Capítulo 74

250 18 1
                                        

Cuando Poncho regresó a estar entre las piernas de Any de nuevo, ella se aferró con sus manos a las sábanas, imaginando lo que le esperaba y tanto deseaba; cerrando sus ojos y sintiendo las manos cálidas de Poncho en sus muslos al mismo tiempo que sintió su aliento sobre ella y su boca en la feminidad, besándola como ya había besado su cuello y su pecho...

Poncho se alejó de la feminidad de Any para mordisquear muy suavemente el interior de sus muslos, disfrutando del sabor que tenía la piel de la mujer a la que amaba y tanto deseaba tener a su lado día tras día; y hacerle el amor sin parar todos los días de su vida. Mientras mordisqueaba y jugueteaba con los muslos de Any, sus manos tomaron posesión de las piernas de ella, acariciándola desde sus rodillas hasta los tobillos, haciéndolos presos de él.

Any sentía que no podía más y dejó escapar un gemido, suplicándole que volviera a tocarla, manteniendo sus ojos cerrados. Poncho observaba con una sonrisa infinita y enamorada cómo Any mantenía sus manos por encima de su cabeza, arrugando la tela de la sábana, las piernas separadas y los tobillos inmovilizados por la presión de él.

De repente Any abrió los ojos sorprendida, mordiéndose los labios al sentir la lengua de Poncho recorriendo su feminidad lentamente, sin poder contener sus gemidos más tiempo y su respiración cada segundo más agitada.

Poncho disfrutaba tanto o más como lo hacía Any. Amaba verla llena de placer y excitación por él, amaba cómo le pedía, sin pronunciar una palabra, que la penetrara, que la hiciera suya una vez más. Se moría de deseos cuando ella le hablaba con su cuerpo. Y lo llenaba de pasión darse cuenta de que ella, jamás había sentido algo así hasta dar con él. A pesar de llevar tantos años con su novio, Poncho podía adivinar que ella jamás conoció el amor en la cama, el amor en su piel; o incluso, el amor dentro de ella con forma de pasión, de excitación y de escalofríos producidos por placer. Jamás habían cuidado de ella al mismo tiempo que disfrutaron junto a ella.

Por su parte, jamás Poncho había disfrutado tanto de una mujer, nunca había disfrutado tanto con el placer de una mujer, a pesar de haber tenido diferentes relaciones. Nunca pudo haber imaginado que el ver a una mujer disfrutando tanto de sus labios, su lengua o incluso de sus caricias, podrían hacerlo a él llenarse de deseos por darle una experiencia inolvidable.

Poncho comenzó a acelerar los movimientos de su lengua, volviendo a conseguir que ella arqueara nuevamente su espalda para pedirle más. De repente Poncho soltó los tobillos de Any para tomar sus caderas con las dos manos, manteniéndola a la altura de su boca, haciendo que ella explotara de placer al volver a sentir el contacto de su boca en ella, ahí, en su feminidad, en su sexo, en su parte más íntima. Any estalló en un orgasmo, pero Poncho no se detuvo y continuó. Puso sus manos en las nalgas de ella y, apretándolas con fuerza, volvió a juguetear con su lengua dentro de la feminidad de Any, saboreándola incansablemente, acelerando cada vez más sus movimientos; dándole suaves bocaditos en su clítoris inflamado por el placer, apretando ese botón que le parecía tan mágico en ella. Y fue así como Any, dejó escapar un segundo orgasmo, mucho más placentero que el anterior, con sollozos nerviosos en su voz, tratando de luchar con ella misma para conseguir dejar sus piernas abiertas aún; pues conocía bien a Poncho y sabía que la iba a hacer tener un tercer orgasmo.

Él, que aún tenía sus manos en las nalgas de ella, las soltó con suavidad, haciendo que ella bajara sus caderas hasta posarlas nuevamente en el colchón. Es entonces cuando se inclinó hacia ella para besarla antes de reincorporarse.

Any pudo ver la erección de Poncho, quien aún estaba con el pantalón puesto, se acercó a él, le desabrochó el pantalón del traje y se lo bajó, tomando su miembro entre una de sus manos por debajo de los bóxers; sintiéndose orgullosa por saber que provocaba tal deseo en él. Volvió a cerrar los ojos para besarlo mientras comenzó a apretar el miembro de Poncho, pero él le sacó la mano y la cargó en sus brazos para recostarla en medio de la cama, haciéndola cerrar los ojos de nuevo. Ella lo escuchó desvestirse y abrió los ojos para contemplarlo desnudo. Se inclinó hacia él, lo abrazó por el cuello y lo besó. "Quiero tenerte dentro de mí", le dijo con una sonrisa pícara.

Pasión y Amor van UnidosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora