sabes, Silvia tiene tan sólo cinco años... No puedo dejarla sola.
Any: Pero puedo irme en un taxi, de verdad, no te preocupes.
Poncho: No te voy a obligar a quedarte, pero te lo pido como un favor, ¿sí? Me da mucho miedo que tengas que irte sola. Y más aún como estás.
Any: Poncho... Pero...
Poncho: Por favor. No te preocupes por la cama, tú puedes dormir aquí y yo... Pues, yo puedo dormir en la cama de mis papás, o en el cuarto de invitados.
Any: Pero... Ahí debería dormir yo, ¿no? Soy la invitada.
Poncho: No, no, en serio. Tú duérmete aquí. Quiero que estés como en tu casa, y el cuarto de invitados no es para alguien como tú. Aparte, aquí en mi cuarto tienes libros, puedes agarrar el que quieras, o... Puedes ver la tele, usar el baño cuando quieras.
Any: Bueno... ¿Y mi pijama?
Poncho: Puedo prestarte algo de mi mamá –rió al ver la cara que puso Any-. Tiene pijamas muy modernos, ahorita te traigo uno.
Poncho iba por la puerta, cuando Any le dijo "gracias", él sólo le sonrió y fue a por el pijama.
Any entró al baño del dormitorio de Poncho a ponerse el pijama, mientras Poncho la esperaba fuera.
Any -saliendo, se ríe-: Me queda enorme...
Poncho -riendo también-: Bueno... Teniendo en cuenta que estás más chiquita que mi mamá...
Any: ¡Oye! -lo mira aguantando la risa-. ¡Con mis proporciones corporales no te metas!
Any corre hasta Poncho, que estaba sentado en la cama, y se le tira encima, cayendo él hacia atrás.
Poncho –riéndose-: ¿Te digo algo?
Any: Piensa muy bien lo que vayas a decir...
Poncho: No tengo que pensar mucho, es sólo decirte que si quieres aplastarme la barriga... No lo vas a conseguir.
Any: ¿Por?
Poncho: Porque estás muy poco pesada y muy chiquita -se ríe de ella-.
Any –abre la boca haciéndose la sorprendida-: ¿Qué? ¡Serás tonto! -Se cruza de brazos e intenta no reírse-.
Poncho: Ya en serio... Me estás aplastando otra cosa.
Any –sonrojándose y muriéndose de vergüenza-: Perdón, perdón -se quita rápidamente riéndose-.
Poncho: No importa, no hay nada que perdonarte. Bueno, ya va siendo hora de que me vaya a descansar...
Any: Claro...
Poncho: Que descanses -le da un beso en la frente-.
Any -agarrándolo de la mano antes de que pudiera dar dos pasos-: Poncho.
Poncho: ¿Si?
Poncho–pensando-: No me pidas que me quede, por favor, Anahí... No quiero sentir lo que estoy sintiendo por ti...
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Pasión y Amor van Unidos
Roman d'amourNunca es fácil terminar con una pareja, mucho menos después de llevar muchos años juntos y saber que esa persona es tan peligrosa, que es capaz de hacer cualquier cosa. ¿Podrá Anahí dejar a su novio para vivir su vida al lado de Poncho, el hombre q...
