Capítulo 33

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La quitó como pudo y la sentó en él, haciendo que ésta estuviera dándole la espalda, practicando ahora el sexo anal mientras masajeaba su interior con la mano, haciéndola llegar nuevamente, llegando él también al mismo tiempo. 

Anahí giró su cuello para fundirse en un beso con él, con su, aunque no le gustase, amante. Tras ese beso dejó su cabeza apoyada en el hombro de Poncho, quien la tenía abrazada por su vientre.

Poncho: ¿Estás bien? -Pensó que estaba mareada-.
Any: Perfecta. Siento que hoy volví a nacer.

Any cerró sus ojos un instante, sintiendo la caricia de Poncho en su carita, pero esa caricia fue la que le hizo volver al mundo. Se levantó de encima de Poncho y le tiró su ropa, comenzando a vestirse ella también y a ordenar las cosas que Poncho había tirado al suelo.

Una vez estuvieron vestidos y relajados, con sus respiraciones normales, el silencio se rompió.

Any: Será mejor que olvidemos esto... Y te lo advierto, no volveré a repetir.
Poncho: Es absurdo que digas eso -se le acerca y le agarró la cara, juntándole las mejillas-, sabes que siempre volveremos a caer...

Dicho esto salió del estudio seguido de Anahí.

Poncho: Por cierto -abriendo la puerta de la cocina que daba al jardín-. Feliz cumpleaños...

Any se quedó paralizada al ver a tanta gente ahí, tantos globos y un cartel enorme que decía "Feliz cumpleaños, Any". Todos los invitados comenzaron a cantarle las mañanitas y Any se acercó a sus papás, quienes estaban con un pastel de chocolate en sus manos. Después de soplar las 24 velitas, Any fue saludada por todo el mundo y le iban dando sus regalitos, pero Poncho... ¿Dónde estaba Poncho? Había desaparecido.

Alejandra -al oído-: Está en su cuarto.
Any: ¿Quién?
Alejandra: Poncho.
Any: ¿Y qué con eso?
Alejandra: No te hagas, sé que lo estás buscando a él.
Aarón -acercándose con un regalo-: Enana, feliz cumpleaños...
Any: ¡¡Aarón!! Gracias, conejito -lo abraza-. No esperaba que estuvieras aquí. ¿Te invitó Poncho?
Aarón: Si, pero no sé por qué... El día que lo conocí me miraba muy mal.
Alejandra: Con permiso, voy a por lo que me pertenece -refiriéndose a Diego-. Por cierto, Any... Ya sabes a dónde tienes que ir.

Any suspiró y agachó la cabeza.

Aarón: Ey, enana, ¿qué tienes?
Any: Nada, conejito. No te preocupes -le da una sonrisa-.
Aarón: No quiero verte mal, ¿sí? Así que abre ya mi regalo.
Any –abriéndolo-: Perdón, me olvidé.

Poncho estaba en su cuarto preparando su equipaje, puesto que no se inventó el tener que salir, nada más dio la casualidad. De hecho Poncho ni sabía que era su cumpleaños, Silvia se lo avisó un mes antes.

Silvia –entrando-: Papá, ¿puedo pasar?
Poncho: Ya estás dentro, princesa. ¿Qué pasó?
Silvia: Estoy triste... Any no me hizo caso hoy...
Poncho: Princesa, no digas eso. Anahí te quiere mucho, nada más que yo tuve que hablar con ella y por eso no te dejé que te quedaras.
Silvia: Pero en el jardín no me hizo caso, ni si quiera volteó a verme, y no me dijo nada de mi vestido.
Poncho: Es que todo el mundo la está felicitando, mi amor, pero ve y felicítala, ¿sí? -viendo a María en la puerta-. Mi amor, ya casi tengo mi equipaje listo -estaba cruzada de brazos en la puerta, seria-. Eh... Silvia, ve al jardín con Anahí o con Alejandra, creo que María y yo tenemos que hablar.
María: Crees bien -a Silvia-: Silvia, ¿me dejas a solas con tu tío?
Silvia: Si, María, con permiso -se fue-.

La intención de María de llevar a Silvia al cine era real, pero fue la pequeña quien decidió quedarse en casa en la fiesta de Anahí.

Poncho: ¿Y ahora tú? ¿Por qué traes esa cara?

María entró al cuarto y cerró la puerta.

María: ¿Por qué te tardaste tanto con Anahí ahí dentro?

Silvia fue corriendo a Anahí, quien estaba dándole un abrazo a Aarón por el regalo. Era un perrito, un perrito igual al que tuvo cuando su hermana y ella eran chiquitas.

Silvia: ¡¡Anahí, Anahí!! Ven, ¡por favor!
Any: ¿Qué te pasa, princesa?
Silvia: Ven conmigo, ¡te tengo que dar mi regalo!

Any acompañó a Silvia a su cuarto y Poncho mientras convencía a María de que no pasó nada entre ellos, pero era casi imposible.

Any -viendo el regalo-: Silvia... Mi amor, está precioso...
Silvia: ¿Te gusta? Mi tío se lo regaló a mi mamá el día que yo nací, pero nunca lo estrenó.
Any: ¿En serio? Pero mi amor, no puedo aceptarlo...
Silvia: ¿Por qué?
Any: Porque era de tu mamá.
Silvia: Pero a ella le va a encantar que tú lo uses. ¡¡Póntelo!! ¡Ven, vamos! Vas a estar preciosa.

Silvia llevó a Any a la fuerza, quien medio obligada por la niña se puso el vestido. Era un vestido de noche, en seda azul noche con escote palabra de honor, entrelazados en el TOP y corte de sirena, de Victorio & Lucchino. 

Poncho, quien había al fin conseguido convencer a María, salía de su cuarto con ella al mismo tiempo que Any salía del baño, y claro... Conocía perfectamente ese vestido y reconocía que a ella le quedaba especialmente bien. Pareciera como si Poncho hubiera comprado ese vestido para ella. Le quedaba a la perfección.

Silvia -olvidándose de María-: ¡¡Papá, papá!! ¿Verdad que está hermosa?
Any -al ver que Poncho se quedó en estado de shock-: Tu sobrina me lo...
Poncho –cortándola-: Si, lo sé. Tenía muchas ganas de regalar el vestido, pero nunca me imaginé que te lo diera a ti. Quería dárselo a alguien muy especial –cargando a Silvia en brazos-.
María: ¡Ay Dios! ¿Y qué tiene de especial el vestido?
Silvia: Era de mi mamá, pero nunca lo usó... Y ella me dijo que se lo regalase a quien fuera la esposa de mi tío.

María miró a Poncho, pero él aún seguía en el encuentro de miradas con Anahí.

María: Silvia, tu tío y Anahí no se van a casar, ella tiene novio, ¿no? -Preguntándole a Any, que afirmó con la cabeza mirando a Poncho-.
Silvia: No me importa. El vestido era de mi mamá y yo puedo hacer lo que quiera con él, y quiero que sea de Anahí.
Poncho: Silvia, basta –la baja de sus brazos-. No tienes que hablarle así a María, ¿qué son esos modales?
Silvia -escondiéndose detrás de Any-: Ella empezó.
María: Yo no empecé nada, sólo pregunté.
Poncho: María, ¿tú también? Ya basta a las dos, se llevan bien, ¿por qué ahora se pelean?
Silvia: Perdón papá -agarrando a Any de la mano-: Ven, vamos a que te peines. Yo te ayudo.

Silvia se llevó a Any a su cuarto para que se peinara y Poncho y María se fueron a la casa de ella para recoger su equipaje. Cuando volvieron a la casa de Poncho, Any ya estaba en el jardín, hablando y riendo con Aarón y Silvia. 

La tarde pasó divertida para todo el mundo, la banda que Poncho contrató para la fiesta ya había cantado y ya se había ido, pero en la noche, cuando Poncho, María, Jorge y Viviana estaban a punto de irse, Alejandra interrumpió a todo el mundo. Se subió al escenario y dijo por el micrófono que aquello no era una fiesta si la cumpleañera y quien organizó todo no bailaban, así que Poncho y Any se vieron obligados a bailar juntos. 

Alejandra y Diego habían estado preparando una canción, así que juntos la cantaron mientras todo el mundo bailaba. Pero no empezaron hasta que los enamorados estuvieron en medio de la pista, puesto que Poncho estaba con María y Any con Aarón, alejados.

Alejandra: Ey, ey, ey... No nos vale que estén aquí al lado, ¿eh? Los queremos agarraditos desde ya o aquí nadie canta y nadie baila... Ustedes deciden por el resto de invitados, pero creo que quieren pasarla bien...
Any -se cruza de brazos y le quita la mirada a Poncho-: No sé por qué Alejandra está haciendo esto...

Pasión y Amor van UnidosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora