Capítulo 37

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Any abrió la puerta con cuidado pensando que estaría dormido, se acercó a él sigilosamente, lo miró unos segundos desde el lateral de la cama, pero éste le estaba dando la espalda y aún no se dio cuenta, deshizo ese lado de la cama y se sentó en ella.

Poncho –girándose-: ¿Qué haces aquí? -Preguntó prendiendo la luz-.
Any: Pensé que estabas dormido.
Poncho –mirándola-: No.
Any: No puedo dormir... No dejo de intentar encajar a Alejandra con Aarón.
Poncho: ¿Es lo que más te preocupa de todo lo que hemos hablado?
Any: Sí. Los dos son mis amigos, pero a nadie le perdono que la lastime a ella. Así sea mi amigo, mi novio o un vecino... Me dejaste muy preocupada... Tú sabes algo, ¿verdad?
Poncho -sentándose en la cama-: Me lo contó Alejandra hace unos años, pero le prometí que jamás le diría a nadie.
Any: Eso habla muy bien de ti, Poncho pero... Es mi amiga, ¿no crees que deberías contarme?
Poncho: No. Soy un hombre de palabra, creo que te lo he demostrado... Y además, así como dices que es tu amiga, deberías hacer que ella confiara en ti y te lo contara pero, ¿no crees que el odio de Alejandra hacia él es raro? Según tú nunca le hizo nada, ¿no?
Any: ¿Alejandra no confía en mí?
Poncho: Si confía en ti, pero no lo te lo dijo para que tú y ella no se pelearan. Alejandra también tiene miedos, Any, y su miedo es perder tu amistad porque tú lo defiendas a él. No es fácil lo que les pasó, o más bien, lo que le pasó a ella. Pero bueno... Es mejor que ya nos durmamos, necesitas descansar...
Any: Sí... La verdad es que estoy muy cansada.

Any se levantó de la cama, dirigiéndose a la puerta, pero se giró y miró a Poncho, quien ya estaba tumbado, dándole la espalda a la puerta.

Any: Poncho...
Poncho: mmm
Any: Gracias.
Poncho -la mira y le sonríe-: ¿Vas a poder dormir?

Any sonríe y corre hasta la cama, metiéndose también de un salto como hizo Silvia, haciendo que ese gesto causara la risa entre los dos, provocando también que Poncho comenzara a hacerle cosquillas.

Any -riendo sin parar-: ¡¡No, no!! Para, Alfonso, ¡para!
Poncho: Tú lo buscaste, Any, se siente –riendo-.
Any: ¿Qué? ¡¡No!! Yo no busqué nada. ¡¡Ay!! ¡¡Alfonso!! -Riendo, moviéndose sin parar-. Para, ¡¡por favor!! Vamos a despertar a Silvia.
Poncho –parando-: No se despierta, tiene el sueño muy profundo, pero... ¿Quieres que pare? -Le hace algo más de cosquillas y vuelve a pausar-.
Any: ¡Si, ya! Ya, ¡¡por favor!!
Poncho: Bueno... Está bien, pero entonces hazme parar, aunque te advierto que será difícil, porque en mi casa, señorita Puente, soy conocido como el rey de las cosquillas...

Poncho se puso encima de ella sin llegar a sentarse y comenzó a hacerle cosquillas de nuevo, esta vez en el vientre, un poco más arriba de la rodilla y en las axilas, recibiendo pellizcos y cachetadas -sin maldad alguna- por parte de ella, pero eso no lo haría parar. Él le dijo eso para que ella consiguiera agarrarle las manos y así parar, pero Poncho ya le dijo cómo era conocido en su casa, era casi imposible detenerlo, sólo una cosa podía hacer que parase... Que le agarrase las manos... O eso creía, porque lo que lo hizo parar fue otra cosa.

Poncho: ¿Por qué hiciste eso?
Any -tapándose la boca, aguantando la risa y abriendo los ojos lo más que podía-: Tú dijiste que te hiciera parar...
Poncho: Pero no de esa manera.
Any: ¿Te molestó?
Poncho: Nada más no me lo esperaba -dijo mirándola a los ojos tiernamente-.
Any -le rodea su cuello con sus brazos y lo mira dulcemente-: Podría repetirlo una y mil veces...
Poncho –mirándola mientras le acariciaba losa brazos-: Any -acercándose a ella lentamente-. 

Juntaron sus labios y luego abrieron sus bocas un poco más para poder sentir sus lenguas siendo rebeldes, hasta que Anahí sintió que eso estaba repetido, ya lo había vivido.

Any -separándose de él y quitándolo de encima-: Poncho, no. Espérate...
Poncho: ¿Qué pasa?
Any: Es esto lo que soñé... Fue todo igual, nada más que en tu cuarto y yo te pedí que te quedaras, pero tú...
Poncho: ¿Yo qué?

Any le contó el sueño muy preocupada, no quería que se repitiera, pero Poncho se echó a reír.

Poncho: ¿Por eso me dijiste antes que no me querías perder?
Any: Si, pero no te rías. Lo pasé muy mal.
Poncho: Bueno, pero ahora vive el momento, mi amor.

Volvieron a besarse y Poncho aprovechó el momento para gastarle una broma.

Poncho: Any, no, para...
Any: ¿Qué pasa?
Poncho: Anahí, estoy harto de ser yo el que sufre... 

La broma no duró mucho, porque Anahí estuvo a punto de llorar, pero Poncho le dijo que no estaba hablando en serio.

Any: Ya, ¡¡eres un tonto!! No me hizo gracia -sentándose en la cama para irse-.
Poncho: Ey, ey, ey, ey... Mi amor, perdóname, es que me hizo mucha gracia tu sueño -besándole el cuello-. No te vayas, quédate esta noche conmigo.
Any -sintiendo cómo su piel se erizaba y su respiración se iba agitando-: Poncho...
Poncho -agarrándole la carita, tumbándola suavemente en la cama-: Sh... No digas nada.

Después de que Any estuviera tumbada, Poncho la besó lentamente mientras ella le seguía el beso. Los dos sabían que en ese momento, no habría sexo, puesto que no era la intención de ninguno, nada más querían estar besándose y abrazándose, ya que Any quería dejar descansar a Poncho y él quería dejarla descansar a ella. Se separaron lentamente y se miraron a los ojos con mucha ternura, sonrieron y se dieron un piquito.

Poncho: Buenas noches, preciosa.
Any: Buenas noches, precioso.

Se dieron un piquito más y se acostaron abrazados, cuando Any dio un suspiro.

Poncho: ¿Y ese suspiro? ¿Estás bien?
Any: Pues... No sé... Tengo miedo.
Poncho: ¿De qué?
Any: De todo, Poncho -lo mira-, de todo lo que has estado diciéndome. Me da miedo descubrir algo que no espero de Aarón, me da miedo cualquier cosa de Julián y...
Poncho: ¿Y qué?
Any: Y me da miedo perderte. Poncho, no... No quiero -titubeaba-... Creo que no quiero casarme con Julián...
Poncho: ¿Cómo que crees?
Any: Es que si es verdad todo lo que me dijiste... Es muy raro que ahora Julián se quiera casar. Y mucho más raro que haya aceptado a mi bebé, pero ni si quiera me preguntó si era de él...
Poncho: ¿Lo es? -Any comenzó a sentirse mal, y Poncho lo evitó-. Any, no te pongas mal... Mientras aceptes ser, al menos mi amiga, ten por seguro que nadie, escúchame bien; nadie te va a hacer nada. Pero ahora es mejor que descansemos, pequeña, ya mañana verás las cosas más claras, ¿sí?

Le dio un besito en la frente, Any sonrió, se acomodó entre sus brazos, Poncho apagó la luz y ambos cerraron los ojitos. 

No podía negar que cuando estaba con él se sentía segura, tranquila, cuidada. Sentía que al fin era importante para alguien. A la mañana siguiente se levantó ella muy temprano, para que le diera tiempo a darse un baño antes de que Silvia despertara.

Poncho-sintiendo que Any se levantaba-: ¿A dónde vas? Es muy temprano...
Any -sonriéndole mientras le acaricia la carita-: Sh, duérmete un ratito más -leda un piquito-. Luego voy a llevar a Silvia al cine.
Poncho -aún con los ojos cerrados-: ¿Ya me vas a abandonar? -La agarra del brazo tirándola hacía él-.
Any –riendo-: Por supuesto que no -se miran-. Deja que me dé una ducha, Poncho.
Poncho: Ve tranquila –sonríe-. Te amo.

Pasión y Amor van UnidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora