Julián Y... ¿Tu papá como lo lleva?
Any: Todos lo llevamos mal, pero mi papá es fuerte, y yo lo intento ser... Imagínate lo que sería para mi mamá el que mi papá o yo nos derrumbáramos ahora, ¿no? Mi papá y yo la lloramos juntos cuando mi mamá no nos ve...
Julián: Te entiendo... A mí en cambio me tocó ser el fuerte solo...
Ese día Julián y Anahí hablaron como hacía tiempo no lo hacían, y eso, lo único que provocó fue que Any se confundiera más.
Por la noche, ella ya estaba acostada en su cama, cuando de pronto llamaron a la puerta de su cuarto.
Any: Adelante.
Enrique: ¿Puedo pasar, hija? -Asomando la cabecita-.
Any –sonriendo-: Tú siempre puedes, pá'. ¿Necesitas algo?
Enrique -muy serio-: Hablar contigo, mi amor.
Any: Papá, me estás asustando... ¿Pasó algo?
Enrique: No te asustes -se sienta a los pies de su hija-. Hija, hace tiempo que no hablamos... ¿No quieres hacerlo?
Any: La verdad es que no he tenido mucho tiempo, pero si te extrañé y eché de menos contarte mis cosas... Perdóname, papi.
Enrique: No tengo nada que perdonarte, mi amor... Eres mi hija, ¿qué te voy a perdonar? Pero dime algo para quedarme tranquilo... ¿Estás bien?
Any -sin entender la pregunta de su padre-: Si papá... O eso creo... ¿por qué? ¿A qué te refieres?
Enrique: Antes cuando llegué a la casa te noté muy rara con Julián... Y luego cuando él se fue también estaba raro... ¿Pasó algo?
Any: Dejé el bar.
Enrique: Ya... ¿y qué más pasó?
Any: Pues... Nada... No tenía tiempo para mis estudios, es todo.
Enrique: Any... ¿Qué me estás ocultando? Mi amor, sabes que por nada voy a regañarte. ¿Tiene Poncho algo que ver?
Any: Papá... Tengo algo que decirte -se le empezaban a llenar los ojos de lágrimas lentamente-. Papi... Perdóname por esto, pero... Estoy... estoy embarazada –y comenzó a llorar-.
Enrique no sabía qué responder... Le alegraba la noticia de ser abuelo, pero algo le preocupaba... No veía segura a su hija.
Enrique: Mi amor, me alegro mucho, pero, ¿por qué lloras?
Any: Papá... Es que... Estoy muy confundida... Decidí tener el bebé, pero... No sé a quién amo, papá...
Enrique: ¿Qué? ¿Cómo que...?
Any: Fui infiel –llorando-... Le fui infiel a Julián con... Con Poncho y ahora no sé de quién estoy enamorada ni de quién es el bebé... No puedo sacarme a Poncho de la cabeza, pero quiero a Julián. Y papá... No quiero hacer pruebas de paternidad, Julián es capaz de cualquier cosa si se entera de algo. Tú lo sabes.
Enrique: Anahí -se acerca y la abraza para consolarla-: Mi amor... A ver, tranquilízate, ¿ok? De nada sirve que estés así... Mi amor, por favor, deja de llorar que te va a hacer mal y además me rompe el alma verte sufrir así... ¿Prefieres que hablemos mañana más tranquilos? Supongo que mañana en la tarde estarás aquí, ¿no?
Any decidió dormir y mejor seguir hablando con su padre al día siguiente, ya que era sábado. Esa noche, Silvia soñó con su papá.
Silvia: Oye papi... ¿Por qué no vino mi mamá hoy?
Jorge: Se quedó cuidando a tu hermano desde el cielo. Ya sabes que no podemos venir los dos.
Silvia: ¿Y cómo está mi hermano?
Jorge: Está muy contento con sus estudios, hija, pero te extraña mucho. Dile a mi hermano que llamen mañana a tu hermanito, ¿sí?
Silvia: ¡Si, papá! Yo le digo a mi tío.
Jorge: Silvia... Ven -la carga en los brazos-. Hoy vine porque te quiero contar algo.
Silvia: ¿Qué cosa, papá?
Jorge: Como ya sabes, desde que tu mamá y yo nos fuimos, tu papá es Poncho, ¿verdad?
Silvia: Pero mi papá siempre vas a ser tú.
Jorge: Silvia... Vas a tener un hermanito.
Silvia: ¿Qué? ¡¡Bien!! ¡¡Bien!! ¡¡Voy a tener un hermanito!! -comenzó a saltar por el cuarto y a saltar en la cama-.
Jorge: Espera, espera, mi amor... No te alegres tanto...
Silvia: ¿Por qué? ¿Qué pasa, papá?
Jorge: Mi amor -sentándose en la cama con su hija-. Antes de que tu hermanito nazca... La persona que lo lleva dentro lo va a pasar muy mal.
Silvia: ¿Por qué, papá?
Jorge: Mira, mi amor... Hay mucha gente mala en el mundo... Y a la mujer que te dará el hermanito le tocó que le hicieran mucho daño, por desgracia. Tanto daño que... Puede que pase tiempo en el hospital...
Silvia: ¿Y quién es esa mujer, papá? No quiero que sea Domínica.
Jorge: No, no es ella. Pero no puedo decirte más, mi amor...
El padre de Silvia desapareció después de despedirse, como hacía siempre que visitaba los sueños de su hijita.
Silvia ni si quiera se acordó de Any, ya que hacía días que no la veía.
A la mañana siguiente, Any habló con su papá, quien la estuvo apoyando como podía, dándole consejos, escuchándola, abrazándola... Hablando sólo cuando su hija se lo pedía...
Después de hablar con él se fue a ver a Alejandra, y cuando regresó a su casa, Poncho estaba allá, hablando con su padre.
Any –boquiabierta-: ¿Qué haces aquí?
Enrique: Hija, ¿qué formas de saludar son esas?
Any: Tú no te metas, papá. ¿Qué estás haciendo aquí, Alfonso?
Poncho: Hola, Any.
Any: Mi nombre es Anahí, que no se te olvide.
Poncho -evitando las palabras de Anahí-: Bueno, Don Enrique, un placer que me haya recibido. Y ya sabe lo que le dije, ¿ok? -le da la mano, seguido de un abrazo, y le dijo-: Para mí es importante tener a su hija en mi empresa.
Any: ¿Qué?
Enrique: Claro que si, hijo. Vuelve cuando quieras.
Poncho -acercándose a Any-: Que pases buen día...
Any -mirándolo a los ojos-: Lárgate.
Poncho fue a darle un beso en la mejilla, pero al girar la cara Any, se lo dio en la comisura. Después de que Poncho cerró la puerta, Any quiso saber qué hacía él allí. Más bien, se moría de ganas por saber por qué no se quedó, y por qué no la obligó a hablar con él.
Any quería irse a su cuarto a llorar sin ser interrumpida. Le molestó que Poncho no se interesara por ella, conociendo la noticia de su embarazo y que aún estuviera con Julián.
Enrique: Any...
Any lo miró y él le hizo un gesto con el dedo índice para que se acercara.
Any –acercándose-: Papá, ¿qué hacía Poncho aquí?
Enrique: Estaba hablando conmigo.
Any: ¿Y qué tienes que hablar tú con él? –Enojada-. Papá, te conté todo esta mañana. ¿Qué más querías saber? ¿Qué necesidad tienes de traerlo a la casa?
Enrique: Hija... Creía que lo sabía todo de ti –decepcionado-.
Any: ¿Qué? Papá y lo sabes. Sabes todo. Me conoces mejor que nadie.
Enrique: Hija... Sólo quería ver si esto era real... No es el primero que me envían.
Enrique le pasó a Any su celular, en donde había un mensaje de texto con las siguientes palabras: "Anahí, una hija adorada, ¿no? Nos miente sobre su profesión. Ella dice que trabaja en un bar, pero la verdad es que no es así... Trabaja en un Club muy famoso de Cuernavaca. Si no me cree, puede venir a comprobarlo... O puede preguntarle a su nuevo amigo Poncho... Vaya cómo nos salió la Any, ¿no?"
Any se quedó boquiabierta... No entendía nada.
Any: ¿Quién te envió esto, papá?
Enrique: No lo sé.
Any: ¡¡Papá!! ¿¡¿¡Que quién demonios te envió esto!?!?
Enrique: Anahí, ¡¡que no lo sé!! No conozco ese número. Llamé y llamé y llamé, ¡¡pero no me responden!!
Any –a punto de llorar-: ¿Qué te dijo Poncho?
Enrique: La verdad, hija...
Después de unos segundos de silencio...
Any -mirándolo, casi llorando-: Pues sí, papá, ¡sí!... Ahí trabajaba, hasta que le dije a Julián que ya no más ¿Feliz? ¿Por qué...? –Comenzando a llorar- ¿Porqué no me dijiste a mí? O a Julián, ¡¡papá!! ¿Por qué tienes que actuar como un detective?
Enrique: Estaba esperando que tú me dijeras, mi amor... Yo no te iba a preguntar si tú no me querías contar, ¿entiendes? Nunca quise meterme en tu vida.
Any: No, no te entiendo, papá... Te iba a decir, te iba a decir hoy, ¡¡pero tampoco tenías que buscar a otra persona!! ¿Por qué no buscaste a Julián, papá? Él es mi novio, ¡¡y no Poncho!!
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Pasión y Amor van Unidos
RomanceNunca es fácil terminar con una pareja, mucho menos después de llevar muchos años juntos y saber que esa persona es tan peligrosa, que es capaz de hacer cualquier cosa. ¿Podrá Anahí dejar a su novio para vivir su vida al lado de Poncho, el hombre q...
