Capítulo 6

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Any, mirándolo a los ojos; comenzó a acariciarle su carita y él, sin quitarle la vista de encima, comenzó a acariciarle sus brazos muy lentamente, mientras ella bajaba sus manos suavemente al comienzo de su camisa. 

Él la llevo despacio a la cama mientras que ella, como desconectada del mundo, se dejaba que le hiciera cualquier cosa... Necesitaba estar así con alguien, y si Poncho se lo iba a dar, ella no dudaría. Tenía la necesidad de ser mimada en la cama, de ser cuidada... de que pensaran en ella.

Any le empezó a besar su cuello suavemente mientras lo desvestía despacio y él solo se dignaba a acariciar su cuerpo, aún por encima de la ropa. Mirándola. Observándola. Admirándola. Cuando por fin ambos decidieron terminar por quitarse la ropa, él la iba besando tiernamente por todo su cuerpo, hasta llegar a su feminidad, donde sólo le rozaba los labios, a pesar de querer saborearla de nuevo. Volvió a subir los besos, succionando cada uno de los pezones de ella, jugando con su lengua, haciendo que ella dejara escapar leves gemidos. Any estaba temblando cuando Poncho introdujo la punta de sus dedos dentro de ella, para masajear poco a poco su interior y así ir subiendo la intensidad.

Mientras Poncho la besaba por todo el cuerpo sin dejar un solo espacio por besar y la penetraba con sus dedos, Any agarró su miembro para masajearlo también, pero Poncho no la dejó.  Rápidamente le agarró la mano y se la llevó a sus labios para besarla. 

Él también, sin pensarlo y sin saberlo, tenía la necesidad de cuidarla. Algo en su interior lo estaba obligando a querer protegerla, a querer hacerle el amor.

Poncho: No estás trabajando -le susurró al oído-. Hoy todo lo haré yo –y la besó-.

Any seguía sin entender cómo, por qué, ni cuándo comenzó a dejar que un cliente le hiciera sentir esas cosas; pero pensarlo le hizo sentir nerviosa, como si fuera su primera vez.

¿Qué podía hacer ella si Poncho le impedía que lo tocara? Decidió besarlo; besarlo para juntar sus lenguas y explorar todos los rincones de su boca, mientras él seguía penetrándola, sintiendo su humedad.

Any sintió que pronto llegaría al orgasmo y se lo hizo saber a Poncho, quien también estaba temblando. Así que, Poncho sacó sus dedos tan pronto lo sintió para comenzar a penetrarla con su miembro, muy poco a poco, para otra vez ir subiendo la intensidad. Salía y entraba una y otra vez de ella, sin movimientos bruscos, haciendo que ella en ese momento creyera que sólo existían ellos dos en el mundo.

Una vez que terminaron se quedaron unos minutos en la cama, Poncho abrazando a Any y ella acariándole su pecho con sus uñas. Como si alguien hubiera inventado una máquina del tiempo y lo hubiera detenido.

Any: Hacía tiempo que no me sentía así.
Poncho: ¿Así como?
Any: Cuidada, protegida... No sé, hacía tiempo que no me trataban tan bien en la cama.
Poncho: ¿Ni tu novio?
Any -negó con la cabeza y suspiró-: Julián... no sé. Él... Cambió mucho.
Poncho: ¿En qué sentido? -le preguntó mientras le acariciaba su brazo-.
Any: Ahora solo quiere pasarla bien. No sé, ya no hacemos el amor. A veces hay hombres que me tratan mejor que él, solo que no siento nada con ellos y tengo que fingir para que terminen cuanto antes. Aunque a veces no me quedan ni ganas de fingir...
Poncho: Quieres decir que... Que conmigo, ¿finges?
Any -eleva la mirada y lo mira a los ojos-: Es extraño, pero tú logras que lo sienta. Nada es fingido.
Poncho: ¿Y con él? Con tu novio, digo.
Any: Con él es diferente, es... Raro. Me obligo a no sentir nada. No me hace olvidarme de nada ni evadirme de problemas... Es como si él... No sé... Pero es como si él sexualmente fuera un problema... Como que me aburre en la cama.
Poncho: ¿Cómo te puede aburrir alguien que sólo quiere pasarla bien?
Any: No sé, Poncho... Es tan difícil de explicar... Imagínate para que me puedas entender... Pero oye, cambiando de tema... ¿Cómo sabes en dónde vivo? ¿Es que eres un secuestrador o algo por el estilo?

Tras la pregunta de ella, ambos explotaron en una carcajada.

Poncho: ¿Tengo cara de secuestrador?
Any: No, para nada.
Poncho: He de confesarte que la otra noche seguí el taxi que tomaste. Oye, perdona la pregunta, pero... ¿Eres una adicta al sexo? Digo... Como no quieres irte de ese lugar...
Any: No... Ya te dije que a veces ni ganas de fingir tengo... Estoy ahí obligada por mi situación...
Poncho: Perdón si te molestó o te incomodó.
Any: No, tranquilo. Es normal que quieras saber eso. Digo, al final de cuentas, nos estamos acostando. Pero... Ya sabes mucho de mí, y yo de ti no sé nada...

Cuanto más hablaba Anahí, Poncho más atraído se sentía, más quería saber de ella. Más quería conocerla. Más fuerte le parecía, al mismo tiempo de sentirla tan frágil.

Poncho: Es verdad... ¿Qué quieres saber de mí?
Any: Pues... No sé, lo que sea. A qué te dedicas... No sé –se rió-.
Poncho: Oye, ¿nos vestimos por si... llegan tus papás?
Any: Sí, claro. Pero ya, cuéntame algo de ti.
Poncho: Bueno, pues... no sé –rió-. Trabajo en una empresa de modas, de mi papá. Él es el dueño y el jefe... Imagínate que tu padre sea tu jefe laboral –rió-. A veces me toca viajar para ver a clientes y hablar con encargados de otras empresas por si quieren algo de nuestro material o nuestra ropa o... Cualquier cosa.
Any: ¡Qué padre! Siempre soñé con viajar y pasarme los meses fuera. Pensando nada más en lo que esté haciendo fuera. Tal vez por eso escogí estudiar periodismo –sonrió-, para poder viajar haciendo reportajes o noticieros lejos de mi casa. Oye y... No quiero meterme donde no me llaman, ni en asuntos que no me pertenecen ni me incumben, pero... ¿es cierto que te casas en dos semanas?

Poncho le contó que vio a su novia serle infiel dos semanas antes, que él canceló todo lo de la boda, pero aún no había hablado con ella, sólo le mandó un mensaje para decirle que no habría boda, que se encargara de avisar a todos sus invitados. Supuso que ella entendió el por qué de ese mensaje, pues no le devolvió ninguna llamada, a pesar de que Poncho insistía en querer hablar con ella, aunque únicamente fuera por educación y cortesía.

Any notó que Poncho se sintió muy triste al contarle todo.

Any: Perdóname. No quise hacerte sentir mal.

El teléfono de Anahí los interrumpió y ella se disculpó con Poncho.

Any: ¿Qué quieres, Julián? -le contestó aun molesta con él-.
Julián: Any –llorando- estoy en... 
Any –asustándose-: Julián, ¿qué te pasa? ¿En dónde estás?
Julián: Estoy en el hospital.

Pasión y Amor van UnidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora