Any: ¿Puedes quedarte un poquito?
Any -pensando-: ¿Por qué? ¿Por qué tengo la necesidad de que te quedes?
Poncho: ¿Hasta que te duermas, como mi sobrina? -Se ríe-.
Any -se ríe también-: Algo así... Quiero... Quiero que me hables de... Bueno, si es que tú quieres...
Poncho: ¿De qué?
Any: De Domínica.
Poncho: Pero... ¿Tú no la conoces?
Any: No mucho... O sea, es la hermana de mi mejor amiga, coincidí con ella en pocas ocasiones, porque siempre estaba ocupada con otras cosas... Pero quiero saber cómo era contigo. Digo, si no te duele recordarla y no te importa...
Poncho -pensando-: Tú has hecho que los recuerdos de ella no duelan.
Poncho -se sienta en la cama-: Por supuesto... ¿Qué quieres que te cuente?
Any -se encoge de hombros-: No sé... Lo que quieras... Cuéntame cómo terminaron así.
Poncho sentía que tenía contarle todo a Anahí para que ella confiara más en él y se diese cuenta de que verdaderamente quería apoyarla y ayudarla con todo su corazón, así que comenzó a contarle cómo era su relación al principio de estar con ella. Le dijo que todo les iba bien, pero luego, cuando llevaban 4 años, les fue yendo peor, porque las cosas en la empresa de Poncho fueron empeorando y, entre eso y los nervios de tener que preparar todo lo de la boda, los nervios de que no encontraban una casa que a ambos les gustara y todo, se iban convirtiendo en discusiones, discusiones y más discusiones... Hasta que ella lo engañó tan sólo a dos semanas de su boda, a pesar de que él ya dudaba algo desde hacía más tiempo, pues cada vez que lo hacían, ella no era la misma en la cama...
Any: Vaya... Sufriste mucho con esa mujer... ¿Cómo te aguantaste un año entero así?
Poncho: Tenía una venda enorme en mis ojos. Amor. Dicen que el amor te ciega a veces demasiado. También tenía miedo de arrepentirme si la dejaba por esas discusiones, o si la dejaba sólo por mis dudas sin tener pruebas, ¿si me entiendes?
Any: Ojalá ese tipo de mujeres no existieran...
Poncho: Deben existir... Y otras mujeres como tú, también deben existir...
Any: ¿Cómo yo? ¿Por qué dices eso? No entiendo.
Poncho: Les haces falta.
Any: ¿A quién te refieres?
Poncho: A tus papás, a tus amigos...
Any: ¿Y... a quién más? -Notando que Poncho quería decirle algo más-.
Poncho: A mi sobrina...
Poncho -pensando-: Y a mi corazón.
Any: No entiendo.
Poncho: ¿Qué no entiendes?
Any: Esto. Esto que nos está pasando, Poncho. Es -se sienta en la cama-... No sé cómo explicarte, pero... Pero es algo extraño.
Poncho -pensando-: Si, es extraño... Pero estoy sintiendo cosas por ti demasiado fuertes.
Poncho: ¿Por qué? ¿Qué es lo que nos está pasando?
Any: No te hagas. Sabes muy bien de lo que te estoy hablando... Ahora mismo, por ejemplo.
Poncho: Ahora mismo... ¿qué?
Any: Poncho, es absurdo negarlo... Estamos haciendo un esfuerzo impresionante para no caer.
Poncho: Yo no me aguanto más.
Any: Poncho, yo estoy sintiendo que...
Poncho: Cállate, no digas más, no quiero escucharnos hablar más esta noche.
Poncho selló los labios de Anahí con un beso muy intenso. Ese beso que tanto tiempo llevaban esperando los dos y que tanto necesitaban.
No fue un beso tierno, no fue un beso lleno de intensidad nada más, también iba acompañado de la pasión, esa pasión de la que hacía tanto tiempo no eran testigos, pero esa noche, no sólo ellos serían testigos... La habitación estaba iluminada por la luz de la luna llena, su nueva testigo...
Poncho dejaba sin respiración a Anahí en cada beso que le daba esa noche. Anahí se quitó la parte de arriba del pijama, le quitó su camisa y ahí siguió esa pasión. Poncho le quitó el sostén, Any se detuvo a quitarse lo poco que le quedaba en su cuerpo, mientras Poncho tan sólo la miraba.
Luego pasó ella a quitarle el pantalón, luego sus calzones, y comenzó a besar a Poncho, bajando y bajando sus besos... Llegó a la masculinidad de Poncho, la cual tenía un tamaño impresionante y estaba a punto de estallar. Any besó la punta, lo agarró con una mano y comenzó a pasarle la lengua por el miembro tan erecto.
Poncho no podía gesticular una palabra, tan sólo le salían esos gemidos que a Anahí la volvían loca y le encantaban. Ella pasó a meterse el miembro de Poncho entero en la boca, succionando con fuerza, lamiendo cada parte de él. Pasaba por los testículos, le daba bocaditos a Poncho en la punta, hacía que sintiera el calor de su aliento... Pero Poncho la detuvo.
Poncho: Para, Anahí.
Aunque ella hacía caso omiso a las palabras de Poncho.
Poncho: Detente, por favor -decía como podía-.
Any: No haré lo que me digas... Así que no pidas que me esté quieta. Tú lo quisiste.
Any siguió con el miembro de Poncho, haciendo movimientos circulares con su lengua, mientras con su mano masajeaba de arriba hacia abajo, siguiendo también este movimiento con su cabeza.
Poncho estaba temblando, a punto de llegar, pero quería resistirse, no quería que esa noche Anahí sintiera su fluido en su boca, pero no aguantó más.
Anahí hizo que Poncho terminara en menos de lo que canta un gallo y dejara su orgasmo en esa habitación, se bebió todo y, una vez más, se aseguró de que Poncho estuviera bien limpio.
Una vez Anahí ya se acostó, abrazando a Poncho y él se había recuperado, pasó a no dejarla dormir.
Poncho: ¿Crees que esto termina aquí?
Poncho se puso encima de Anahí, besando con gran pasión su oreja, bajando por su cuello, sus pechos, saboreando y succionando los pezones de ella.
Bajó los besos por su vientre, acariciando con una de sus manos los lugares por donde había dejado la huella de sus besos. Bajó hasta su feminidad, donde comenzó a besar su ingle, para luego pasar a besar más allá.
Ahora era Anahí la que no podía gesticular palabra y, Poncho se encargaría de eso. Mordió con gran intensidad su feminidad, haciendo que Any se mordiera los labios para no gritar. Después de seguirle besando toda su apertura, metió dos dedos de su mano en su interior, haciendo movimientos circulares en el fondo, en su punto; mientras tanto, movía su lengua con todos los movimientos posible por alrededor.
Anahí no podía sentir otra cosa más que el placer que estaba sintiendo, no podía pensar en nada, sólo en que ese momento era perfecto, que los momentos que vivía con Poncho eran más que perfectos y cada vez mejor, y en este momento, sólo existían ellos dos.
Cuando Anahí comenzó a temblar, Poncho apuró los movimientos, tanto los de su mano como los de su lengua, haciendo que Anahí se sintiera en una nube, en la nube de ellos dos, y haciéndola llegar al clímax, a su orgasmo, el orgasmo que quedaría guardado para siempre en la mente de Poncho.
Esa noche, como era de esperar, durmieron juntos y abrazados.
Por la mañana, muy temprano, Any fue la primera en despertarse, ya que se encontraba un poco mal y fue al baño.
Any -despertando a Poncho-: Poncho... Poncho, despiértate, por favor.
Poncho -despertando-: ¿Qué te pasa? Déjame dormir un poquito más.
Any: Poncho, me encuentro muy mal, llévame a mi casa, por favor...
Poncho -se incorpora-: ¿Qué tienes?
Any: No sé... Siento el cuerpo extraño y acabo de vomitar.
Poncho, al oír la palabra "vomitar", se levantó rápidamente de la cama.
Poncho: ¿Te bajó...?
Any -asustada-: No.
Poncho: ¿Quieres que te lleve al hospital?
Any: ¿Al hospital?
Poncho: Sí. Que te traten de urgencia. Tengo un amigo cirujano al que le puedo decir que no te hagan esperar y él se encargará de que te vean en seguida.
Any: Está bien... Pero, ¿cómo lo pagaré?
Poncho: No te preocupes por eso. No te van a cobrar nada. Él y yo nos encargaremos de eso, ¿sí? Vístete, yo voy a despertar a Silvia.
Mientras Any se vestía, Poncho despertó a Silvia y bajó a preparar los desayunos. Cuando Any salió de vestirse, se asomó a la habitación de Silvia y la vio acostada en la cama, se acercó y volvió a despertarla.
Any: Silvia, despierta. Tienes que ir a la escuela.
Silvia: ¡¡Anahí!! ¿Me vas a llevar tú a la escuela?
Any: ¿Quieres que te lleve yo?
Silvia: ¡¡Sí, sí quiero!!
Any: Ok, entonces vístete, porque en pijama no te vas a ir, ¿no? -Sonríe-. Venga, yo te ayudo.
Silvia: El uniforme está en el cuarto de mi abuela, voy a por él.
Silvia fue a por el uniforme y cuando regresó, no dejaba de hacerle preguntas a Anahí.
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Pasión y Amor van Unidos
RomanceNunca es fácil terminar con una pareja, mucho menos después de llevar muchos años juntos y saber que esa persona es tan peligrosa, que es capaz de hacer cualquier cosa. ¿Podrá Anahí dejar a su novio para vivir su vida al lado de Poncho, el hombre q...
